Arquitectura inesperada en la España rural: bodegas, hoteles y centros culturales que merecen una visita | Lonely | El Viajero
La arquitectura de vanguardia no es solo patrimonio de las ciudades. Al recorrer la España rural, surgen edificios que no se esperan: no son iglesias románicas ni conventos barrocos, ni castillos en ruinas dominando el horizonte. A veces, es una cúpula blanca en medio de una ría industrial; otras, es una bodega escondida bajo tierra como queriendo desaparecer, un museo contemporáneo en medio de una dehesa extremeña o un hotel que dialoga con los olivos y la piedra seca.
Lejos de sus capitales, España guarda una colección de arquitecturas inesperadas. Lo que une a estos lugares no es un estilo, ni una época, ni siquiera una función común: es su capacidad de sorprender con su innovación y su papel transformador del territorio. Así, las bodegas de La Guardia reinterpretan la tradición; el museo de Malpartida de Cáceres convierte un edificio en desuso en un referente cultural; Avilés resignifica su pasado industrial; la comarca turolense de Matarraña ensaya nuevas formas de habitar el paisaje; los gigantescos silos agrícolas manchegos buscan nuevos usos; los centros de interpretación de la naturaleza sirven de laboratorio para construcciones sostenibles de vanguardia… En una España rural en la que no hay presión, los arquitectos pueden experimentar y reinterpretar tradiciones.
Hacemos un viaje por edificios inesperados, convertidos en destinos por sí mismos, algunos en rutas poco transitadas, en una España silenciosa.
Bodegas Ysios, en Laguardia (Rioja Alavesa), arquitectura que se esconde bajo tierra

Las nuevas bodegas han servido a muchos arquitectos para crear obras espectaculares en parajes en los que no se esperan edificios tan contemporáneos. Entre las más llamativas, sin duda las de Laguardia (Álava), donde la arquitectura no compite con el paisaje, sino que se oculta en él. Bajo las laderas cubiertas de viñedos de la Rioja Alavesa se extiende una red de bodegas excavadas en la roca, algunas con siglos de historia.
Pero la sorpresa no está solo bajo tierra. En la superficie, la vanguardia encuentra su hueco en las bodegas de diseño contemporáneo de Ysios, firmadas por Santiago Calatrava, que ondulan como si fueran una extensión de la Sierra de Cantabria. Calatrava imaginó para esta institución de la enología la forma de una sinuosa hilera de barricas. Aquí, tradición y vanguardia no se enfrentan: se superponen; el vino ha servido de excusa para arquitecturas audaces sin romper el equilibrio del paisaje. El elemento fundamental del edificio es la cubierta, en aluminio natural, que contrasta con la calidez de la madera del resto del edificio y le da un gran dinamismo a las formas. Hoy estas bodegas son un icono, una silueta que da fuerza y personalidad al paisaje de la Rioja Alavesa.
Ciudad del Vino Marqués de Riscal (Elciego – Álava), un Guggenheim entre viñedos
Entre las muchas bodegas riojanas que compiten con sus edificios, resultan igual de sorprendentes las que Frank Gehry diseñó en pleno corazón de la Rioja Alavesa. La silueta de la Bodega y Hotel Marqués de Riscal irrumpe como una escultura en movimiento. Sus láminas de titanio —rosadas, doradas, plateadas—, que cambian de color según la luz solar, parecen flotar sobre el edificio principal, reflejando la luz y el paisaje cambiante de los viñedos. Con ellas, una zona agrícola se ha convertido en destino cultural y turístico. Este singular edificio contrasta elegantemente con la sede antigua de las bodegas, diseñada en 1858 por el arquitecto Ricardo Bellsola.

Aquí la tradición vinícola se abre a una experiencia contemporánea donde se unen arquitectura y enoturismo. No es solo una bodega, sino también un hotel de lujo y un spa con tratamientos de vinoterapia, además de una tienda y una estilosa cafetería. Pero también es una declaración de intenciones. Como ocurrió con el Guggenheim de Bilbao, el edificio se convierte en destino en sí mismo, aunque esté rodeado de cepas y silencio.
El Centro Niemeyer de Avilés, cuando el futuro aterriza en una ría industrial
En Avilés no estamos en un entorno plenamente rural, sino en una pequeña ciudad industrial de provincias, que hace mucho que dejó de estar entre las primeras ciudades industriales españolas. Sus vestigios industriales, chimeneas y memoria siderúrgica conviven desde hace unos años con un conjunto blanco, curvo, casi ingrávido: el Centro Niemeyer.

