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el día que lo acusaron de hacer orgías

el día que lo acusaron de hacer orgías
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  • Publishedabril 29, 2026



Una partida de caza en Holanda junto al príncipe Bernardo y la princesa Juliana de los Países Bajos -futura reina y abuela del rey Guillermo Alejandro (59)- alteró el orden de sucesión en Suecia. El príncipe Gustavo Adolfo de Suecia, duque de Västerbotten y segundo en la línea de sucesión al trono, falleció en un accidente de avión.

En enero de 1947 dejó huérfanos a sus cuatro hijas, las princesas Margarita (92), Brígida, Désirée y Cristina (82) y al príncipe Carlos Gustavo, que entonces tenía poco más de un año y que en 1973 se convertiría en el rey más joven de Europa. Por entonces, en el país nórdico reinaba Gustavo VI Adolfo.

Carlos Gustavo nació el 30 de abril de 1946 en el Palacio de Haga y, por consiguiente, el próximo jueves cumple 80 años. Tras el fallecimiento de su progenitor, la familia se trasladó a los apartamentos privados de la princesa Sibila en el Palacio Real de Estocolmo.

Carlos Gustavo y la reina Silvia junto a dos de sus hijos, Victoria y Carlos Felipe, en 1980.


Carlos Gustavo y la reina Silvia junto a dos de sus hijos, Victoria y Carlos Felipe, en 1980.

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Durante su infancia y adolescencia, el heredero al trono siempre estuvo vinculado a los bosques que circundan las diferentes propiedades reales.

Formó parte de los exploradores, aprendió primeros auxilios para salir adelante en plena naturaleza y, al igual que sus ancestros, sintió gran pasión por la caza.

Los primeros años de su educación transcurrió entre profesores privados en palacio, aunque posteriormente le matricularon en el colegio Broms, el internado Sigtuna y, tras acabar el instituto, estudió durante dos años y medio en el Ejército Sueco, la Fuerza Aérea Sueca y la Marina Real Sueca. Obtuvo los rangos de teniente y capitán.

También estudió en la Universidad de Uppsala Historia, Sociología, Ciencias Políticas o Derecho Fiscal y, poco después, Economía en la Universidad de Estocolmo.

No lo tuvo fácil, ya que Carlos Gustavo es disléxico, al igual que sus hijos, la princesa Victoria y el príncipe Carlos Felipe.

La segunda fecha que quedaría marcada a fuego en la piel del príncipe heredero cuando formó parte de la delegación sueca en los Juegos Olímpicos de Verano de 1972 en Múnich.

Carlos Gustavo y su mujer, Silvia, en una fotografía de archivo.


Carlos Gustavo y su mujer, Silvia, en una fotografía de archivo.

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Allí conoció a Silvia Renate Sommerlath, una atractiva alemana criada en parte en Brasil, educada, sociable e inteligente que ejercía como azafata e intérprete oficial en el Comité Organizador de los JJOO.

No en vano, hablaba alemán, inglés, español, portugués, francés y la lengua de signos.

El príncipe quedó fascinado por ella. Diferentes relatos de la época aseguran que en un momento dado ella se sintió observada. Al girarse, vio a un joven situado a pocos metros que la estaba mirando a través de unos prismáticos. Silvia le sonrió.

El príncipe heredero no se atrevía a tomar la iniciativa para pedirle una cita, por lo que le dijo a su ayudante de campo que la concertara para verse en privado.

Durante una recepción esa noche, él se acercó a ella. «Por primera vez me puse nerviosa. No sé por qué«, le confesó la monarca en 2006 al historiador Herman Lindqvist en el libro Carl XVI Gustaf: porträtt i tiden (Carlos XVI Gustavo. Retratos en el tiempo).

El rey Gustavo VI Adolfo estaba en contra de los matrimonios morganáticos y, por ello, sus hijos Sigvard y Carls Johann, perdieron sus títulos nobiliarios y fueron excluidos de la línea de sucesión al trono.

Un año después de su primer encuentro, el monarca enfermó gravemente y falleció el 15 de septiembre de 1973 a los 90 años. Automáticamente, Carlos Gustavo se convirtió en rey de Suecia, siendo entronizado en el salón de Estado del Palacio Real de Estocolmo el 19 de septiembre.

Carlos XVI Gustavo y la reina Silvia de Suecia.


Carlos XVI Gustavo y la reina Silvia de Suecia.

