El Gobierno dio garantías a Escribano de que si dimitía y vendía las acciones se renegociaría la integración de la empresa en Indra
El Gobierno dio garantías a los hermanos Escribano, dueños de EM&E (firma de la familia que el martes vendió su 14,3% en Indra), de que si Ángel dimitía como presidente de Indra y se vendía la participación, se renegociaría la integración de la firma familiar en la cotizada, según han explicado a EL PERIÓDICO fuentes conocedoras de la operación. De esto modo, la sorprendente operación de venta acelerada del 14,3% llevada a cabo el martes, que se completó con la dimisión en el consejo de Indra de Javier Escribano, a la sazón presidente de EM&E, se interpreta como una manera de tender puentes con el Gobierno para renegociar la integración.
[–>[–>[–>Los medios consultados resaltan que «en ambos lados [Escribano y el Gobierno] hay interés» en retomar esas conversaciones y señalan que tanto la dimisión de Ángel Escribano como presidente de Indra hace tres semanas como la venta acelerada del paquete accionario «son una forma de volver» a las negociaciones. Ángel Escribano dimitió por presiones del Ejecutivo, a través de la oficina económica de Moncloa que dirige Manuel de la Rocha, aunque las fuentes consultadas insisten en que se le dieron garantías de que se reanudarían las conversaciones si los conflictos de intereses que había descubierto el Ejecutivo tras casi año y medio de presidencia de Escribano.
[–> [–>[–>No obstante, el hecho de retomar las negociaciones, con ser muy importante, no es definitivo. En el sector se reconoce que al igual que hay un interés mutuo por ambas partes en cerrar la operación, hay una desconfianza mutua que puede hacer que no llegue a buen puerto.
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Ganar tamaño
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En primer lugar, al Gobierno le interesa integrar Escribano en Indra. No solo por ofrecer una operación exitosa en el terreno de la defensa a través de la que denominó como campeón nacional o empresa tractora, sino porque es la manera más rápida de lograr un cierto tamaño, indispensable en una actividad como defensa, donde los 800.000 millones de inversiones previstos por la Unión Europea para reforzar la seguridad estratégica se repartirán en función del tamaño de las empresas y no por cuotas de representación de cada país en la UE. Escribano aportaría unos 2.000 millones a Indra, que ahora vale en bolsa menos de 10.000 millones y que pese a la integración estaría bastante lejos de los más de 55.000 millones de la alemana Rheinmetall, los más de 30.000 millones de la italiana Leonardo o los 48.000 millones de la francesa Thales.
[–>[–>[–>A Escribano, por su parte, le interesa formar parte de una gran empresa como Indra, sin olvidar que al final el gran cliente de Escribano, quien le da los contratos, es el Ministerio de Defensa, es decir, el Gobierno. De hecho, tanto Indra como Escribano funcionan casi como una unión temporal de empresas (UTE), ya que tienen sobre la mesa unos 4.000 millones en contratos conjuntos adjudicados en los distintos PEN (Plan Estrategico Nacional) que se han puesto en marcha. Y este año, además, pese a que no vaya a haber Presupuestos Generales, el sector espera que el PEN sea de unos 12.000 millones, unos 2.000 millones más que el del año pasado.
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Cabeza de ratón o cola de león
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Una de las dudas que planean sobre la operación es cuál sería el papel de los Escribano si se lleva adelante la integración y si se conformarían con este. Según algunos cálculos, una integración de Escribano en Indra daría a la firma familiar un porcentaje que podría rondar el 16% del capital, lo que les daría acceso a dos puestos en el consejo. Pero, ¿es sensato pensar que dos empresarios hechos a sí mismos y acostumbrados a tomar decisiones ejecutivas aceptarían un papel destacado en un consejo donde mandan dos pesos pesados como Ángel Simón (exconsejero delegado de Criteria Caixa) y José Vicente de los Mozos (expresidente de Renault España)? «La operación no es segura al 100%», explican medios consultados, que confiesan que esa es una de las grandes incógnitas, junto al hecho de que «igual que hay una necesidad por ambas partes, también hay un grado de desconfianza. Moncloa comprobó que Ángel Escribano no es fácil de manejar y éste quedó dolido por la manera en la que tuvo que renunciar a la presidencia».
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