Tom Kucharz, investigador social: «El papel colonial e imperialista de España no ha acabado, ha mudado sus formas»
El título de su ponencia es «Desarmar el negocio de la guerra: por una geopolítica de la paz», ¿quién se beneficia de la guerra?
[–>[–>[–>Muchos actores del poder económico y financiero, comenzando por las grandes empresas armamentísticas. El 65% de las armas que los estados miembros de la Unión Europea compran con dinero público son de Estados Unidos. Las importaciones de armas se han duplicado en los últimos 3 años y el gasto militar ha dado un salto cualitativo. También los combustibles fósiles, que se está viendo con la guerra de Irán y el Estrecho de Ormuz, pero también se vio en la invasión de rusa en Ucrania: las grandes empresas petroleras y de gas tienen unos beneficios importantísimos y los estados no intervienen. Entonces, con este libre mercado suben los precios y quien los paga son las mayorías sociales, las clases trabajadoras. No solo son combustibles, también es la industria agroalimentaria o la tecnológica. Por ejemplo, Palantir es una empresa tecnológica enormemente peligrosa con un vínculo con la administración de Estados Unidos e involucrado ya en contratos públicos del Ministerio de Defensa de España, está detrás de algunos drones asesinos, de los sistemas de software que buscan objetivos militares en Gaza y en la búsqueda de personas del ICE.
[–> [–>[–>Entonces, ¿en los conflictos pesa más el factor económico o el ideológico?
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Hay un declive en la hegemonía de Estados Unidos desde hace, más o menos, 15 años. Para solventar este declive, que está amenazado por China, plantean tres opciones: el sector ligado al MAGA se centra en únicamente la reconstrucción de la economía de Estados Unidos, otro plantea que se deben replegar los frentes de Rusia, Ucrania y del Oriente Medio y centrarse en la confrontación militar con China y el último, que es del trumpismo, dice que hay que involucrarse en todas las guerras posibles. Hay una parte ideológica enormemente compleja, con un componente supremacista, en términos de la raza blanca sobre otras razas humanas y un componente religioso, tanto católico como sionista, muy fuerte contra el Islam. También hay un componente patriarcal con unos cálculos ideológicos-políticos muy claros.
[–>[–>[–>¿Es necesaria una guerra para establecer el orden mundial?
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Para mí un elemento fundamental es la base material de las guerras. Hay un componente obvio si miramos un poco atrás: la primera guerra del Golfo en Kuwait 1990, la segunda guerra del Golfo contra Irak 2003 y ahora para esa tercera guerra de Golfo contra Irán, tiene que ver con el control sobre el flujo de los combustibles fósiles. Entonces, para mí el actual contexto de guerra y las condiciones geopolíticas, no pueden entenderse sin atender esa crisis material de fondo, que es el agotamiento. Ya hemos sobrepasado, desde hace tiempo, el consumo de las reservas constatadas a nivel del petróleo y muchos otros recursos se van agotando. Desde un punto de vista antimilitarista y pacifista, por supuesto que no es necesaria la guerra: tenemos que buscar vías diplomáticas, vías de seguridad no militarizada. Pero efectivamente desde las clases dominantes, para mantener el modo de vida imperial, apuestan por las guerras y por los recursos para mantener, ya no solo su soberanía, sino un modo de vida que solo beneficia a unos pocos para el sufrimiento de unas mayorías sociales.
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[–>¿Si cesarán los conflictos sería posible establecer cierta justicia climática?
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En estos últimos 500 años hubo conflictos armados, hubo guerras, disputas por los recursos y donde Europa y, concretamente España, tuvo un papel imperialista y colonialista muy determinante. Por eso yo siempre insisto en que el papel colonial e imperialista de España no ha acabado, ha mudado sus formas. Ya no hay colonias, ya no hay sistema de esclavitud, pero sí hay otras formas de violación sistemática a los derechos humanos en terceros países por la presencia de las empresas transnacionales españolas o por la explotación de los recursos. España, cuando fue poder colonial imperial, también generó genocidios en otras partes del mundo como, por ejemplo, en América del Sur. Y estos genocidios ni fueron reconocidos ni se hizo justicia. Esto implicaría reconocer responsabilidades históricas y también supondría reducir de forma radical el consumo en los países desarrollados. Hoy vivimos como si tuviéramos varios planetas, y eso es inviable.
[–>[–>[–>¿Cómo valoras el papel de España en los conflictos bélicos?
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Tristemente, el no a la guerra de Pedro Sánchez se refiere únicamente al hecho de la invasión ilegal de Estados Unidos e Israel a Irán, pero no se refiere al régimen de guerra en sí. No se ha opuesto a todos los planes belicistas de la Unión Europea y no se ha opuesto a los últimos planes de la OTAN. No hay un debate interno real en el PSOE de replantearse la pertenencia a la alianza de guerra. Efectivamente, era muy importante que un jefe de Estado diga al mundo ‘no a la guerra’, pero si al mismo tiempo no actúas para cumplir el derecho internacional, lo sigues permitiendo. Este tema ni siquiera estaba en los acuerdos de coalición, o sea, no lo estaba en el acuerdo Podemos-PSOE y tampoco estaba en las políticas exteriores ni de defensa de Sumar con el PSOE.
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Finalmente, ¿cómo puede enfrentarse la ciudadanía a este escenario tan complejo?
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Lo primero que tenemos que hacer es organizarnos en comunidad, recuperar ese espíritu comunitario. Lo que está claro es que van a venir más conflictos por los recursos. En este escenario de convulsión no vamos a poder enfrentarnos solos, solo podremos hacerlo en comunidad. Eso significa reforzar los trabajos comunitarios y las asociaciones vecinales. Tenemos que estar más unidos, más solidarios, cooperar entre nosotras y fortalecer los lazos comunitarios. Y luego en segundo lugar, movilizarnos. Hemos demostrado en muchas ocasiones el espíritu pacifista y antimilitarista de la sociedad. Eso lo tenemos que sacar a la calle una y otra vez. La resiliencia se construye con una economía local, conociendo y dependiendo de nuestros territorios. Tenemos que conservar y proteger nuestros ecosistemas, porque sin naturaleza no hay economía y sin naturaleza no hay vida.
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