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Debido a este acontecimiento histórico, el nuevo monarca pudo decidir por sí mismo con quién podía casarse. Aun así, prefirió seguir manteniendo de manera clandestina su relación.

Nadie podía saber que se estaban viendo en secreto y, por ello, cada vez que ella viajaba a Suecia usaba una serie de pelucas rubias para pasar desapercibida.

Los únicos familiares que sabían del romance eran el príncipe Bertil de Suecia -tío del futuro rey- y Lillian Davies, una galesa plebeya sin posibles con la que mantenía un romance furtivo desde que se conocieran en agosto de 1943 en Londres.

Solo ellos podían entender la magnitud de lo que suponía estar enamorado sin poder cantarlo a los cuatro vientos.

Durante los años en los que fueron novios, el humor, la comprensión y la amistad fueron los principales bastiones en los que se sustentó su relación. Pero, por encima de todo, el sentido del humor es lo que ha primado en la relación.

Para hacerse una idea, al monarca le encantan los objetos de broma, especialmente los cojines de pedos, mientras que la reina es más discreta, pero qué duda cabe que en más de una ocasión le ha dado ataques de risa.

Para sorpresa de los tortolitos, un fotógrafo llamado Bertil Jigert, que tenía que cubrir un evento público del monarca, pilló a la pareja en una gasolinera en el interior de un Porsche. Aquella imagen fue la portada del periódico Expressen.

El pueblo sueco tenía la mosca detrás de la oreja. ¿Realmente aquella joven atractiva era la novia del rey? Hubo que esperar hasta el 12 de marzo de 1976 cuando el noviazgo se oficializó en el apartamento privado de la princesa Sibylla en el Palacio Real de Estocolmo.

El padre de la princesa Victoria de Suecia en 2006.


El padre de la princesa Victoria de Suecia en 2006.

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Unos años después, la reina Silvia describió en una entrevista televisada cómo había sido parte del anuncio oficial: “Había muchos periodistas que estaban frente a nosotros, casi se encaramaban unos sobre otros, fue muy divertido. El rey estaba feliz y, de repente, me dijo: ‘¿cómo te sientes?’ Él sabía que yo no hablaba sueco, pero lo adiviné. Y entonces respondí: ‘Me siento súper a gusto‘».

La noche antes del enlace hubo un concierto de gala en honor a la pareja en la Ópera Real de Estocolmo y después se celebró una cena con baile en el Palacio de Drottningholm donde actuó ABBA, que cantó el tema Dancing Queen dedicada a la novia.

El 19 de junio de 1976 fue un acontecimiento histórico, ya que se celebraba la primera boda real desde 1700 en la catedral de San Nicolás de la capital sueca.

Aquella chica de pueblo, con estudios universitarios fue el tercer ejemplo de lo que estaba por venir en el resto de las monarquías europeas.

Ya no importaba el rango social entre los contrayentes. Rainiero III de Mónaco y Harald V de Noruega ya lo habían demostrado casándose con Grace Kelly y Sonja Haraldsen, respectivamente.

Los reyes de Suecia junto a la princesa Victoria, en 2005.


Los reyes de Suecia junto a la princesa Victoria, en 2005.

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Gracias a ellos se pavimentó el camino para que los entonces príncipes y princesas Felipe de España, Victoria de Suecia, Haakon Magus de Noruega o Guillermo Alejandro de los Países Bajos pudieran casarse con quien les diera la gana.

Entre los 1.200 invitados a la ceremonia destacó una pareja española, Alfonso de Borbón Dampierre, duque de Cádiz y embajador de España en Suecia junto a su esposa, Carmen MartínezBordiú (75).

Alrededor de 500 millones de personas vieron la boda por televisión.

El fotógrafo Jonny Graan, del diario Expressen, fue el único fotógrafo que captó la foto cuando el rey Carlos XVI Gustavo y Silvia se besaron en la boca. Al día siguiente, el periódico vendió más que cualquier otro diario en el país con algo más de 950.000 ejemplares.

Para este día tan especial, la novia lució un diseño exclusivo de Marc Bohan para Dior.

El vestido era muy sencillo. Líneas depuradas, realizado en seda blanca, cuello redondo, manga larga, ligeramente entallado, velo de encaje de gran valor de la dinastía Bernadotte, una larga cola y, como colofón, una de las joyas más preciadas de la casa real, la tiara de los camafeos, que perteneció a Josefina de Beauharnais, esposa de Napoleón Bonaparte.

Carlos Gustavo junto a su mujer y su hija la princesa Victoria.


Carlos Gustavo junto a su mujer y su hija la princesa Victoria.

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El matrimonio viajó a Hawái. La Reina explicó a Expressen varias décadas después que “cuando íbamos de camino fue muy especial cómo el rey me cuidó y me ayudó cuando íbamos a la iglesia. Para mí, fue una situación completamente nueva. No solo la boda, sino todo el pueblo sueco que se sentó a mirar y la forma amable en que el rey me ayudó”.

Fruto de su amor nacieron los príncipes Victoria, duquesa de Västergötland (julio 1977), Carlos Felipe, duque de Värmland (mayo 1979) y Magdalena, duquesa de Hälsingland y Gästrikland (junio 1982).

Tras el nacimiento del varón, Suecia vivió un cambio histórico sin precedentes, ya que el Parlamento derogó en 1979 la ley sálica para que, de esta manera, Victoria pudiera convertirse en la princesa heredera.

Hace un par de años, el monarca confesó a la televisión pública STV que «tener leyes que funcionan de forma retroactiva no es muy inteligente, lo sigo pensando. Mi hijo el príncipe Carlos Felipe ya había nacido y, de repente, hay un cambio que lo dejó sin nada. Es bastante extraño».

A pesar de este cambio, la relación entre los hermanos ha transcurrido en perfecta armonía.

El aura de perfección del matrimonio de Carlos Gustavo y Silvia saltó por los aires cuando en 2010 se publicó la biografía no autorizada Den motvillige monarken (Monarca a su pesar o El monarca reticente) fruto de la investigación de Thomas Sjöberg, Tove Meyer y Deanne Rauscher.

Los reyes de Suecia.


Los reyes de Suecia.

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Este desveló la afición del cabeza de los Bernadotte por sus juergas nocturnas en clubes de estriptís, su deleite por las orgías multitudinarias, su vinculación con algún capo de la mafia y por un romance en la década de los noventa con Camilla Henemark, líder del grupo Army of Lovers.

Asimismo, también aseguraba que el rey se gastó 10.000 dólares en la discoteca Gold Club durante su asistencia a los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.

Fue tal el escándalo que, lejos de agachar la cabeza, el monarca dedicó unas palabras a la prensa: «He leído algunos titulares que no han sido agradables, he hablado con mi familia y con la reina. Pasamos página y miramos adelante, porque tal como lo entiendo, estos asuntos ocurrieron hace mucho tiempo».

Como era de esperar, Camilla también habló para el diario Expressen: “Quiero seguir adelante con mi vida, igual que su majestad también tengo una tarea (…) Soy una persona pública, quiero que la gente confíe en mí y comprenda que no se puede estar orgullosa de todo lo que ocurre en la vida. Porque esto es algo de lo que no estoy orgullosa”.

Quien tampoco ha escapado al escándalo y los rumores ha sido la reina Silvia, quien de tanto en tanto ha tenido que lidiar con el supuesto pasado nazi de su padre, el empresario Walter Sommerlath, a quien habían acusado de comprar muy barato la empresa de un judío y que se afilió al Partido Nazi en 1934.

Carlos Gustavo y Silvia, en 2012 en Estocolmo.


Carlos Gustavo y Silvia, en 2012 en Estocolmo.

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En 2018, la monarca se pronunció: «No estoy intentando desmentir el hecho de que fuera miembro. Pero podrías preguntarte: ¿por qué lo hizo? Mi padre, como muchos otros, no sabía lo que pasaría luego. De haberlo sabido, no creo que se hubiera hecho miembro».

A pesar de los escándalos y los dimes y diretes, el rey Carlos XVI de Suecia vive feliz junto a Silvia Sommerlath en el Palacio de Drottningholm, declarado Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Los mejores momentos son cuando sus tres hijos y sus respectivas parejas acuden a visitarlos con sus nueve nietos.

Los que le conocen aseguran que es un abuelo entregado, cariñoso y juguetón. Al igual que la reina Silvia.

El próximo 30 de abril está previsto que, al igual que ocurrió con el día de su enlace, el pueblo sueco se lance a las calles para celebrar el 80ª aniversario del rey.

Está previsto que la reina Sofía (87) asista a los diferentes eventos festivos.



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