Diseñado por el brasileño Oscar Niemeyer, este complejo cultural es su única obra en España. Su presencia, junto a la ría, no busca integrarse sino dialogar desde el contraste: curvas blancas frente a acero oxidado, espacio abierto frente a pasado industrial. Este complejo incluye un auditorio, museo, torre-mirador y otros espacios.
El llamado “efecto Niemeyer” no es solo estético. La ciudad, que durante décadas vivió de espaldas a su ría, encontró en este proyecto un nuevo relato urbano, una excusa para reinventarse y atraer visitantes.
Museo Vostell, en Malpartida de Cáceres, arte contemporáneo entre piedras y cigüeñas
A Malpartida de Cáceres, en plena dehesa extremeña, no muy lejos de Cáceres capital, se llega sobre todo para contemplar aves, en particular cigüeñas que anidan en las espectaculares chimeneas (está nombrado “Pueblo europeo de la Cigüeña”). Sus humedales y lagunas sirvieron de plató para la escena de la batalla del dragón de la exitosa serie Juego de tronos, pero además Malpartida sorprende por una estructura especialmente original: en medio de un paisaje casi lunar, donde las rocas graníticas se acumulan como esculturas naturales y las cigüeñas anidan sin prisa, aparece el Museo Vostell Malpartida.

Ocupa un antiguo lavadero de lanas del siglo XVIII, reconvertido en espacio de arte contemporáneo. No hay aquí grandes gestos arquitectónicos, sino una intervención que respeta lo existente y lo transforma desde dentro. Fundado en octubre de 1976 por Wolf Vostell, artista alemán que se enamoró perdidamente de esta comarca, es un museo pionero que supone un viaje al movimiento Fluxus (un arte anárquico que se desarrolla a través de varias disciplinas: música, artes escénicas, literatura, videoarte…), con diferentes espacios expositivos, obras de Yoko Ono o de Dalí, entre otros artistas, una copia de su acuerdo de colaboración con Dalí y un homenaje en forma de Centro de Interpretación de las Vías Pecuarias y de la Historia de Lavadero de Lanas.
El artista Wolf Vostell entendió que el entorno era tan importante como la obra. Y así, el museo no termina en sus paredes: se extiende por el paraje natural de Los Barruecos, donde arte y paisaje se confunden. Especialmente llamativo es el sendero de esculturas que conducen hasta la entrada.
Hotel Consolación, en Matarraña (Teruel), alojamientos que dialogan con el silencio
La comarca del Matarraña es, en sí misma, una lección de paisaje. Olivos, piedra seca, pueblos que parecen detenidos en el tiempo. Es uno de los parajes más bellos de España, en la frontera entre Teruel y Tarragona, y también en una de las zonas más olvidadas. Y, sin embargo, aquí han surgido algunos de los proyectos hoteleros más interesantes de la arquitectura contemporánea española. Son pequeños alojamientos que rehúyen el cliché rural y apuestan por el diseño: volúmenes de vidrio entre encinas, rehabilitaciones que respetan la piedra original, espacios donde el lujo se mide en silencio. No buscan destacar, sino integrarse. No quieren ser vistos desde lejos, sino descubiertos poco a poco. Es una arquitectura que entiende el territorio como materia prima y no como decorado.
