LONJA PESCADO LUARCA | La Cofradía de Pescadores de Luarca celebra un siglo de subastas de pescado, un ritual diario con «alma»
La Cofradía de Pescadores Nuestra Señora del Rosario sigue siendo, según su gerencia, «la que más factura como tal de Asturias», «la más importante del Occidente» y también «la única que subasta pescado de lunes a viernes». No es un dato menor. Es lo que explica que cada tarde haya movimiento, tensión y vida en la lonja. «Lo que estamos haciendo bebe mucho de aquello, es de toda la vida», dice la gerente, Elvira García, mirando hacia una tradición que viene de las antiguas formas de organización del gremio, «cuando sus miembros decidían qué se pescaba, cuándo se salía a la mar y cómo se repartía todo».
[–>[–>[–>Pero no siempre fue así. Este año se cumple un siglo del inicio de la actividad de compraventa de pescado, en la lonja, bajo la protección de la cofradía. Antes no había rula ni reloj: el pescado se tiraba en el muelle y allí lo compraban las pescaderas, a pie de puerto. Todo cambió en 1926, cuando en Luarca se tomó una decisión que lo cambió todo: «Se acordó vender todo en lonja», cuenta García, quien advierte de que esta norma fue común en el resto del territorio. Desde entonces, la subasta, a la baja, sigue marcando el ritmo.
[–> [–>[–>«Tiene su encanto», reconocen desde la Cofradía. Y no es solo el sistema: es el ambiente, ese momento en el que el precio cae, alguien se adelanta y otro protesta, ese murmullo «tenso»: se compra o no y a qué precio. «Aquí la venta no es fría. Aquí todavía pasa algo», sostiene con una sonrisa Elvira García.
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Para el subastador, Juan Álvarez en Luarca sigue latiendo «una tradición» que la Cofradía de Pescadores de Nuestra Señora del Rosario, algo que enlaza con sus orígenes más remotos, con aquellas mesas de mareantes que, ya desde la Edad Media, regulaban la vida del sector, decidían qué se pescaba, cuándo se salía a la mar y cómo se repartía el fruto de las capturas.
[–>[–>[–>«Lo que estamos haciendo bebe mucho de aquello, es de toda la vida», resumen desde la cofradía, reivindicando una continuidad histórica que en Luarca no suena a museo, sino a práctica viva.
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Más rudimentario
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Antes de que todo pasara obligatoriamente por la lonja, el sistema era mucho más directo y rudimentario. Los barcos llegaban a puerto, descargaban el pescado en el muelle y allí acudían las pescaderas para comprarlo y revenderlo después.
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[–>Fue en 1926 cuando en Luarca se acordó que toda la venta debía canalizarse a través de la lonja, una decisión pionera que se adelantó décadas a la legislación estatal y que convirtió a la villa en referencia.
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Mucho después, en 2015, un real decreto acabaría regulando la primera venta y fijando legalmente esa obligatoriedad, pero en el puerto luarqués ya llevaban casi un siglo funcionando de ese modo.
[–>[–>[–>La lonja actual, además, no es la primera: esta es ya la tercera rula. Hubo otras antes, una en la zona del Muelle Nuevo y otra más pequeña, anterior al edificio principal que comenzó a funcionar entre 1979 y 1980, y que es desde entonces el escenario físico de las subastas.
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La de Luarca conserva, además, una personalidad propia que la diferencia. Aquí se sigue subastando a la baja, «un sistema característico de las cofradías, primero a grito limpio y después con mecanismos que fueron modernizando el proceso sin borrar su carácter».
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Antes, los compradores ocupaban siempre el mismo sitio en la parte superior de la lonja y, cuando el gran reloj descendente marcaba el precio que les convenía, pulsaban su botón.
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Hoy los mandos han sustituido a aquellos pulsadores, pero el ambiente permanece. «Tiene su encanto; en otras lonjas es todo demasiado frío», dicen desde la cofradía.
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Y en esa frase cabe buena parte del secreto de este lugar: aquí la venta sigue siendo genuina, con sus pequeños roces, sus voces contenidas, sus gestos rápidos y esa tensión expectante que atrapa incluso a quien llega por primera vez sin entender del todo la mecánica.
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Coordinación entre puertos
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La subasta se celebra, por lo general, de lunes a viernes a las cinco de la tarde, aunque los horarios se adaptan a las mareas, a las campañas y a las exigencias de determinadas especies, como el percebe. También se coordinan con otros puertos próximos para evitar que coincidan las ventas y facilitar así la presencia de los compradores, muchas veces los mismos en distintas lonjas de la zona.
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En los últimos años, además, la rula se ha abierto al visitante, que puede asomarse a este ritual diario y descubrir no solo el sistema de pujas, sino el espectáculo del pescado recién descargado, aún brillante y a veces todavía vivo, saltando en las cajas. Es esa mezcla de sorpresa, curiosidad y autenticidad lo que más atrapa al público. «No siempre entienden cómo funciona la subasta, pero sí perciben que allí sucede algo singular», profundiza .
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Asociación sin lucro
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Luarca no presume solo de historia, sino también de peso real dentro del sector. La cofradía se reivindica como una de las más importantes de Asturias y, como cofradía con lonja propia, la que más factura en la comunidad. No es una simple nave de compraventa: la lonja es solo una parte.
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La cofradía, recuerda García, es una asociación sin ánimo de lucro que no solo gestiona la primera venta, sino que actúa como intermediaria entre armadores, marineros y administración, además de sostener servicios esenciales para sus socios. Tiene cinco personas contratadas.
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De cada venta queda un pequeño porcentaje, entre un dos y un cuatro por ciento, según los casos, con el que se mantiene una estructura que da trabajo a cinco personas y cubre suministros, hielo, electricidad y funcionamiento diario. El equilibrio, sin embargo, es frágil. “Esa es la gran problema de las cofradías”, admiten, porque una mala campaña obliga a mantener los mismos servicios con menos ingresos.
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Las campañas fallidas, un lastre
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Y campañas fallidas ha habido. La junta reconoce que el último año fue, desde 2019, el de menor volumen de ventas, tras el mal comportamiento de especies clave como la caballa, el pulpo, el percebe… El mercado, es cierto, «compensa a veces con precios más altos cuando escasea el pescado, pero no siempre basta para corregir la caída de capturas», informa García.
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Aun así, la cofradía se mantiene, sostenida por una economía que se va equilibrando entre temporadas mejores y peores. En la actualidad agrupa a entre 22 y 23 embarcaciones socias, con unas 25 con puerto base en Luarca, y en torno a 70 u 80 marineros vinculados a esa actividad.
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Son cifras modestas si se comparan con las grandes lonjas de Avilés o Gijón, que mueven decenas de millones de euros, pero en Luarca la comparación no se mide solo en volumen: aquí la escala es otra, más pequeña, más pegada al muelle, más unida a la identidad del pueblo.
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Preocupación y orgullo
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Quizá por eso, quienes hoy defienden la continuidad de esta subasta diaria lo hacen con un tono que mezcla preocupación y orgullo. Preocupación por las cuotas, por la falta de reconocimiento institucional suficiente, por una figura, la de las cofradías, que arrastra siglos de historia pero no siempre encuentra encaje en los mecanismos actuales de representación y financiación.
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Y orgullo porque, pese a todo, Luarca conserva una rareza valiosa: una subasta diaria, en vivo, con volumen, con público y con alma. «Es algo muy nuestro», resume Elvira García. Y basta asomarse una tarde a la rula para entender que no hablan solo de pescado. También de alma marinera.
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