¿Debemos temblar ante el rearme alemán?
Ramón Punset es catedrático emérito de Derecho Constitucional
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Hace pocos días, Boris Pistorius (SPD), ministro de Defensa del gobierno de coalición que preside el canciller alemán Friedrich Merz, hacía esta rotunda declaración: «Nuestra ambición es, y debe ser, contar con el ejército convencional más fuerte de Europa». Y se habla ya de restablecer de forma progresiva el servicio militar obligatorio en el Estado de mayor capacidad económica de la Unión Europea. De momento se han adoptado medidas administrativas de pre-conscripción (sondeos del número de alistamientos voluntarios, exámenes médicos a los jóvenes, duración de sus permisos de permanencia en el extranjero…). Sorprende además que democristianos y socialdemócratas hayan decidido recortar las prestaciones sanitarias para afrontar el fuerte incremento previsto del gasto militar en el próximo ejercicio presupuestario. Mal deben de ver la situación geopolítica europea y la confianza que cabe albergar en el tradicional aliado americano, fehacientemente dispuesto a reducir el número de soldados actualmente desplegados en la República Federal. Con esto se cierra definitivamente el capítulo de cautelas y limitaciones subsiguientes a la rendición del III Reich en 1945. Por cierto, también el Japón, otro de los derrotados entonces, está en vías de reforzar significativamente sus Fuerzas Armadas, despertando de inmediato los recelos de China.
[–>[–>[–>¿Qué sentimiento debe provocarnos el anuncio de Pistorius? ¿Temor, aprensión al menos, indignación, tal vez alivio? ¿Existe el peligro de un IV Reich si gana las elecciones federales -cosa perfectamente posible según las recientes encuestas de opinión- el partido ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD)?
[–> [–>[–>Contrariamente a lo que solemos creer y proclamar, la Historia nunca se repite y los modelos históricos a los que todos somos tan aficionados únicamente nos sirven a efectos didácticos o dialécticos. Ni que decir tiene que las circunstancias actuales son totalmente diferentes de las de 1939. Hay en Europa, ciertamente, un Estado vocacionalmente expansionista y agresor, la Rusia de Putin, que trata de recuperar el Imperio soviético desaparecido en 1991, es decir, la mayor zona de influencia y dominio jamás alcanzada en su devenir histórico de diez siglos. Fue un triunfo de Stalin y del Ejército Rojo, pagado con veinte millones de muertos y conmemorado solemnemente cada año en una jornada de autoglorificación imperial. La anexión de Crimea y parte del Donbás en 2014 y la invasión del resto de Ucrania el 24 de febrero de 2022 han de entenderse dentro de ese firme propósito hegemónico. Con casi cuatro años y medio de guerra a sus espaldas, Kiev resiste a duras penas. Y hay que hacer algo más que renovar los créditos que la UE concede (ya en solitario, al cancelarse la ayuda financiera de Washington) a los sufridos ucranianos. Putin no se va a detener en su vocación expansiva. Y la traición de Trump a la OTAN forzosamente ha de excitar su apetito.
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En suma, el rearme alemán es necesario, y asimismo el de los demás países que componen la UE. La existencia de un ejército europeo integrado resulta todavía muy lejana, al requerir con toda seguridad un grado de subjetividad política que solo estaría al alcance de una Unión soberana y dotada de un mando militar único. Algo imposible por el momento. Gran Bretaña y Francia son potencias nucleares, cosa que a Alemania le falta, pero carecen del vigor económico germánico. Por tanto, la cuestión no es ya si resulta preciso que Alemania se rearme, sino si, para estrechar los lazos entre una Alemania militarmente reforzada y sus socios del proyecto europeo, es viable el endeudamiento común de los Estados miembros de la UE, Alemania incluida, en el proyecto de rearme de todos ellos.
[–>[–>[–>Alemania, pues, ha de permanecer bien anclada en el destino integrador de Europa. Esta es la más importante cautela que hay que establecer ante el rearme alemán. Porque, como escribió Jürgen Habermas, hace poco más de un año, «¿qué sería de una Europa en cuyo centro el Estado más poblado y con mayor poder económico se convirtiera además en una potencia militar muy superior a todos sus vecinos, sin estar integrado de forma obligatoria por el derecho constitucional en una política exterior y de defensa europea común sujeta a decisiones mayoritarias?».
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