Bárcenas afirma que entregó 4.000 euros a un preso para borrar unos «audios relacionados» con Mariano Rajoy
El extesorero del PP Luis Bárcenas llegó este lunes a la Audiencia Nacional en el marco del procedimiento que persigue la «Operación Kitchen» con una estrategia clara: contar los detalles de su estancia en Soto del Real y atacar a su ex chófer y «tipo de todo», Sergio Ríos -acusado en este caso de haber sido confidente de la trama-.
Pero también para detallar el misterio, que aún prevalece, sobre los supuestos audios que vinculaban al expresidente del Gobierno Mariano Rajoy con la supuesta trama parapolicial, supuestamente orquestada por la dirección de Interior, que intentó espiar y robar al extesorero datos «sensibles» que podrían perjudicar al PP en plena investigación del «caso Gürtel».
Según el testimonio del inspector clave en el caso, que tuvo lugar la semana pasada, Bárcenas habría dado orden desde prisión a un preso para que borrara unos audios que, supuestamente, eran entre el líder del PP, Javier Arenas, y Rajoy.
Son hechos que, según explicó, se conocieron después de que funcionarios penitenciarios confiscaran al interno un papel que decía «todos los audios de MR deben ser destruidos cuando dé la orden», y que también aparecían en las agendas de Villarejo «con todo lujo de detalles».
Son declaraciones que este lunes han sido ratificadas por el extesorero, cuando Ha asegurado que entregó 4.000 euros a ese preso, que se había presentado como experto en información informática de una red de narcotráfico, para que destruyera esos audios almacenados en la nube digital. «Le entregué por escrito en una nota las claves de acceso a la documentación», afirmó.
También ha detallado que esta petición la hizo a través de su ex chófer y que el preso debió hacer «algo» porque cuando salió de prisión ya no tenía «nada» en la nube. Sin embargo, ese preso no pudo llevar a cabo el encargo porque fue detenido nada más salir de prisión con permiso penitenciario.
Sobre Mariano Rajoy, el extesorero también ha informado que Aguardaba entonces en «un pendrive» una grabación «muy breve» con el expresidente del Gobierno. Se trata de un audio que, según su testimonio, trataba de la entrega de efectivo del extesorero a Rajoy procedente de un «saldo» sobrante de las cuentas populares.
Bárcenas también ha dicho que el pendrive en cuestión estaba en el estudio de arte de su esposa, Rosalía Iglesias, situado en la calle General Díaz Porlier (Madrid), pero que cuando salió de prisión y se dirigió al inmueble, el «pendrive ya no estaba». «Podría haberlo denunciado pero, en fin… no tenía intención de denunciar que había un pendrive con grabaciones que alguien me había robado», afirmó.
Según el ex tesorero, su ex chófer tenía acceso a esa propiedad, así como a todos sus teléfonos móviles porque cuando iba a reunirse dejaba el teléfono en el auto, «además de un pequeño sobre que me preparó, que era el equivalente a una caja de Faraday, lo que nos impide identificar dónde está el teléfono en ese momento, ¿no? Y el teléfono siempre se quedó en el auto». E incluso ha asegurado que fue Ríos quien facilitó los números de teléfono a su propio abogado.
El conductor fue contratado por la familia Bárcenas desde finales de febrero de 2013 hasta 2014. Según el extesorero del PP, Ríos realizaba desde «tareas administrativas hasta llevar un cheque». Para él era una «persona de absoluta confianza» y «vino bien recomendado» por un jefe de seguridad del PP.
Durante su comparecencia, Bárcenas también ha reconocido varias de las conversaciones que mantuvo con los empresarios Julio Ariza y Adrián de la Joya, además de con varios periodistas, que le ha mostrado la Fiscalía. «Todos esos son mis mensajes. Son contactos en mi calendario».
Y, por si fuera poco, ha confirmado cómo Ignacio Peláez, abogado y exfiscal de la Audiencia Nacional, le hizo ofertas en prisión: le habló de información supuestamente manipulada en Gürtel y que unos policías podrían demostrarlo, a cambio de dinero. Según su testimonio, Peláez escribió en una hoja de papel los nombres de esos agentes, entre los que se encontraba el del comisario jubilado, José Manuel Villarejo -con quien almorzó una vez pero sin tener «certeza» de que fuera él-.
El extesorero también ha contado cómo tuvo conocimiento del presunto espionaje. Según su testimonio, fue su esposa quien, durante una de las visitas a prisión, le aseguró que tenía la «impresión de que hubo seguimiento», pero que nunca se pensó que fueran de carácter policial. «Ella siempre pensó que eran periodistas». Aun así, expresó su asombro porque, dijo, «no podía creer que gente seria pudiera organizar una operación para espiarnos sin apoyo judicial».
Su esposa también comparecerá este lunes ante el tribunal juzgando la «Operación Cocina». Ambos comparecen como acusadores particulares en este procedimiento, donde solicitan 41 años de prisión para dos de los imputados -el exministro del Interior Jorge Fernández Díaz y el exsecretario de Estado y su exnúmero dos Francisco Martínez- y 33 años de prisión para el que era su conductor.
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