Mirando a Cabueñes
Puede decirse que la actualidad local de la semana, además con inusuales buenas noticias, ha mirado hacia la parroquia de Cabueñes. En primer lugar, por el desbloqueo de la llegada a Gijón de la Universidad Europea, tras la reciente aprobación por las autoridades del Principado de la apertura de su nuevo centro asociado en nuestra ciudad.
[–>[–>[–>Aunque estrictamente su localización sea en la parroquia de Somió, en terrenos de su antigua Pecuaria, lo es justo en el límite con Cabueñes, en un entorno ideal rodeado de las más importantes infraestructuras educativas y formativas de la ciudad: el campus de la Universidad de Oviedo, la Laboral, o el Parque Científico y Tecnológico. La llegada de la primera universidad privada y de calidad a la ciudad, supone un hito de la mayor importancia. Lejos de visiones limitadas, no pienso que pueda verse como un ataque al ámbito de actuación de la universidad pública, sino como una oportunidad para nuestra ciudad de atraer nuevo alumnado y talento. Las nuevas titulaciones supondrán para Gijón la consolidación de su vocación como ciudad universitaria, alejando así los fantasmas de cierto centralismo ovetense que no se cansó, durante décadas, de poner sordina a las legítimas aspiraciones locales en la materia.
[–> [–>[–>Cabueñes acogió también, estos días pasados, la puesta de largo de las nuevas instalaciones del Jardín Botánico, tras la incorporación de la quinta y jardines levantados por Florencio Valdés. Debo confesar, y por lo pulsado a mi alrededor creo que no he sido el único, que me sorprendió la puesta en escena del acto, con dos antiguas alcaldesas compartiendo protagonismo con la actual mandataria. Nada que objetar a la cortesía y buenas maneras, o a eso que ahora se llama “buenrollismo” frente a la crispación imperante en la escena política. Pero eso se hubiera cubierto, sobradamente, con una simple invitación al acto; sin necesidad alguna de incluirlas en cortes de cintas y descubrimiento de placas. En actos ordinarios de gestión, y esta inauguración así me lo parece, el protagonismo, para los halagos o para las críticas, debe corresponder al equipo de gobierno actual, y sobre todo a su máxima representante en estos momentos. Tratar de imponer, por la vía de los hechos, un protocolo municipal donde se consagra una especie de figura de alcalde o alcaldesa emérita, algo así como una reina madre local, me parece un error a largo plazo.
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No falta quién se ha preguntado si esta generosa reciprocidad protocolaria se hubiera dado gobernando la ciudad la izquierda. Yo reservaría estos detalles para momentos auténticamente históricos para la ciudad, como podrán ser, si llegan, la inauguración de la estación intermodal o los nuevos accesos a El Musel. Esas actuaciones donde el partido al que pertenecen las ex alcaldesas inauguradoras, y desde distintas administraciones, tiene bastante que decir y que hacer.
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