El desayuno, en la paz y en la guerra
Durante muchos años, cuando vivía sola, el desayuno era una especie de ritual sagrado, la oportunidad de reactivar el cuerpo y el estómago después de ocho horas de inanición. Desayunar solo, en la tranquilidad de la cocina, era la forma natural de despertar, lenta pero seguramente, al nuevo y glorioso día.
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