Mitos y verdades de los neuromodulares: «El paciente quiere entender qué se le hace, por qué se le hace y qué resultado puede esperar»
Los neuromoduladores son probablemente uno de los tratamientos en medicina estética más conocidos y, al mismo tiempo, uno de los más rodeados de prejuicios. Su popularidad ha crecido exponencialmente en los últimos años.pero también las dudas, miedos e ideas preconcebidas que los acompañan.
Al mismo tiempo, la evolución de la medicina estética ha cambiado por completo la forma de abordar estos tratamientos. Hoy en día, lejos de buscar resultados obvios o artificiales, el objetivo es mejorar la calidad de la piel y su expresión sin alterar la identidad del rostro. En este contexto, los neuromoduladores siguen ocupando un lugar central, precisamente por su capacidad de ofrecer resultados naturales y rejuvenecer el rostro, sin perder nuestra identidad.
¿Qué hacen realmente los neuromoduladores?
“El tratamiento con neuromoduladores ha supuesto la gran revolución de la medicina estética de los últimos años”, explica la Dra. Lidia Maroñas, dermatóloga y fundadora de Clínica Oneskinmed. Sin embargo, insiste en que su función dista mucho de la idea general que existe sobre ellos porque «los neuromoduladores bien indicados, bien dosificados y bien ejecutados No buscan transformar un rostro, sino armonizarlo“, subraya.Su acción se centra en suavizar las contracciones musculares excesivas que, con el tiempo, acaban marcando la piel, sin borrar la expresión ni la personalidad.
Es por ello que, décadas después de su introducción, el profesional destaca que siguen siendo uno de los tratamientos más solicitados. El motivo es que “funcionan, avisan, y cuando están bien hechos pasan poco desapercibidos… pero se agradecen mucho”. La clave de su éxito se basa en tres pilares”,eficacia, naturalidad y prevenciónEsto se basa en que «son tratamientos con resultados muy agradecidos, técnicamente refinados y de alto impacto estético sin necesidad de modificar los rasgos». Para el Dr. Maroñas es fundamental destacar que «no prometen una versión artificial del rostro, sino una versión de uno mismo más descansado, más armonioso y fresco».
Diferencias entre neuromoduladores y otros inyectables
Comparados con otros tratamientos infiltrados, los neuromoduladores tienen una diferencia fundamental: no aportan volumen. “No añaden peso ni producto, sino que modulan”, explica el doctor. Esto le da al resultado una cualidad diferente: la cara no cambia de forma, pero sí la sensación que transmite. “Te ves más descansado, menos duro, más fresco y más brillante.» resumen.
Para muchos pacientes suponen también su primer contacto con la medicina estética. “El trato es rápido, predecible y muy agradecido”, lo que ayuda a generar una experiencia positiva desde el primer momento ya que “Me veo mejor, pero sigo siendo yo.“Me ven mejor, pero no saben lo que me hice”, subraya el doctor Maroñas.
Mitos sobre los neuromoduladores
En torno a los neuromoduladores, y a la medicina estética en general, persisten desde hace años muchos mitos. La doctora Lidia Maroñas explica algunos de ellos: “te dejan la cara helada, son adictivos, “Cuando empiezas no puedes parar o solo funcionan para gente mayor”. A esto se suma una de las preguntas más habituales durante la consulta que es “¿voy a seguir siendo yo?” Así, cuando se conozca bien su mecanismo de acción, el dermatólogo cree que “la percepción del tratamiento cambiará completamente y gran parte del rechazo inicial desaparecerá”.
Otro problema que ha ayudado a desmontar estos mitos es que hemos pasado “de un enfoque más general a una medicina estética mucho más precisa, anatómica y personalizada”, explica la dermatóloga. Considera que antes el objetivo era “hacer desaparecer las arrugas”, y que hoy se busca”Preservar la expresión, equilibrar las fuerzas musculares.respetar la identidad del rostro y mejorar en general la calidad de la piel. El experto cree que «la filosofía del tratamiento ha cambiado» porque «ya no pensamos sólo en corregir, sino en prevenir y apoyar el envejecimiento de una forma más inteligente y natural». Además, Maroñas cree que «ha aumentado la sofisticación del paciente». De hecho, “quiere entender qué le están haciendo, por qué le están haciendo y qué resultado puede esperar”.
¿Es la dependencia de los neuromoduladores una realidad?
Otra de las creencias más comunes en torno a los neuromoduladores es que son adictivos o que una vez que se empiezan es difícil parar. La respuesta es clara: “no, no provocan dependencia biológica”. De hecho, Su efecto es temporal y disminuye a lo largo de los meses. Lo que está pasando, como explica la doctora Lidia Maroñas, es mucho más sencillo. “El paciente se acostumbra a verse mejor y decide mantener este resultado”.
Para la dermatóloga es fundamental destacar que “cuando una persona se acostumbra a verse con la frente más descansada o la piel más tersa, le gusta esta versión de sí misma”, subraya. Pero esto no implica adicción, sino preferencia estética. Además, desmiente otro mito común: “Tampoco es cierto que “cuanto antes empieces, peor es irte”.‘”. Si se interrumpe el tratamiento, “el músculo recupera gradualmente su actividad y el envejecimiento sigue su curso natural”. Concluye que no hay efecto rebote ni empeoramiento de la piel: “simplemente dejamos de beneficiarnos de este control muscular”.
Exposición en medios y redes sociales.
El retoque cosmético solía ser algo silencioso, ahora muchas personas optan por hablar abiertamente de ello, lo que los expone aún más. Se habla de ello en las redes sociales, pero el doctor Maroñas destaca que “hay mucha información, pero poco conocimiento”. Algunos de los mensajes erróneos que circulan son “Empieza lo antes posible, nunca lo hagas o todas las caras terminarán igual.«, y, para el dermatólogo, esto no «refleja la realidad clínica del paciente». Otro error es pensar que debemos concentrarnos en un solo producto ya que «la realidad depende del diagnóstico, la indicación, la técnica y los conocimientos anatómicos».
En cuanto a la exposición mediática, Maroñas cree que es un arma de doble filo. Por un lado, cree que «normalizó el tratamiento y hizo que muchas personas perdieran el miedo a hacer preguntas» y, por otro, «fomentó expectativas poco realistas y una visión muy banal de un procedimiento médico». Eso sí, señala que algo positivo es que “Hoy hablamos más del tema y ya no es un tabú«, pero advierte que los médicos tienen la responsabilidad de «demostrar rigor, naturalidad y sentido común en medio de tanto ruido».
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