El debate sobre la eutanasia
Ángel Jiménez Lacave es oncólogo y magíster en Antropología Filosófica
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El día 21 de abril participé en un debate sobre la eutanasia en el Club de Prensa Asturiana de La Nueva España. Tras finalizar el acto, una de las personas que formaba parte del grupo favorable a la eutanasia se dirigió hacia mi y me preguntó: ¿ Cómo usted siendo médico está en contra de la muerte digna? Le respondí que el sufrimiento no disminuye la dignidad del enfermo y que la responsabilidad del médico radica precisamente en aliviar ese sufrimiento, procurarle la mejor atención y no eliminar al que lo padece.
[–>[–>[–>Al comprobar que la persona que me hizo la pregunta seguía escuchándome con atención, intenté explicarle el concepto de muerte digna. La dignidad. le dije, es una de esas palabras «grandes» difíciles de definir y que a menudo se utiliza como comodín para respaldar argumentos, en muchas ocasiones, opuestos. Añadí que se trata de un elemento central en la ética médica y en el derecho y que se toma como referencia el concepto de dignidad que propuso la ONU en la Declaración Universal de los Derecho Humanos en 1948.
[–> [–>[–>En el preámbulo de esta Declaración se dice que «La libertad , la justicia y la paz en el mundo tiene como base el reconocimiento de la dignidad intrínseca de los seres humanos». Es decir, la dignidad, le hice ver, es inherente a la persona, sea cual sea su situación. Es el fundamento básico de la Constitución Española ( articulo10,1 y 10,2) y de la alemana. Por lo tanto, aplicando este principio a una persona enferma no pierde la dignidad, por padecer cáncer, sufrir una minusvalía, tener una paraparesia ( caso de Noelia), estar en coma, o con sufrimiento intenso. La muerte, en todo caso, es digna si atendemos al enfermo lo mejor posible ( «lex artis»). Tras mis explicaciones mi interlocutora se despidió afectuosamente y asintió mi argumentación.
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La Declaración Universal de los Derechos Humanos surgió tras la segunda guerra mundial como guía para que ningún régimen totalitario o democrático volviese a sacrificar personas en aras de una ideología. Y establecer claramente que por ninguna circunstancia el ser humano pierde la dignidad. Error en el cayó la Alemania nazi al considerar que las personas con anomalías invalidantes, enfermedad mental, etc. eran vidas que no merecían ser vividas.
[–>[–>[–>Por el mismo motivo, tras la segunda guerra mundial, la Asociación Médica Mundial (AMM), organizó su primera Asamblea en Ginebra en 1948 para confirmar los principios hipocráticos entre los que se sitúa en primer lugar el deber del médico de procurar el bien del enfermo y no provocar su muerte. Dicho principio se incluyó en el Código de Deontología española en el articulo 38,4 que dice:»El médico no deberá provocar ni colaborar intencionadamente en la muerte del paciente». Por lo tanto, la participación del médico en la eutanasia entra en conflicto con lo establecido en el Código de Deontología Médica.
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Pero en el debate sobre la eutanasia lo que interesa es conocer la realidad; dicho de otro modo, saber si es cierto que hay muchos enfermos que piden la eutanasia. Por ello he preferido centrarme en mi experiencia en el tratamiento de enfermos oncológicos. Para no alargar el escrito intentaré referirme a tres momentos de la enfermedad: el momento del diagnostico, el momento del tratamiento y el momento cercano a la muerte.
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[–>El diagnóstico de cáncer supone un impacto profundo, ya no diriges tu vida, es la vida la que te dirige. Y sin entrar en detalles describiendo los cuadros psicológicos por los que se puede pasar: rechazo, negación, depresión, etc. , lo que siempre está presente, bien por parte del enfermo o de los familiares, es asegurar que va a ser tratado por un médico o un equipo competente. Y la otra reacción que suele aparecer es que se rechaza el tipo de conversaciones o relaciones previas a la enfermedad porque cambia la escala de valores. Pero no solicitan la eutanasia.
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El otro momento es el periodo de tratamiento, con sus esperanzas, con sus altibajos, pero con un denominador común y es que el sufrimiento humaniza. De tal manera que muchos enfermos desarrollan el deseo de hacer algo por los demás, y es frecuente que se ofrezcan como voluntarios en asociaciones o fundaciones. Pero no solicitan la eutanasia.
[–>[–>[–>Y en los casos en los que ya están convalecientes e intuyen que van a morir, la frase que se repite por boca de los familiares es: ¡ que no sufra! El enfermo no pide morir sino no sufrir. Y si, excepcionalmente, algún enfermo pide la eutanasia, suele hacerlo para no ser una carga para los familiares o por presentar síntomas que producen un sufrimiento intenso. Sin embargo, cuando se escucha al paciente, se le explica la situación y se le aplica el tratamiento sintomático oportuno, tal petición desaparece. Por ello pienso, que la eutanasia no responde a un clamor de los enfermos sino a una demanda ideológica. Porque para los casos extremos la medicina dispone de medidas proporcionadas para aliviar los síntomas refractarios incluyendo la sedación paliativa.
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