Uno de estos hoteles diferentes es el Consolación, con una arquitectura poco convencional que ofrece unas vistas espectaculares desde el ventanal de cada una de sus habitaciones en forma de cubos. Desde cualquiera de los 10 cubos minimalistas de madera integrados entre pinos y encinas uno se siente parte del agreste entorno y se siente como parte de un cuadro. El restaurante está instalado en un cobertizo anexo.
Y en los próximos años veremos nuevos proyectos como el Solo Houses, uno de los casos más radicales de España de arquitectura experimental en plena naturaleza, integrando arte contemporáneo y paisaje para activar el territorio rural. Es una iniciativa en la que participan 12 estudios de arquitectura internacionales, que han sido invitados a crear casas de vacaciones en un contexto en el que conversan la naturaleza y la arquitectura. El proyecto aún no ha alcanzado su forma definitiva, pero en el municipio de Cretas está ya previsto un hotel a base de cilindros a lo largo de una plataforma de hormigón.
Aire, en las Bardenas Reales (Navarra), burbujas espaciales en el desierto
En la misma línea de los del Matarraña, en las Bardenas Reales aragonesas se encuentra el hotel Aire, una opción para los más románticos: descanso e intimidad bajo las estrellas gracias a sus instalaciones en forma de cubo con grandes ventanales a las que llaman “burbujas”. Original, romántico, diferente, ecológico… y multipremiado. Es un alojamiento realmente insólito en medio del curioso paisaje de las Bardenas Reales: el desierto más grande de Europa, una región semidesértica en el límite de Navarra con Aragón, cuya singularidad climática, las pintorescas formaciones geológicas y sus características flora y fauna le han valido el título de Reserva de la Biosfera de la Unesco.
En medio de esta naturaleza casi lunar, bajo un cielo estrellado en ausencia de contaminación lumínica, la arquitectura y el diseño se dan la mano para crear este hotel diferente en forma de “burbujas”. Es perfecto para los observadores de estrellas, que pueden escoger entre ocho tipos de habitaciones o cubos, dispersos por el paisaje. Unas combinan patio privado y bañera de agua caliente-fría; otras son cubos con vistas al imponente paisaje semidesértico de Bardenas; y también burbujas para descubrir uno de los cielos con menos contaminación lumínica de Europa.
Parador Costa da Morte (A Coruña), descanso suspendido sobre el Atlántico
Aunque los paradores se identifican normalmente con monumentales edificios antiguos reconvertidos para uso hotelero, también los hay de nueva construcción, y entre ellos algunos que destacan por su integración con el paisaje. Es el caso del Parador Costa da Morte, en Muxía. Excavado en una colina y mimetizado con el verdor gallego, se alza impresionante, como un magnífico balcón al fin del mundo, asomado a la playa de Lourido y cerca del cabo Fisterra. El gran edificio consigue posarse con discreción, siguiendo la topografía. Dominan los volúmenes horizontales, los materiales sobrios —piedra, madera, vidrio—. No trata de ser un edificio monumental, sino respetar el paisaje.

