Estar a la que salta, inversores y guerra de Irán
Los inversores ‘están a la que salta‘. Esta locución adverbial viene al pelo para explicar las razones por las que entre guerras y amenazas reiteradas de inflación con menor crecimiento económico las bolsas siguen en zona de máximos y las oportunidades de rentabilidad siguen existiendo. De nada sirven las advertencias que desde hace meses expresan grandes popes de la economía y la inversión, los índices siguen contradiciendo la lógica y se ha instaurado la máxima de que lo mejore es tomar decisiones en función de los mensajes de Donald Trump en Truth Social. Y el caso es que algunas empresas no están tan mal y que las dudas sobre el retorno inversor en los grupos que impulsan la inteligencia artificial no hacen mella. Se diría que se sigue la máxima de que ‘las previsiones nefastas no invalidan beneficios actuales’, algo así como las advertencias bancarias de la normativa Mifid pero al revés (ya saben, aquello de que ‘rentabilidades pasadas no aseguran las futuras’).
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Este viernes entra de manera provisional en vigor el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur (Argentina, Uruguay, Brasil y Paraguay). Tras más de 25 años de negociaciones, el tratado comercial abre oportunidades de negocio aunque todavía se enfrenta a varios interrogantes que ponen en duda su permanencia. Quizá por ese riesgo asociado, se olfatean grandes negocios para aquellos que estén ‘a la que salta’.
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Otro vector que ha sido polo de atracción para las ganancias es el energético. Es el nexo de unión de los seis valores de la bolsa española (Ibex 35) que más han subido hasta ahora en 2026. Repsol, ACS, Solaria, Acciona, Enagás y Endesa. Con la excepción de ACS, todas estas empresas están vinculadas al sector energético. Se diría que todas ellas han estado ‘a la que salta’ con la actual situación, aprovechando alzas de precios y tensiones en su favor. Y los inversores han estado también dando brincos para sumarse a la fiesta de plusvalías.
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Tipos de interés
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Y mientras los tipos de interés son punto de atención y los bancos centrales a la espera de si las tensiones inflacionistas pueden mitigarse o centrarse más en la energía que en el resto de la economía. El bloqueo del estrecho de Ormuz y las tensiones entre EEUU e Irán mantienen restringida la oferta en una de las rutas más relevantes del comercio energético global. En opinión de Sergio Cisternas, analista de mercados EBC Financial Group, «mientras el conflicto y las restricciones logísticas se mantengan, el petróleo podría extender el movimiento hacia la zona de 125–130 dólares. Un escenario de distensión, con reapertura efectiva de rutas y avances diplomáticos, podría llevarlo de vuelta a rangos de 100–105 dólares».
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En este contexto de incertidumbre económica internacional, ‘estar a la que salta‘ tiene plena justificación. La cuestión es estar pendiente de cualquier ocasión que se presente y no quedarse parado. Etimológicamente, lo de ‘estar a la que salta’ tenía otras connotaciones en el pasado; se refería a ‘ser un bribón y no querer trabajar’. Lo de no querer trabajar y aprovechar todas las oportunidades sin esfuerzo es la acepción más peyorativa del inversor actual. Desde la perspectiva más aceptada, no debe menospreciarse el esfuerzo del inversor por multiplicar su patrimonio y tampoco el tiempo requerido para ello. ‘Estar a la que salta’ significaba hace un par o tres de siglos ser holgazán y el rey de la picaresca. Por otra parte, sí que encaja la idea de que ‘estar a la que salta’ proviene de la jerga utilizada en la caza, cuando se intenta acertar con el cartucho calibre 12 a la liebre. Este lepórido, cuando se siente amenazado, tiende a pegar un gran salto antes de iniciar la carrera. Así, el cazador debe estar atento al brinco que precede la huida desenfrenada. No está tan mal la simbología en la que el inversor se dibuja como un cazador de oportunidades y que debe estar atento a cualquier cambio del entorno que le permita lograr la inversión de su vida. Aunque fallar puede tener un alto precio.
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