El Rayo se mete en la final y Batalla regala a la Liga otra plaza Champions parando un penalti
El Rayo se paseó por Estrasburgo y estará en la final de Leipzig. Íñigo paseará en camiseta por la banda del Red Bull Arena el próximo 27 de mayo ante el Crystal Palace inglés. Los vallecanos dominaron a los franceses con una superioridad sobresaliente y pudieron golear a un rival que le quedó pequeño. El Betis además debería mandar un jamón a Batalla, el portero rayista, porque en el descuento paró un penalti y esta victoria asegura la plaza de Champions al quinto en la Liga española (que ocupan los verdiblancos). Los de Íñigo Pérez se convierten en el decimotercer equipo español que juega una final europea.
[–>[–>[–>La Conference League es un camino tortuoso que esconde trampas. Para las semifinales el destino escondía al Rayo Vallecano al Estrasburgo, un filial del Chelsea con capital estadounidense y la grada molesta con la sumisión de sus dirigentes a las órdenes del club londinense. Advertían desde Francia que los vallecanos tendrían que surfear un tsunami de inicio en Alsacia tras la victoria mínima madrileña logrado en la ida en el barrio, pero si algo tiene el equipo de Íñigo Pérez es personalidad. Y lejos de dejarse intimidar, el partido fue un ejercicio de superioridad insultante de los rayistas.
[–> [–>[–>Alemao sella el billete para la final
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En la primera parte, donde se sobrepuso a la lesión de Akhomach en el calentamiento, los madrileños coleccionaron ocasiones ante la portería de Penders. Alemao, De Frutos, Isi… Se lamentaba Pérez en el banquillo, pero los alsacianos apenas pisaban campo rival asfixiados por la valiente presión vallecana. Y cuando todo parecía que se llegaría al descanso con el Estrasburgo vivo, un córner terminó con una segunda jugada en la que remató Lejeune con el pie, rechazó Penders y Alemao la empujó a la red. Gol merecido que ponía al Rayo con un pie en la final y dejaba muy tocado a un Estrasburgo que en ningún momento dio sensación de ser rival para los de Íñigo.
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En la previa los rivales culparon al tamaño de Vallecas de la derrota en la ida, pero en esta vuelta lo único que se demostró es que con espacios o sin ellos, con balón o sin él, el Rayo era infinitamente mejor equipo que este Estrasburgo despersonalizado. La segunda mitad fue una continuación de lo ocurrido en el primero. Ni un gramo de suspense, ni un atisbo de remontada francesa. El Rayo mandaba, creaba ocasiones, jugaba a las cuatro esquinas con los locales y dejaba pasar los minutos acercándose a su sueño. Solo en el arreón final los locales disfrutaron de alguna ocasión de Godo o Valentín Barco que más que inquietar al Rayo ponía en peligro la plaza Champions de la Liga, que quedaba asegurada con un triunfo vallecano. Porque en el descuento un penalti por mano de Valentín fue detenido por Batalla asegurando el triunfo y la plaza de Champions para la Liga. El Rayo hizo historia y jugará merecidamente su primera final europea en un año de ensueño para la vecinos de Vallecas.
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