laSexta

historias de novela que sus protagonistas no podrían disfrutar porque (todavía) no saben leer

historias de novela que sus protagonistas no podrían disfrutar porque (todavía) no saben leer
Avatar
  • Publishedabril 23, 2026



En España hay 108.650 personas mayores de 15 años que no saben leer. De ellos, 60.074 son mujeres mayores de 64 años: casi 4,5 veces más que los hombres de ese grupo de edad que se encuentran en su misma situación. Cuando preguntamos, las razones parecen similares. Algunos tuvieron que dejar la escuela para empezar a trabajar en el campo; Otros se quedaron sin madre y tuvieron que cuidar de cinco hermanos.

En definitiva, historias de otra España con las que se podrían escribir libros que sus protagonistas no sabrían leer. Historias de otra España que hoy siguen viviendo algunas mujeres, como Antonia que sacó el permiso de conducir hace diez años, a sus 59 años. Lo hizo gracias a un sistema en el que las preguntas del examen no se leen, se escuchan.

Lee para ser más libre

Ganar independencia física fue uno de los primeros pasos que dio para cuidarse, pero ahora está aprendiendo a leer por el mismo motivo: ser más libre. «Siempre me he sentido inferior porque he tenido que depender de un vecino para que me lea una carta que me llega. Por ejemplo, ciertas cosas están limitadas en mi celular. Todo lo hago con audio», cuenta a los micrófonos de laSexta.

Nos cuenta que, cuando su madre murió el 20 de abril a la edad de 29 años, ella tenía solo nueve años, por lo que tuvo que criar a cinco hermanos, el menor de los cuales era un bebé. Su padre no quiso volver a casarse y a partir de entonces en su vida sólo hubo un verbo: cuidar. Primero, a su padre y a sus hermanos. Luego, a sus hijos y a su marido. Ahora el verbo es el mismo, pero se ha vuelto reflexivo. Porque Antonia ha empezado a cuidarse sola.

Una azada a cambio de un lápiz

A no muchos kilómetros, en Badajoz, siete mujeres reciben clases de alfabetización en la Asociación Grupo Joven. Una de ellas, María Jesús, nos cuenta que, cuando lea bien, empezará con «una historia de amor.» Progresa poco a poco. Antes era su exmarido quien le leía cartas, facturas… Ahora lo hace ella, aunque no siempre lo entiende todo.

Y dejó la escuela temprano, cuando sólo tenía diez años. Ella no quería, pero su madre decidió que era hora de que ella y sus hermanas trabajaran en el campo. Ahora tiene 71 años y ha vuelto a empezar: las letras, las sílabas, los acentos y los acentos. Incluso se pone nerviosa al leer en voz alta: «He llorado allí, para mí eso ha sido… una vergüenza», confiesa vacilante.

Un libro de segundas oportunidades.

En las cárceles españolas también se enseña a leer. Dentro de ellos hay escuelas públicas de adultos con sus propios programas de alfabetización. Este año hay 2.077 matriculados en ellos: 1.810 hombres y 267 mujeres, lo que representa el 10,4% del total de estudiantes matriculados en prisión.

Ana Barrul Ella es una de esas estudiantes de alfabetización y una de las brillantes. Empezó de cero hace cuatro años y hace cuatro meses abordó su primer libro: ‘Los juegos del hambre’. Le gustó tanto que siguió leyendo y ya ha leído una veintena de libros. Ahora realmente quieres sumergirte en ‘La novia gitana’de Carmen Mola, pero sólo hay un ejemplar en la biblioteca y tiene seis personas delante en la cola.

La de Ana es la historia de una mujer gitana que sólo había ido al colegio para llevar a otros. Porque la vida a veces tiene estas cosas.. Y, cosas de la vida, acabó enganchada a las drogas, viviendo pobremente en un ahumadero y haciéndole compañía a su traficante. Pero en toda buena narrativa siempre hay un giro argumental. Al poco de llegar a la prisión de Alcalá-Meco, Ana descubrió que era mucho más de lo que le había permitido ser. Empezó a estudiar y vio que le encantaban los libros de fantasía. Y todo mejoró un poco. «No veo la hora de llegar a la cabaña y seguir leyendo»dice sonriendo.

En su clase, SoledadOtra gitana, está atenta a los ejercicios que le ha dado su maestra Gema. Para ella todo es un poco más complicado, ya que es sorda y está aprendiendo a leer leyendo los labios. «Los acentos, las sílabas, algunas letras… cuestan un poquito más», confiesa. Dejó el colegio a los 13 años por imposición de su familia, ya que «es ley gitana», como ella misma explica. Ahora ha vuelto. Los días de cárcel se acortan así un poco.

*Seguir laSexta en Google. Todas las novedades y el mejor contenido aquí.



Puedes consultar la fuente de este artículo aquí

Compartir esta noticia en: