La sanidad basada en valor abre la puerta a mejorar la eficiencia del gasto sanitario alcanzando mejores resultados clínicos
La presión sobre el gasto sanitario se ha convertido en uno de los principales retos para las cuentas públicas en España y está obligando a las administraciones a buscar fórmulas para mejorar la eficiencia sin reducir las prestaciones.
En este contexto, un estudio internacional publicado en Catalizador NEJM introduce una variable clave en el debate: el impacto de la atención sanitaria basada en el valor (VBHC) en la gestión del sistema de salud. El análisis, centrado en 25 hospitales públicos de la Comunidad de Madrid entre 2014 y 2023, concluye que los centros que aplican este modelo tienen menores costes por paciente y mejores resultados clínicos.
El estudio se publica en un momento en el que el debate sanitario en España está marcado por la discusión sobre el papel de la colaboración público-privada. Sin embargo, los datos apuntan a una cuestión más amplia: la necesidad de mejorar la eficiencia del sistema en su conjunto.
En un contexto de recursos limitados, el reto no es sólo aumentar la financiación, sino garantizar que cada euro invertido genere el máximo valor posible en salud. La atención sanitaria basada en valores se posiciona así como una de las posibles vías para abordar este desafío, introduciendo mecanismos que permitan mejorar los resultados clínicos y optimizar el uso de los recursos.
Los datos apuntan a una diferencia significativa en el gasto público. Los hospitales de valor registran un coste medio de 553,88 euros por habitante, frente a los 815,86 euros de los centros de gestión directa, lo que supone un diferencial de aproximadamente 262 euros por paciente.
Más allá de los datos individuales, el estudio introduce una lectura macroeconómica relevante. Si este diferencial de eficiencia se extrapolara a toda la población de la Comunidad de Madrid –más de 7 millones de habitantes– el impacto potencial en las arcas públicas alcanzaría varios miles de millones de euros.
Se trata de una magnitud equivalente a una parte importante del presupuesto anual de salud, lo que sitúa el debate en términos de la sostenibilidad financiera del sistema.
Este margen de mejora cobra especial relevancia en un escenario en el que el gasto sanitario representa una de las principales partidas del presupuesto autonómico y donde cualquier incremento estructural tiene implicaciones directas sobre el saldo fiscal.
Eficiencia sin deterioro de la calidad
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que la mejora de la eficiencia no se produce a expensas de la calidad asistencial. Por el contrario, los hospitales analizados presentan mejores indicadores clínicos.
En concreto, la tasa de complicaciones médicas y quirúrgicas es del 3,22% frente al 3,76% de los centros tradicionales, mientras que la estancia hospitalaria media se reduce a 4,93 días frente a los casi 6 días.
Además, los niveles de satisfacción de los pacientes alcanzan el 93,1%, significativamente superiores a los registrados en los hospitales de gestión directa. Estos datos sugieren que la optimización de los recursos va acompañada de una mejora en la experiencia asistencial.
El estudio también indica que no se detectan diferencias significativas en la complejidad de los pacientes, lo que descarta que los resultados respondan a una selección de casos menos exigentes.
El papel del modelo de gestión
El análisis destaca que la clave de estas diferencias no está sólo en la titularidad de los centros, sino en el modelo de gestión. La atención sanitaria basada en valores introduce cambios estructurales en la organización del sistema. Entre ellos, la medición sistemática de los resultados de salud, la reorganización de la atención en torno al paciente y la alineación de los incentivos económicos con la eficiencia.
En este sentido, algunos de los hospitales analizados, incluidos los cuatro centros gestionados por el Grupo Quirónsalud dentro del sistema público madrileño, operan bajo modelos de financiación capitativa, que fomentan la optimización de los recursos. En cambio, los hospitales de gestión directa tienden a operar con presupuestos históricos más rígidos y menos vinculados a los resultados, lo que puede limitar su capacidad de adaptación.
El entorno institucional madrileño también introduce elementos adicionales que influyen en el comportamiento del sistema. La libre elección de hospital por parte de los pacientes y la publicación de resultados a través de indicadores públicos generan un entorno de mayor transparencia.
Esto facilita la comparación entre centros y puede contribuir a mejorar el rendimiento mediante la introducción de una forma de competencia interna basada en los resultados clínicos y la experiencia del paciente.
Un modelo con implicaciones a largo plazo
Más allá del caso de Madrid, la evidencia plantea un debate estructural sobre el futuro del sistema sanitario. La capacidad de combinar calidad asistencial, eficiencia económica y sostenibilidad financiera será uno de los factores determinantes en la evolución del modelo en los próximos años.
En este escenario, la pregunta clave no es sólo quién administra los hospitales, sino cómo se diseñan los incentivos, cómo se miden los resultados y cómo se organiza la atención para generar valor en salud.
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