Ni el poder de Satán tiene tanto poder como el de Antonio Garrigós
«Ni el propio Satán tiene tanto poder como el de Antonio Garrigós Lucas«. Es la voz del propio tío Toni, el líder de la secta sexual de Vistabella (Castellón) y responsable de todo los que sucedía, la que pronuncia esta frase. «Él decía que, como era un enviado de Dios al igual que Jesucristo, le iba a suceder lo mismo. Por eso, para él, la Policía eran los romanos y, cuando llegaron, decía «he cumplido mi visión, vienen los romanos a por mí».
[–>[–>[–>Todo esto se puede escuchar en grabaciones de las clases de la ‘escuela del tío Toni’ y de boca de algunas de las víctimas de los abusos sexuales que el gurú perpetró en su masía de la localidad castellonense. Este es el principal documento que aporta el documental que ha estrenado este jueves Movistar + y que lleva por título ‘La Chaparra. Yo nací en una secta’.
[–> [–>[–>Antonio Garrigós falleció durante su estancia en prisión. / Mediterráneo
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En los tres capítulos de los que consta la serie, toman la palabra víctimas sexuales y otros componentes de la secta que relatan cómo se asentó esta comunidad, así como sus propios experiencias personales con el tío Toni y el proceso a través del cual abandonaron la Chaparra.
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Macrojuicio
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La Audiencia Provincial de Castellón acogió, entre noviembre y diciembre del pasado año, este juicio contra seis personas acusadas de asociación ilícita y de nueve delitos continuados de abuso sexual a menores de entre 12 y 17 años. La sentencia que condenó a cinco de los procesados, miembros de esta comunidad pseudorreligiosa establecida en Vistabella, a penas de entre tres años y medio y siete años de prisión, aunque su líder, Antonio Garrigós, no fue juzgado al haber muerto en prisión.
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Todos ellos los condenados han recurrido la sentencia. Estas personas formaban parte de la familia del tío Toni, una persona que «con tu voz te bloqueaba, te paralizaba. Yo me meaba de pequeño al escucharle». Esto lo explica Gabriel López que, junto a su padre Carlos, su hermana Sara y su abuela Eli protagonizan este documental.
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La familia entró en la Chaparra a través de Eli que, tras la muerte de su marido, conoció a Toni Garrigós a través de Juan Miguel Martínez y, junto a ella, llegó su hijo Carlos que apenas tenía 20 años. El tío Toni imponía las manos para procurar sanaciones y hablaba con los espíritus de los difuntos. En una de esas charlas, el marido de Eli le dijo que su dinero era sucio y, por eso, debía entregárselo a Toni para comprar la finca en Vistabella.
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[–>Enviado de Dios
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«Él era un enviado de Dios. Tras intentar quitarse la vida tirándose por un acantilado, vio la luz y a la Virgen que le dijo que llevaba mucha luz y tenía que darle su energía a otras personas», señala Eli. Así empezaron 30 años de vida en la Chaparra donde Carlos se casó con Conchi, una fanática de la secta con la que tuvo tres hijos, Sara, Gabriel y C., aún menor de edad.
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Cuando tenía un año y medio, «Gabriel se me quedó muerto en las manos, se le descolgó la cabeza, pero Toni la salvó la vida. Yo le debía la vida a Toni» explica Carlos sobre el hombre que controlaba las vidas de los miembros de la secta.
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Imagen de una de las sesiones del juicio que tuvo lugar a finales del año pasado. / Mediterráneo
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Sara afirma que «nos advertía del peligro de salir de la finca. Allí estaba el lado oscuro. El lado oscuro era ir a la feria, por ejemplo». Para protegerlos contra la negatividad del exterior, «nos daba mechones de su pelo o pétalos en un crucifijo. Eran un chaleco antibalas ante cualquier adversidad», comenta Gabriel.
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Sobre los abusos, los dos hermanos hablan de las hipnosis a la que el tío Toni sometía a Sara. «La obligaba a comer cebolla», comentaba Gabriel, «pero yo tenía que demostrar que me comía un melocotón muy jugoso. Tenía tanto miedo que no podía decir que no lo era», asegura Sara. «No podía caerle ni una lágrima y él podía hacerle cualquier cosa, porque Sara estaba supuestamente hipnotizada».
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Fue a los 12 años cuando Sara empezó a sufrir abusos sexuales por parte del líder de la secta. «En las escuelas se hablaba mucho de sexo. Quería que no dependiéramos de los hombres». Luego, Toni la metía en su habitación «y me decía que estaba bloqueada. Para que la luz corriera y la energía fluyera, debíamos practicar sexo. Yo pensaba que me estaba ayudando y lo hacía por mí, pero también pensaba que no me gustaba, no quería hacerlo”.
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Hasta los 17 años, Sara no encontró el valor para poder escapar de la finca y denunciar estos abusos.
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«Tenía joroba y andaba mal, pero ni se lo veías»
Eli, la abuela de la familia López y la persona que fue captada en un principio por el tío Toni, explica en el documental de Movistar + sobre la secta sexual de Vistabella que Antonio Garrigós «era una persona que había sufrido la polio, que tenía joroba y que andaba mal pero, cuando lo conocías, ni se la veías».
Su hijo Carlos también se vio arrastrado por el poder de seducción de este hombre. Afirma en el primer capítulo del documental que «veía bien a mi madre. Formaba parte de un grupo y ella estaba ilusionada. Yo iba alguna vez a su casa y un día me regaló un cristal de cuarzo, porque en aquella época me había aficionado a los minerales. Era un gancho con el que me atrajo también a la secta».
El tío Toni fue también capaz de convencerle de que se casara con Conchi, otra de las adeptas de la secta. «La idea del matrimonio fue de Antonio. El roce hace el cariño y no me pareció descabella la idea del matrimonio».
Pero, de vuelta del viaje de novios a Bali, «todo cambió. Estábamos cargados de negatividad por haber estado allí. Impregnados de oscuridad. Debíamos sanar, limpiarnos, reestructurar la luz del alma y ahí empezó a plantear cuestiones sexuales para sanar. Yo me sentó extremadamente mal, porque no entendía nada. Hice cosas que me dieron vergüenza y me hicieron sentir culpable».
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