CUBANOS EN ESPAÑA | Atrapados “entre el castrismo y el trumpismo”: la población cubana se dobla en España mientras Trump endurece el cerco a la isla
La comunidad cubana en España crece más rápido que nunca. Mientras Donald Trump endurece su presión sobre Cuba y mantiene un discurso hostil hacia la migración, España abre vías de regularización para personas en situación incierta. Los datos del INE muestran el salto: de 130.747 residentes en 2016 a unos 287.500 cubanos asentados en España según las primeras estimaciones a comienzos de 2026. Casi el doble en una década. El éxodo se acrecentó a partir del verano de 2021, cuando la crisis humanitaria y la represión en la isla se recrudecieron.
[–>[–>[–>Osmany Suárez, profesor universitario cubano, salió de la isla por entonces, después de publicar un texto crítico sobre la educación superior y la corrupción. «Fui sancionado con separación de la universidad y del cargo de profesor», explica a EL PERIÓDICO. También llegaron las amenazas: «Me acusaron de relaciones con la CIA y ser una amenaza para la Revolución Cubana».
[–> [–>[–>Doble asfixia
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El principal destino de la diáspora cubana ha sido, por muchas décadas, la vecina costa de Miami. Se calcula que hay más de 1,8 millones de personas nacidas en Cuba que viven fuera del país (la última cifra oficial de la ONU es de 2024). Entonces, Estados Unidos concentraba más del 74% de la diáspora y España, el 11,5% (tres veces más que el siguiente destino, México).
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Pero aunque es pronto para que las estadísticas lo reflejen, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha hecho que muchos cubanos se lo piensen dos veces antes de ir a EEUU, por sus amenazas de «tomar la isla» y por su represión contra la población migrante, incluso la de largo recorrido en EEUU, como los cubanos en Florida. Mientras, los que optaron por migrar a Europa sienten que tomaron la alternativa más segura.
[–>[–>[–>La presión se nota en los consulados españoles. En respuesta, España amplió desde febrero un 35% las citas para legalización de documentos en Cuba, de 1.000 a 1.350 semanales. La medida llega mientras miles de cubanos esperan residencia, regularización o nacionalidad por la Ley de Memoria Democrática, conocida como Ley de Nietos. El Gobierno español también ha anunciado una nueva sede diplomática en Camagüey, para descongestionar La Habana y dar servicio al este del país, evitando largos desplazamientos a través de la isla en un momento especialmente crítico por los problemas para acceder al carburante.
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La vuelta de Trump a una línea más dura hacia La Habana añade presión a una sociedad exhausta. Suárez habla de una doble asfixia: dentro, un Estado que controla la vida cotidiana; fuera, una política estadounidense que estrecha el margen de supervivencia. «A la presión interna se suma ahora la presión externa», resume.
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[–>Para Suárez, el embargo estadounidense agrava la crisis, pero no puede servir de excusa permanente. «Que tengas un embargo económico desde hace 60 años no justifica una política de agobio y acoso constante contra tu población», afirma. Su diagnóstico es claro: «Todo lo que tiene que ver con la isla se supedita a los extremos de poder: entre el castrismo y el trumpismo«.
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Quienes se marchan tampoco se desligan de Cuba. «Los cubanos que estamos fuera tenemos que mantener a nuestros padres. Si no mandamos la remesa, si no mandamos comida, estas personas terminan muriendo«, explica. Por eso describe a muchos residentes en la isla como «ciudadanos rehenes».
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España como destino posible
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Claudia Calviño era una productora de cine independiente reconocida en Cuba, siempre al filo de la censura, pero la película que produjo “Santa y Andrés”, fue un golpe definitivo. Nunca fue proyectada en la isla y les puso bajo foco constante. «La película nos puso a la policía política todo el día en los bajos de nuestro apartamento»,explica a este diario. Pero fue su marido, periodista, al que echaron primero.
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«Yo me fui por amor y por dignidad«, resume. “Si yo habito un espacio donde la persona que amo y padre de mi hijo no puede existir, o donde mi propio trabajo no puede existir, a mí también me botaron”, añade. Consiguieron salir para España, con su hijo, apenas un bebé, y tuvieron que volver a empezar desde abajo. «Me preguntaron si sabía hacer un Excel. Y claro, yo había producido quince películas«, cuenta. Pero, con paciencia, volvieron a construir su vida profesional y familiar.
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Tuvo que atravesar un duelo, pero siente gratitud por la estabilidad. «Cuando vienes de Cuba, donde la educación y la salud están prácticamente en la muerte, saber que puedes ir al médico y van a atender a tu hijo a las dos de la madrugada es increíble», dice Calviño, que reflexiona sobre el duelo del migrante: “Se me ha pasado la rabia un poco con Cuba y ahora me va quedando cada vez más dolor”, dice, consciente de que los que se quedaron allí atrapados.
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Manifestación en Madrid en defensa de los derechos humanos en Cuba / Víctor Lerena / EFE
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Cambio político, no violencia
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Calviño mira con rechazo el endurecimiento de Trump, pero admite una contradicción: cualquier posibilidad de cambio en Cuba despierta esperanza. «Por mucho asco, miedo y terror que me provoca Trump, hay algo en la idea de que pueda haber un cambio que me genera esperanza«, dice. El límite es claro: «No respaldaría una invasión de ninguna manera. Estoy en contra absoluta de toda violencia«.
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En Cuba, afirma, mucha gente desea un cambio político profundo. Pero eso no significa apoyar una salida bélica, un espacio que, ambos coinciden, a veces cuesta hacer comprender. Calviño echa en falta una alternativa. «Me gustaría que hubiera un líder político cubano con un pensamiento progresista, preocupado por las personas y por los derechos humanos«, afirma. Pero cree que el sistema ha bloqueado cualquier intento de renovación y cuando alguien ha comenzado a despuntar, lo han «aniquilado».
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Suárez coincide. Mira con escepticismo iniciativas como las de la flotilla internacional anunciada en apoyo al pueblo cubano, dice que llega tarde y sustituye la atención real por escenografía política. «Hace muchísimos años que esta crisis humanitaria está ocurriendo en Cuba sin recibir atención real«, afirma. “Esta isla no aguanta una disputa simbólica más”, se exaspera. La salida continúa. Cuba pierde población. EEUU endurece posiciones, discurso y políticas. Y España gana peso como destino.
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