castillo medieval del siglo XII y un impresionante mar rosa de melocotoneros
Como dicen, la primavera altera la sangre. Esta época es perfecta para cualquier escapada disfrutando del sol en nuestra piel. Es mucho más que una estación, es un sobresalto emocional y sensorial.
Parece que el buen tiempo es sinónimo de vitalidad y energía, pero también de renacimiento y renovación. Y lo es aún más en lugares donde los campos florecen transformándose en mares visuales.
Un ejemplo de esto es aitonafamosa por ser el epicentro del florecimiento del turismo en España y por conservar un rico pasado medieval con paisajes espectaculares.
Aitona en flor
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Este pequeño municipio de 2.600 habitantes en la comarca del Segrià (Lleida) es un lugar mágico que atrae a miles de visitantes.
El núcleo de Aitona surgió alrededor de un castillo árabedocumentado en el año 1120, que se alza sobre un cerro que domina la localidad.
Hasta la expulsión de los moros en 1610, la mayoría de sus habitantes eran musulmanes. Esto explica el trazado laberíntico del barrio de Moreríahoy su casco antiguo.
Si visitas su centro podrás recorrer sus Calles estrechas que evocan la Aitona medieval.declarado Bien Cultural de Interés Local.
Destaca también la Iglesia de San Antolín MártirDel siglo XVIII y de estilo barroco. Cerca está el Ermita de San Juan de CarratalaDel siglo XIII y del mismo estilo arquitectónico. Posiblemente fue construida sobre una mezquita por los Caballeros Hospitalarios.
La iglesia de Aitona
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Aunque si por algo es conocida Aitona es por ella espectáculo de mar rosa. Tiene 400 hectáreas de durazneros, nectarinos y paraguayos que, desde finales de febrero hasta marzo, tiñen los campos de rosa, atrayendo 20.000 visitas al año.
Este fenómeno, potenciado por el suelo fértil del río Segre y el clima cálido, transforma el paisaje en un «mar rosa» ideal para la fotografía y el senderismo en familia, completando su patrimonio histórico.
Hay rutas para visitar los campos. Estos permiten el acceso a parcelas privadas acompañados de agricultores y guías locales. En el camino, los visitantes se sumergen en el ciclo vital de los árboles frutales, aprenden a diferenciar sus variedades de floración y se deleitan con la belleza de un paisaje que brilla en todo su esplendor.
Entre las rutas, la melocotonero en flor, el más emblemático y con una duración de 90 minutos que explica el ciclo de los durazneros, paraguayos y nectarinos.
Para aquellos que buscan algo más exclusivo, Fruiturisme Aitona ofrece cabalga sobre globo aerostático sobre los campos, sesiones de yoga entre flores o noches estrelladas con degustaciones de frutas dulces.
Si prefieres la autonomía, las rutas gratuitas son igual de cautivadoras. Destacan el Ruta de la Sierra Brisadonde tendrás espectaculares vistas panorámicas, o el Ruta de los Árboles Frutalesque se puede realizar en bicicleta o a pie.
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