un infierno fiscal para los trabajadores
La OCDE acaba de publicar la edición de 2026 de su informe anual ‘Taxing Wages’, y los datos de España no dejan lugar a ambigüedades: nuestro país se ha convertido en un infierno fiscal para los trabajadores. No porque la presión fiscal adicional sea … el más alto de Europa -que no lo es-, sino porque la fiscalidad directa que cada trabajador soporta sobre el valor que genera ha alcanzado niveles que deberían avergonzar a un Gobierno que pretende priorizar el bienestar de estos trabajadores.
En 2000, las cotizaciones sociales y el impuesto sobre la renta personal absorbieron juntos el 38,6% del coste laboral total de un solo trabajador sin hijos. Veinticinco años después, esa cuña fiscal ya supera el 41%. La tendencia ha sido ascendente casi sin interrupción: año tras año, el Estado ha ido parasitando una porción cada vez mayor del valor agregado generado por cada empleado. La diferencia con el promedio de la OCDE ya alcanza los seis puntos porcentuales. Pero la situación se vuelve aún más sangrienta cuando examinamos a las familias. En un hogar con dos hijos donde ambos padres trabajan, la cuña fiscal ha pasado del 35,4% al 38,7%. Y lo realmente revelador: el promedio de la OCDE para este mismo tipo de hogares está nueve puntos por debajo, alrededor del 29%. Es decir, el Estado español no sólo maltrata fiscalmente al trabajador medio, sino que también castiga con especial amargura a las familias trabajadoras con hijos. Luego dirán que les preocupa la caída de la tasa de natalidad.
Pero la infamia no termina aquí. Desde ciertos sectores de nuestra opinión pública, las socialdemocracias nórdicas son a menudo idealizadas como paraísos de bienestar donde los ciudadanos pagan muchos impuestos pero reciben servicios de calidad. Pues bien, lo que revela el informe de la OCDE es que, en la tributación directa del coste laboral total, los trabajadores españoles soportan una carga comparable o mayor que la de sus homólogos nórdicos. La cuña fiscal del 41,4% que sufre un solo trabajador español supera con creces a la de Dinamarca (35,8%) y Noruega (36,4%), y apenas se sitúa por debajo de la de Finlandia (42,5%). Y si hablamos de familias con niños, España supera a los tres países sin excepción: un 38,7% frente al 31,4% de Dinamarca, el 31,7% de Noruega y el 37,5% de Finlandia. Trabajadores españoles apoyando la fiscalidad nórdica y recibiendo servicios públicos manifiestamente deficientes.
Pero entonces, ¿por qué los estados nórdicos recaudan más y gastan más? En gran parte porque los impuestos indirectos (IVA, impuestos especiales, impuestos sobre la electricidad) son considerablemente más elevados. Pero que, cuando algún político nos prometa «igualarnos fiscalmente con Europa» o, peor aún, con las socialdemocracias nórdicas, no pensemos en subidas de impuestos a los ricos (que tampoco sería deseable), sino en subidas del IVA y de impuestos especiales (porque en cotizaciones sociales y en IRPF ya estamos por encima de la media). España es un infierno fiscal para los trabajadores. No el único que existe en el mundo, pero sí uno cada vez más abrasador.
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