Los jóvenes y la democracia
La Fundación SM acaba de hacer público el informe “Jóvenes españoles 2026”, basado en una encuesta realizada por 40dB entre marzo y abril. El documento revela datos del máximo interés para conocer la opinión y las actitudes de la población joven. Destaca el capítulo referido a la política. Aun siendo uno de los aspectos menos relevantes en sus vidas, la mitad de los jóvenes le conceden bastante o mucha importancia, de manera que el porcentaje de quienes piensan así ha aumentado notablemente en los últimos años. Una politización más intensa, sin embargo, no implica necesariamente un mayor apoyo a la democracia en general y, menos todavía, a la española en concreto.
[–>[–>[–>Según este sondeo, el 61% muestra una preferencia incondicional por un sistema político democrático, frente a un 26% que declara estar dispuesto a respaldar un régimen autoritario y un 12% de indiferentes, a los que les da igual la forma política. Una tercera parte de los jóvenes, por tanto, cuestiona la superioridad política o moral de la democracia. La insatisfacción con su funcionamiento en España ha alcanzado de lleno a los jóvenes. El 67% dice encontrarse poco o nada satisfecho. Desconfían de las instituciones políticas y en especial de los partidos. La inmensa mayoría opina que son todos iguales y considera que el reclutamiento de expertos para la gestión de los asuntos públicos mejoraría el rendimiento de la democracia. La mitad de los encuestados está de acuerdo en que a veces es conveniente emplear mano dura y restringir libertades, por ejemplo, para superar la polarización y facilitar la convivencia.
[–> [–>[–>Los jóvenes españoles se conducen prioritariamente por valores materialistas, como el empleo, el salario y la vivienda, y se decantan hacia la derecha, engrosando la tendencia dominante en la actualidad. Sorprende, no obstante, la escasa influencia de la ideología en sus actitudes políticas. Las diferencias observadas aparecen con frecuencia asociadas a las creencias religiosas y el nivel educativo. En resumen, los jóvenes españoles manifiestan un interés creciente por la política, y lo hacen adoptando una postura disconforme, que se refleja en una abstención electoral más elevada que en el resto de la población, en su insatisfacción y en las dudas sobre la democracia surgidas en un sector que va adquiriendo un tamaño significativo.
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Cabe interpretar las actitudes políticas de los jóvenes españoles como un mero síntoma de la cacareada crisis de la democracia. Pero es posible que también estén sacando a la superficie de nuestra democracia un problema de mayor enjundia, con raíces históricas, al que no se ha prestado la debida atención. En realidad, por el contrario, ha sido y sigue siendo olímpicamente ignorado, cuando no manipulado, en particular por la clase política. El informe concluye señalando el clamoroso déficit de una socialización cívica, de la que siguen careciendo los jóvenes españoles, que contribuya al arraigo de una cultura democrática auténtica.
[–>[–>[–>Para este empeño, nunca es tarde. Pero es preciso empezar por reconocer que la política nacional opera cada día que pasa en sentido contrario. No hace falta recitar otra vez toda la casuística acumulada en esta legislatura, sin ir más lejos, que se ha ampliado esta semana con la decisión de la Mesa del Congreso sobre las prórrogas indefinidas para presentar enmiendas, la culminación del despropósito de principio a fin que ha sido el trámite del decreto regulador del alquiler de viviendas, la renuncia del Gobierno parece que definitiva a presentar los presupuestos de este año sin que la cámara baja haya abierto la boca y, en fin, los hechos que se ocultan detrás de los escándalos que desfilan ante el Tribunal Supremo. No hay aquí suficiente espacio para enumerar la lista entera.
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El curso por el que discurre la política española no entrena bien para la democracia. El sistema educativo, salvando el encomiable esfuerzo de muchos de sus agentes, movidos por sus convicciones, su responsabilidad y su entusiasmo, tampoco. Los jóvenes sienten que sus inquietudes y sus problemas no son atendidos como merecen por los que toman las decisiones y manejan los recursos públicos, y que se les trata de distraer con reclamos de impacto en las redes. Ellos mismos son muy conscientes de la situación. Un grupo de alumnos de Ciencia Política a los que invité a debatir sobre el derecho de sufragio a los 16 años demandó de manera unánime que se incluya en la formación académica de los jóvenes el aprendizaje de un conocimiento básico de la política. Si nuestra democracia, establecida al final de una historia accidentada como pocas, no hubiera descuidado tanto la pedagogía política, quizá ahora estaría mostrándose más firme y democrática ante los desafíos que se ve obligada a enfrentar.
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