El edificio se fragmenta en piezas que se abren al océano, como si cada habitación necesitara su propio horizonte. Es un ejemplo claro de cómo la arquitectura contemporánea puede ser silenciosa y a la vez imponente. En el interior, es como una prolongación del paisaje. La decoración de cada estancia se inspira en las formas orgánicas de la naturaleza de la Costa da Morte para transmitir calma y bienestar y con unas espectaculares vistas al mar.
Sommos, en Barbastro (Huesca), una montaña de vino

Rodeado de románico en medio del Somontano pirenaico, sorprende especialmente encontrar las formas cúbicas de la bodega Sommos, a seis kilómetros al sur del pueblo de Barbastro. Es un deslumbrante edificio recubierto de planchas de acero, como una nave espacial aterrizada en los viñedos, obra del arquitecto Jesús Marino Pascual. Sommos es un juego geométrico, unos cubos que se entremezclan dando origen a un prisma que trata de fusionarse con la cordillera pirenaica. Aquí todo es original: un nombre palíndromo, un juego de dimensiones simétricas (27 metros de altura y 27 metros de profundidad hacia abajo), vendimias a la luz de la luna y los últimos avances tecnológicos. Su simetría arquitectónica se inspira en el macizo de Cotiella, al que rinde homenaje a través de sus cubos laterales y un pico central que corona la construcción.
Viura (Villabuena de Álava), un hotel cúbico entre viñedos
Por seguir con las bodegas, que tantas oportunidades han dado a la arquitectura contemporánea en entornos rurales, nos vamos a Villabuena de Álava, con un hotel realmente vanguardista, rodeado por las bodegas centenarias. En pocos años se ha convertido en uno de los mejores destinos para amantes del vino y de la arquitectura, una oportunidad para el enoturismo, al estar rodeado por 43 bodegas.
El hotel irrumpe en el paisaje en forma de cubos caprichosos, desordenados, superpuestos, sobre la roca de la ladera junto a la iglesia del pueblo, del siglo XVII. A lo lejos, parece más una escultura que un edificio, pero se integra plenamente en el paisaje del pueblo. En las habitaciones se mezcla el brutalismo del hormigón con nuevos materiales naturales. Son habitaciones con amplios ventanales que se asoman a esta tierra de viñedos. Su construcción cubista permite que la mayoría de las 33 habitaciones ofrezcan una vista panorámica del pueblo y de la Sierra de Cantabria.
MUCAB de Blanca (Murcia – Valle de Ricote), arquitectura entre huertas y tradición
El Valle de Ricote, uno de los paisajes culturales más singulares del sudeste español, ha comenzado a incorporar alojamientos y equipamientos con lenguaje contemporáneo. Aquí, la clave está en reinterpretar materiales tradicionales —como el adobe o la cal— desde una mirada actual.
Un ejemplo es la Fundación Pedro Cano, en Blanca, un municipio de la huerta de Murcia, el corazón del Valle de Ricote, en la Vega del Segura. Está pensado para exponer y divulgar la obra de Pedro Cano, un autor local, pero también como espacio para el arte contemporáneo en un entorno que uno no espera. La fundación forma parte de un edificio conocido como MUCAB (Museo y Centro de Arte de Blanca), diseñado por el arquitecto Martín Lejarraga, y ubicado junto al río Segura a su paso por Blanca. Esta construcción es valorada como uno de los edificios más espectaculares de la arquitectura moderna de la Región de Murcia. En el módulo central se sitúa la fundación, y en las demás zonas están la Escuela de Música, el Centro de Juventud, la guardería, y una zona de despachos, salas de reuniones y de conferencias.
Centro de Interpretación Dehesa de Corduente y Casa de la Madera de Revenga, arquitectura de vanguardia para la interpretación ambiental
Muchos centros de interpretación de naturaleza o de cultura en España ponen la nota contemporánea en entornos rurales. Es el caso de Corduente, una pequeña población cercana a Molina de Aragón (Guadalajara), donde se encuentra el centro de visitantes del Parque Natural del Alto Tajo. Sorprende un edificio tan moderno y tan bien enraizado en el entorno natural, sin referencias urbanas, en el que la vegetación y el agua se convierten en parte del complejo. Está en la carretera entre Zaorejas y Corduente, a unos 10 kilómetros de Molina, y su función es divulgar los valores del parque en sus diversos aspectos (geología, fauna, flora y vegetación, paisaje, usos tradicionales, patrimonio etnográfico y cultural, etcétera). En este edificio vanguardista, de casi 1.000 metros cuadrados, se han utilizado madera laminada, vidrio, piedra caliza de la zona y se ha buscado la integración total con el entorno arbolado. Son dos plantas, la de abajo abierta en su mayor parte, con jardineras y pequeños estanques por los que corre el agua.

Otro original ejemplo de arquitectura de vanguardia en entorno natural es la llamada Casa de la Madera, en la comarca soriana de Pinares. Está en el paraje Comunero de Revenga, que pertenece a varios ayuntamientos. Se trata de una exposición permanente sobre el mundo de la madera, pero lo más llamativo es el diseño del centro, un edificio integrado y respetuoso con el medio, centrado en los dos materiales claves de la economía de la zona: el pino y la piedra arenisca. Lo más llamativo: la impresionante superficie volada de ocho metros de largo, sobre la entrada principal, y una pasarela de madera de 40 metros para pasear por las copas de los árboles, que remata en un mirador justo encima de una torre acristalada.
Centro de Arte y Naturaleza (CDAN), Huesca, el diálogo entre arte y naturaleza
Rafael Moneo fue el encargado de diseñar el CDAN, un centro de creación e investigación a las afueras de Huesca, en medio del campo. Su principal objetivo era el estudio de las relaciones entre el arte y la naturaleza y albergar exposiciones temporales en torno a la temática de arte, naturaleza y paisaje, y en particular la colección Beulas-Sarrate, donada a la ciudad. Tras muchas vicisitudes, el proyecto está en un momento de redefinición, pero ahí sigue, con su original presencia de edificio contemporáneo, un espacio único, ondulado y fluido, que intenta fusionar arte y naturaleza y animar a la reflexión sobre la unión entre la creación y el paisaje.

El edificio está parcialmente enterrado en el paisaje y utiliza geometrías limpias y materiales sobrios, acordes con el terreno agrícola donde se instala. Son formas onduladas en su principal edificio, que se acompaña de una serie de construcciones complementarias, autónomas. Podríamos pensar que inspiradas en ciertos accidentes geográficos oscenses, como los mallos de Riglos o el salto de Roldán. El conjunto trata de mimetizarse con el entorno, con textura, color y simplicidad para que la naturaleza lo asimile rápidamente.
Museo del Jurásico de Asturias (MUJA), en Colunga, la casa de los dinosaurios

Entre los museos públicos instalados en el entorno rural, el MUJA (Museo del Jurásico de Asturias), en la localidad de Colunga, ha supuesto un antes y un después. El edificio tiene la estructura de una huella de dinosaurio tridáctila. Cada dedo se corresponde con cada uno de los tres periodos de la Era Mesozoica que se narran. Y todo organizado con un entramado de arcos que, vistos desde el interior, simulan las costillas de los dinosaurios. El original diseño forma parte de la experiencia del visitante.
El MUJA, rodeado por un jardín con decenas de reproducciones de dinosaurios a tamaño natural, está a unos dos kilómetros de Lastres, en una zona costera con bellas vistas del Cantábrico.
Casa de la Juventud de Archidona, silos reconvertidos por el arte urbano
Los silos son edificios elevados de hormigón destinados a conservar el cereal. Surgieron después de la Guerra Civil, quedaron obsoletos en los años noventa y hoy son un símbolo paisajístico en muchos entornos rurales, a modo de catedrales del campo. Los hay abandonados, en uso y también los que han buscado nuevos usos o transformaciones radicales, por medio de la pintura y convertidos en espacios versátiles.
Un buen ejemplo de reconversión es el silo de Archidona, en la salida de la ciudad hacia Granada. Son 28 metros de altura, de hormigón armado, con un aspecto que no podía ser más sobrio ni más impactante. Archidona lo ha reconvertido en Casa de Juventud. Desde 1996 estaba en desuso pero recientemente ha sido objeto de la iniciativa Play in colors, puesta en marcha por el artista Víctor García.
Otro ejemplo es el silo de Calzada de Calatrava, cubierto de color con un mural poliédrico y colorido del artista Okuda San Miguel: surrealismo pop en una obra de arte urbano de gran escala, que integra personajes de las películas de Pedro Almodóvar (nacido allí) junto con figuras icónicas como Don Quijote o los Templarios. Esta intervención forma parte del proyecto Titanes, una iniciativa para dar nueva vida a antiguos silos de la provincia de Ciudad Real mediante el arte mural, con el objetivo de fomentar la inclusión social y el turismo.
En Castilla-La Mancha hay otros proyectos que han transformado los silos agrarios en obras de arte con grandes murales: La Solana, Manzanares, Malagón o Herencia son algunos ejemplos. Y en Pozoblanco, Córdoba, el viejo silo es desde hace años un teatro y centro cultural de referencia en la comarca.
La fábrica en Sant Just Desvern de Bofill, una reconversión industrial
Además de los silos agrarios, la geografía española está llena de silos industriales. El proyecto más ambicioso y logrado de reconversión es el que Ricardo Bofill hizo en Sant Just Desvern. En 1973, el arquitecto ya había hecho proyectos tan importantes como la muralla roja en Calpe (Alicante) o el Walden-7 en Sant Just Desvern (Barcelona), así que cuando se topó con el complejo industrial de principios del siglo XX de Sant Just no pudo resistir la tentación de transformar una fábrica de cemento horrible y abandonada en una deslumbrante obra maestra arquitectónica.

Había por delante más de 30 enormes silos, más de 4.000 metros de túneles subterráneos, salas de máquinas, etcétera. En solo dos años, demolió casi el 60% de la fábrica y consiguió adaptar los silos y los espacios que quedaron en pie a diferentes funciones, como la de estudio de arquitectura, archivo, sala de conferencias o residencia privada. Hoy es una de las grandes referencias de la arquitectura brutalista española.
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