Antonio Oliva y la añoranza del Grupo de 1976, «el mejor equipo asturiano de balonmano de la historia»
Antonio García Oliva (Gijón, 1941) puede estar debilitado físicamente, pero cuando rememora el primer ascenso asturiano a la élite del balonmano, el del Grupo Covadonga que dirigía hace 50 años, le brillan los ojos. El técnico gijonés está obligado desde hace algún tiempo a moverse en una silla de ruedas, pero en su mente solo está acudir al acto de recuerdo que tributará la entidad grupista el próximo 9 de mayo, fecha del aniversario de aquel logro mayúsculo. «Fue el mejor equipo asturiano de la historia», sostiene Oliva, toda una referencia del balonmano regional.
[–>[–>[–>Oliva, tras dar sus primeros pasos en el balonmano en el Corazón de María gijonés, sacó el número 1 de su promoción en el curso de entrenador nacional. Era un técnico emergente cuando fichó por el Grupo Covadonga. «Estaba viendo un partido de baloncesto en el colegio de la Inmaculada y se me acercó Antuña (Agustín, un imprescindible del olimpismo español fallecido en 2024) y me dijo: ‘Oye, estamos buscando entrenador para la sección de balonmano del Grupo. ¿Te interesa? Tenemos un equipo, pero es muy malo’. ‘No te preocupes, que de eso me encargo yo’, le respondí», recuerda el veterano técnico gijonés.
[–> [–>[–>Primeros fichajes
[–>[–>[–>
Así empezó la labor grupista de Antonio García Oliva, que construyó un equipo desde los cimientos. «Cuando me echaron habíamos quedado quintos en División de Honor. No solamente se trató de subirlo, no solo de llevarlo hasta arriba, fue empezar de cero», apunta el entrenador, que recuerda con nitidez sus primeros fichajes: «Baudilio, que era extremo izquierda y central, y Mere, lateral y extremo. Estaban en un equipo de Sama que vi jugar contra el Grupo».
[–>[–>[–>
El conjunto grupista jugaba entonces en la segunda territorial de balonmano, y el primer paso fue subirlo a primera. Eso sucedió antes de que incorporase a Falo Méndez a su cuerpo técnico. «Yo estaba en la Atlética y el Grupo vino a jugar un partido. Tenían un buen equipo, ya tenían a Mariano (de la Puente). Al acabar, Antonio (Oliva) viene y dizme: ‘Estoy buscando un ayudante. Quieres venir al Grupo conmigo?’. Para mí, que tenía 20 o 21 añinos y además en la Atlética no cobraba, era un salto de calidad enorme», apunta Falo, que acude a menudo a visitar a su exjefe en la residencia geriátrica del Lauredal.
[–>[–>[–>Antonio Oliva ya no lo recuerda, pero Falo le apunta que el ascenso a categoría nacional se produjo en Cádiz. «Ya jugaba Gumi (Gumiel), creo que Parajina… había un equipo punterín», remata Falo.
[–>[–>[–>
Refuerzos de calado
[–>[–>[–>
Para el siguiente reto, el de situar al equipo al acecho del ascenso a la División de Honor, el tándem Oliva-Falo construyó una alianza entre Gijón y Avilés con lo mejor de cada cantera. Era un grupo con ambición, tanta que el técnico logró la incorporación de Meana y Vicente, que procedían nada menos que del Atlético de Madrid. «Eran internacionales absolutos, ¿eh?», subraya Oliva.
[–>[–>
[–>Antes del curso del éxito, aquel «superequipo», como lo califican sus técnicos, pagó peaje con una promoción perdida contra el Teucro. «Nos embarcaron mucho los árbitros. Eran de División de Honor, conocían al Teucro y a nosotros aún no nos conocía nadie», lamenta Oliva. Tras perder holgadamente en pista pontevedresa, el Grupo no fue capaz de remontar en La Arena.
[–>[–>[–>
Ascenso no sin dificultades
[–>[–>[–>
A la segunda fue la vencida. El rival en 1976 era el Gavá, que, pese a que contaba en sus filas con el máximo goleador de la División de Honor, López, sucumbió con claridad ante el Grupo, perdiendo los dos partidos. Pero llegar a la promoción no fue un camino de rosas, como recuerda Antonio Oliva: «teníamos un partido contra el Donibane (un equipo de Pasajes de San Juan, Guipúzcoa) y lo pusieron un domingo por la mañana en tercer lugar, después de uno de baloncesto y otro de voleibol. Pero el de voleibol no acabó a tiempo. La normativa obligaba a esperar 45 minutos, pero pasado ese tiempo no se había podido empezar y el Donibane, que andaba apurado en la clasificación, se fue de la cancha. Nos dieron el partido por perdido y nos descontaron otros dos puntos por sanción». La Federación, simplemente, aplicó el reglamento. «Llegó un momento en que no podíamos tener otro error», añade Falo. No lo hubo, y el Grupo logró el primer ascenso del balonmano asturiano a División de Honor un 9 de mayo de 1976 en pista catalana (19-20).
[–>[–>[–>Cuatro años en la élite
[–>[–>[–>
La permanencia del equipo grupista en la élite se extendió cuatro años. Dos con Antonio Oliva, que fichó a otro internacional, Pepe Llaneza, colocó al equipo séptimo y quinto respectivamente y regaló a la afición gijonesa un triunfo sobre el Barça de López Balcells y vivió múltiples anécdotas, algunas de ellas protagonizadas por los hermanos De la Puente. «Juanón llegó a entrenar con nosotros de juvenil, pero no a jugar, vino a ficharlo el Atlético de Madrid. Mariano, que repartía que daba gusto, decía a los árbitros antes de los partidos contra él que lo que pasase entre él y su hermano era un asunto familiar, que no se metieran», apunta, con una risa, Falo Méndez.
[–>[–>[–>
Relevo por Roncero
[–>[–>[–>
La historia de Oliva en el Grupo terminó ahí. El entonces presidente grupista, Rogelio Llana, decidió no renovarlo y entregar el equipo a José Antonio Roncero. El Grupo fue séptimo en su tercera campaña en División de Honor y descendió en la siguiente, cerrando un capítulo brillante que puso el balonmano en boca de todos y a sus gentes en una nube: «A nivel de material deportivo, de cancha de entrenamiento, de viajes… el Grupo era tremendo», apunta, con añoranza, el forjador de la hazaña.
[–>[–>[–>
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí