El empeño en llevar a un policía antiterrorista a una rueda de prensa le condujo a su asesinato por ETA
Una de las reglas fundamentales para los agentes antiterroristas operativos es que su imagen nunca se difunda. Si trabajaba en San Sebastián, con más razón. El inspector jefe de la UTA (Unidad Territorial Antiterrorista) de Guipúzcoa, Enrique Nieto, había avisado al gobernador civil, Juan María Jáuregui (que luego sería asesinado por ETA), pero insistió en que compareciera con él en las ruedas de prensa. Nieto pidió a los medios que no difundieran su imagen, pero no le hicieron caso. Unas semanas después, un pistolero le disparó en la cabeza cuando salía de su casa, en el barrio de Amara de la capital donostiarra. Murió meses después tras una larga agonía.
Enrique Nieto fue un gran profesional y con una tremenda humanidad, como pude comprobar personalmente durante un operativo policial. Su asesinato conmovió a todos los que lo conocimos.
Su asesinato se produjo un mes después del secuestro del empresario José María Aldaya, acción terrorista que el asesinado también investigaba. A pesar de la gravedad de la lesión, Enrique
Nieto fue trasladado al hospital en coma y siendo operado durante tres horas. Sin embargo, moriría el 19 de octubre de ese mismo año tras permanecer en coma durante cuatro meses.
El ataque se produjo a las 9.00 horas del 19 de abril de 1995 en la calle Sancho el Sabio de San Sebastián. El policía había salido de su domicilio y caminaba hacia la comisaría, situada a sólo quinientos metros, cuando un terrorista se acercó por detrás y le disparó en la cabeza a quemarropa, dejándolo mortalmente herido. El asesino volvió sobre sus pasos cuando se dio cuenta de que un testigo lo estaba mirando fijamente. «Tú, ¿qué estás mirando?» Se enfrentó al testigo mientras le apuntaba con un arma.
Un día después de su muerte, el Parlamento Vasco aprobó una declaración institucional de condena del atentado terrorista, declaración que fue firmada por todos los partidos representados en la Cámara a excepción de Herri Batasuna (HB), cuyos miembros decidieron ausentarse. Fueron miembros de ese mismo entorno de la organización terrorista quienes, días después, colocaron diversos carteles en varias calles del casco antiguo de San Sebastián amenazando a los testigos del atentado contra Enrique Nieto.
Las intimidaciones incluían fotografías de dos jóvenes que habían declarado haber visto al asesino, junto con la siguiente amenaza: «Txibatoak etorriko zaizue bueltan» («Soplones, ya os tocará»). Las pericias practicadas por el Laboratorio de Balística del Cuerpo Nacional de Policía a los casquillos recogidos en el lugar donde se cometió el atentado contra Enrique Nieto confirmaron que el arma con la que se perpetró era la misma utilizada anteriormente en otros crímenes de ETA. YEl presidente del Partido Popular (PP) de Guipúzcoa,
Fueron asesinados Gregorio Ordóñez y el sargento de la Policía Municipal Alfonso Morcillo
con la misma arma. Años más tarde, el terrorista Valentín Lasarte fue condenado por la Audiencia Nacional a 30 años de prisión por el asesinato de Nieto, así como a indemnizar a los herederos del fallecido con 50 millones de pesetas.
Enrique Nieto, de cuarenta y seis años, natural de Infiesto (Asturias), estaba casado y era padre de dos hijas, de dieciocho y veinte años. Había ingresado en el Cuerpo Nacional de Policía en 1972 y estuvo destinado en Madrid y Oviedo antes de llegar, en 1985, al País Vasco, donde fue jefe de la comisaría de Pasajes. Su brillante trayectoria profesional le había valido la Medalla al Mérito Policial con distintivo rojo y unas cuarenta felicitaciones públicas. Desde 1990 fue jefe de la Brigada Judicial de San Sebastián y de la Unidad Territorial Antiterrorista, uno de los grupos creados unos meses antes a raíz de la reestructuración de los servicios policiales emprendida por Juan Alberto Belloch, que entonces ostentaba el Ministerio de Justicia e Interior. Unas semanas antes del atentado, durante una reunión con varios agentes policiales, Nieto había trasladado a Belloch la falta de funcionarios que tenían en una zona como Guipúzcoa, caracterizada por una intensa actividad terrorista.
Durante sus últimas apariciones públicas, Enrique Nieto se había asegurado de que no se le tomaran fotografías. Poco antes de que ETA lo asesinara, Nieto había comparecido en varias ruedas de prensa con el gobernador civil. Con motivo de esas apariciones públicas, Nieto había pedido a los medios de comunicación que no difundieran su imagen ni en fotografías ni en televisión, señalando su deseo de «seguir trabajando en la calle» y, en consecuencia, su interés de no ser reconocido.
A pesar de estas peticiones, su imagen finalmente fue difundida. Un mes antes del atentado, Nieto había participado en la detención de varios individuos acusados de formar parte de grupos de apoyo a la organización terrorista, así como en el registro de un local contiguo a una sede de HB en la capital donostiarra donde se encontró material para fabricar explosivos (Con información de Vidas Rotas)
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