Economia

Del propietario al nómada digital: la izquierda inventa otro culpable de la crisis de vivienda

Del propietario al nómada digital: la izquierda inventa otro culpable de la crisis de vivienda
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  • Publishedmayo 6, 2026




en su totalidad crisis de viviendaCon precios cada vez más elevados, tanto de venta como de alquiler, cobra especial importancia el debate sobre las causas del aumento de los precios inmobiliarios y las posibles soluciones que se podrían implementar. De esta manera, en Mercado libre Hemos insistido en numerosas ocasiones en que el factor fundamental que presiona los precios es la intervención pública en la oferta de vivienda.

Ante la evidencia de que lo que se esconde detrás de la crisis inmobiliaria es el control del suelo por parte del Estado y el exceso de burocracia, así como la persecución de los propietarios y la debilidad de la Estado de derechola izquierda intenta convencernos de que el problema radica en la especulación y la concentración de propiedades en unos pocos propietarios. Así, han encontrado un nuevo factor que, en su opinión, estaría impulsando los precios de la vivienda: nómadas digitales.

Nuevo chivo expiatorio

Después de haber señalado a los grandes propietarios y pisos turísticos por el aumento del precio de la vivienda, la izquierda ha decidido centrarse en los trabajadores del sector tecnológico que se desplazan fuera del país. En este sentido, el sociólogo Jorge Sequeraquien acaba de publicar el libro Nómadas digitales y precariedad algorítmica: plataformas en las ciudades del sur de Europaexplica en una entrevista en el periódico Público la tesis de este trabajo que, fundamentalmente, sostiene que los llamados nómadas digitales son una especie de «caballo de Troya de especulación inmobiliaria en las grandes ciudades del sur de Europa».

En este sentido, el autor explica en la entrevista que «la figura del nómada digital se ha convertido en un dispositivo ideológico muy útil para Ayuntamientos«: nos permite presentar como innovación y atracción de talento lo que en realidad es la continuación del modelo tradicional turístico-inmobiliario.» En este sentido, afirma que las ciudades del sur de Europa «reúnen una combinación de condiciones muy concreta: economías muy externalizadas y dependientes del turismo, mercados laborales estructuralmente precarios, viviendas ya muy financiarizadas antes de que llegaran las plataformas y administraciones públicas con una larga trayectoria de ofrecer bajos costes, flexibilidad regulatoria y clima como ventajas competitivas».

Así las cosas, Sequera subraya que «las plataformas no llegan a un territorio neutral, sino a uno que ya estaba preparado para ellas». De este modo, asegura que las consecuencias de este fenómeno serían «una presión brutal sobre la vivienda, expulsión de población residenteSegmentación del espacio urbano entre quienes pueden pagar lo que pide el mercado y quienes no pueden”.

Así, resulta especialmente interesante que el autor mantenga en la entrevista que «la plataforma no sólo afecta al trabajo o a la vivienda; está reorganizando toda nuestra vida cotidiana». En concreto, detalla que «estamos construyendo una nueva figura que podríamos denominar ciudadano suscriptoralguien que paga mensualmente por un montón de plataformas para cubrir necesidades que antes estaban cubiertas total o parcialmente por el Estado de bienestar«, algo que considera «una constante extracción de valor del tema que apenas se percibe porque llega en pequeñas entregas fragmentadas».

¿Racismo encubierto?

En ese contexto, en la entrevista a Sequera también le preguntaron sobre la diferencia que existiría entre nómadas digitales e inmigrantes. Al respecto, asegura que «la diferenciación es artificial y reproduce una racismo estructural «es bastante claro», dado que, en su opinión, «lo que hay detrás es una jerarquía migratoria construida sobre el lenguaje del talento: hay una migración deseable, la de aquellos que vienen con pasaporte occidental, dinero para alquilar caro y potencialmente para invertir en una puesta en marcha; y hay una migración problemática, la de quienes vienen a competir por el trabajo». En este sentido, el sociólogo defiende que «todo ese lenguaje económico liberal del capital humano de alto valor es pura ideología empresarial».

Pero es más, para Sequera esta dinámica implica una forma de servidumbre hacia las empresas que genera una dependencia extrema de la relación laboral. Según el autor, estos «nómadas digitales» «realizan tareas para empresas como Google cualquiera netflix que son muy repetitivos, tienen una alta rotación, y además viven en pisos que gestiona la propia empresa y que les descuentan de su nómina». Así, asegura que «eso significa que cuando pierdes el trabajo también pierdes el techo», señalando que «eso no es libertad ni nomadismo: es una forma bastante clásica de control corporativo con envoltura digital».

Sin embargo, según el sociólogo existe una idealización de este modelo productivo. «Esta idealización tiene una función política: cuando la narrativa dominante es que el trabajo digital te emancipa y te convierte en emprendedor de ti mismo, lo que es un problema estructural se individualiza», sostiene. De esta manera, según Sequera, «la precariedad como estilo de vida, la organización colectiva se vuelve más difícil y se desactiva la capacidad de nombrarlo políticamente como lo que es.

Sequera pone como ejemplo el caso de Barcelonaen cuyo mercado inmobiliario los nómadas digitales actuarían como catalizadores para hacer subir los precios. «A expatriado con un sueldo alemán, americano u holandés puede pagar en Barcelona lo que es inasumible para el mercado local, precisamente porque Barcelona es barata respecto a su lugar de origen», señala, y añade que «eso pone presión sobre el alquilar a medio y largo plazo, que es exactamente el segmento que está creciendo para evitar la regulación clásica del alquiler».



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