Luces y sombras, para Asturias, en el despertar del acuerdo histórico UE-Mercosur
Por fin. Tras veinticinco años de un cortejo diplomático que ha durado más que muchas hipotecas y casi tanto como las obras de la variante de Pajares, el 1 de mayo de 2026 ha dejado de ser una fecha marcada en el calendario de las utopías. La entrada en vigor provisional del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur es una realidad que nos despierta de un plumazo jurídico del escepticismo crónico. Hablamos de un mercado de 700 millones de personas y casi del 30 % del PIB mundial bajo un mismo techo normativo. Pero, como todo en esta vida —y más si hay asturianos de por medio—, el festín viene con su dosis de letra pequeña y sus sombras alargadas.
[–>[–>[–>El tablero cambia de forma radical para una Asturias con lazos de toda índole con Hispanoamérica. No es solo que se visite a nuestros asturianos y votantes en esas zonas de Iberoamérica, son nuestros intereses, oportunidades y proyectos que muchas personas y empresas empresas posibilitan, esas que ya tienen más que un pie puesto en Argentina, Uruguay o Brasil, o los que lo intentan poner, gracias a la sentida e incansable labor de la asturianía en el exterior.
[–> [–>[–>Muchas encuentran ahora un bálsamo arancelario. Ver cómo disminuyen los gravámenes del 90% (aproxoimadamente) en unos sectores y de amigables porcentajes en otros hacen que las trabas comerciales empiecen a disolverse adecuadamente, es una victoria (a la espera que se apliquen las garatias y salvaguardias para los más afectados por el concierto) que debe celebrarse en los despachos institucionales de la calle Fruela, en las naves de nuestros polígonos y en las cuadras de nuestro agro.
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Sin embargo, no conviene mirar este hito de forma aislada. La reciente visita y misión institucional a México, liderada por el presidente Adrián Barbón —y que ha contado con una cobertura excepcional del diario LA NUEVA ESPAÑA, permiten que desde el Principado sigamos cada paso en Veracruz y Ciudad de México—, subrayando un músculo productivo asturiano que está más vivo que nunca. Aunque se debe explicar que México se enmarca en el acuerdo de modernización global con la UE y no estrictamente en el Mercosur, la sinergia es obvia: Asturias, los asturianos, y en ambas direcciones, estamos tejiendo una red de influencias que conecta el Cantábrico con los nodos más dinámicos de Iberoamérica y Europa. El hermanamiento de FADE con el empresario asturmexicano o el histórico de Oviedo y Veracruz es, en mi opinión, solo la punta del iceberg de un potencial enorme de colaboración y cooperació en muchos sentidos.
[–>[–>[–>Sobre todo si apartamos, y superamos, los sinsentidos sectarios y demagogos.
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Las luces brillan con fuerza en sectores de futuro como las energías renovables, la digitalización, la agroindustria de valor añadido y otros mucho. El puerto de El Musel, en Gijón, está llamado a ser la gran puerta de entrada y salida de este flujo atlántico. Pero para que este puerto funcione a pleno rendimiento, necesitamos que la conectividad no sea nuestro eterno talón de Aquiles. La mejora de las conexiónes de Asturias con los grandes hubs europeos y Madrid, tanto por vía ferroviaria como a través de unas líneas aéreas competitivas, es la condición sine qua non para que este tratado no nos pase de largo hacia otros lares.
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[–>Las sombras son las de siempre: algunos sectores necesariamente subvencionados en aras de la soberanía alimentaria, la ineficiente y bochornosa lentitud burocrática y el temor a que nuestra industria no corra— o se ponga las pilas– con suficiente garbo. Saber que el éxito no se firma en un despacho de Bruselas; se construye en los incentivos diversos y la capacidad de nuestras pymes para entender que, por primera vez en un cuarto de siglo, el «Charco Atlántico » es mucho más estrecho y los asturianos tenemos más facilidades para cruzar en ambas direcciones ese puente de nuestro porvenir.
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