EMIGRANTES MÉXICO LLANES | Los Ordóñez regresan al paraíso: «Quería venir a Asturias con mis hijos, para que lo vean y lo conozcan»»
Durante años, Asturias fue para Maribel Ordóñez Sobrino un territorio contado por su abuelo, una geografía hecha de nombres repetidos en casa, de recuerdos familiares y de escenas que cruzaron el océano antes que ella. Esta semana, ese mapa heredado empezó a tomar cuerpo en el oriente asturiano, donde ha llegado desde México acompañada por su marido, sus cuatro hijos y sus parejas.
[–>[–>[–>No es la primera vez que Maribel pisa esta tierra, porque ya había venido de niña con sus abuelos y regresó después en varias ocasiones, incluso en su viaje de recién casada, pero sí es la primera vez que toda la familia hace junta este recorrido por los lugares de los que tanto oyó hablar en casa. «Yo quería venir con mis hijos, para que lo vean y lo conozcan», resume Maribel, consciente de que hay viajes que no se hacen solo para mirar, sino para entregar una memoria.
[–> [–>[–>La ilusión de una familia
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El viaje diseñado y guiado por Adrián Fernández de AsturaMe, llevaba años rondando en la familia y estos días se ha convertido en algo más que una escapada. «Este viaje era la ilusión de mi madre», cuenta su hija Maribel Pérez, en una frase que explica por sí sola el sentido de una ruta que mezcla emoción, raíces y una vieja deuda con la historia familiar.
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A la izquierda, Jean Dubernard Schiavon, Paulina Pérez Ordóñez, Maribel Ordóñez Sobrino, Mariana Pérez Ordóñez, Víctor Jurado Silva, Maribel Pérez Ordóñez, Francisco Díaz-Canseco Velázquez, Maite Sanz Manero, Felipe Pérez Ordóñez y Felipe Pérez Cervantes. / Cedida a LNE
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En ese itinerario ya hubo momentos difíciles de olvidar, como la llegada a Covadonga, un nombre muy presente en la familia porque el padre de Maribel bautizó así su rancho en Querétaro. «Cuando llegamos allí, y lo vimos fue muy emocionante», recuerda. A esa emoción se sumó la impresión ante una tierra, que hasta ahora conocían sobre todo por los relatos domésticos. «Estamos impresionados con la naturaleza y los paisajes», señalaba Mariana Pérez.
[–>[–>[–>México, al otro lado de la casa
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La historia de esta familia también es la de tantos asturianos que entre finales del siglo XIX y comienzos del XX marcharon a América en busca de un futuro, y entre esos destinos estuvo México, donde la comunidad asturiana logró echar raíces duraderas. Los dos abuelos de Maribel emigraron en 1905 siendo apenas adolescentes, uno desde Santa Cruz de Mieres y otro desde Llanes, y al otro lado del Atlántico tuvieron que abrirse camino en tiempos duros, en plena Revolución mexicana.
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Uno empezó en una ferretería y otro como aprendiz de panadero. Con los años, Antonio Ordóñez Benito prosperó hasta levantar varias panaderías propias, algunas con nombres que devolvían a Asturias, como «La Panera», mientras Enrique Sobrino Pedregal puso en marcha una refresquera en la que elaboraba una bebida de manzana que en la familia siempre se interpretó como una forma de recordar la sidra. «Aún hay quien habla de intentar hacer sidra en México», cuentan entre risas.
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[–>Tradiciones que viajan
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En aquella emigración, los centros asturianos cumplieron un papel decisivo como lugares de encuentro, apoyo mutuo y conservación de la identidad, y el de México, fundado en 1918, fue una de esas casas compartidas para inmigrantes y descendientes. El abuelo de Maribel estuvo muy vinculado al origen de esa entidad, y en torno a ella, la familia mantuvo costumbres, afectos y una forma de seguir sintiéndose cerca de Asturias aun viviendo lejos.
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«Nos vestíamos para ir a las romerías del centro asturiano», recuerda Maribel, evocando aquellos trajes que sus tías mandaban desde Asturias y con los que la fiesta funcionaba también como una manera de no romper el hilo con el origen. Allí se celebraba, se compartían historias y también se tejían nuevas familias, hasta el punto de que muchos descendientes acabaron casándose con españoles, como ocurrió con el padre de Maribel.
[–>[–>[–>El paisaje y los nombres
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Lo que más está sorprendiendo a la familia no es solo la belleza del viaje, sino la sensación de entrar en una historia que parecía dormida y que aquí sigue teniendo memoria. En Arenas de Cabrales, durante una visita a una quesería, se encontraron con algo que no esperaban: que todavía hubiese gente que conociera a miembros de la familia. «Esperábamos venir a conocer los sitios, pero no esperábamos que la gente, conociera a la familia», cuenta Maribel Pérez, todavía sorprendida por esas memorias que aún perduran en nuestros pueblos.
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Ese tipo de escenas son las que convierten una visita en algo más profundo. El paisaje emociona, pero conmueve todavía más comprobar que el apellido, los recuerdos y los vínculos no se borraron del todo con el paso del tiempo ni con la distancia de un océano.
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Siguiente parada, Colombres
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La ruta continuó en el Archivo de Indianos de Colombres, un espacio dedicado precisamente a conservar la memoria de la emigración y levantado en la Quinta Guadalupe, que a su vez está ligada a la historia de un emigrante a México. Para la familia, la visita tiene un valor especial porque allí se guardan más huellas del abuelo, en forma de fotografías. En este enclave, han podido asomarse a esa parte de la historia, que dejó de ser solo íntima para formar parte de la memoria colectiva.
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Después de varios días recorriendo Asturias, este regreso al origen tiene además un símbolo añadido. Maribel y los suyos están haciendo este viaje estrenando el pasaporte español conseguido al amparo de la Ley de Memoria Democrática, de modo que la vuelta a la tierra de los abuelos coincide, casi como un cierre de círculo, con una nueva forma de pertenencia. No han venido solo a buscar de dónde salieron los suyos, sino a comprobar que, más de un siglo después, aquel viaje de ida todavía encuentra respuesta en el camino de vuelta.
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