Los alimentos ya no son asequibles
Hace semanas que muchas familias en el Líbano no se sientan en una mesa a comer. Tampoco eligen lo que van a almorzar. Incluso se ven forzadas a renunciar a la cena. Detrás de las consecuencias directas de la guerra —las muertes, el desplazamiento, la devastación—, hay un ruido que, de forma progresiva, va extendiéndose entre la población. Es el rugido que hace el estómago cuando el hambre aprieta. Y, en el país de los cedros, el hambre cada vez aprieta más fuerte. Alrededor de 1,24 millones de personas, o casi una de cada cuatro, se enfrentan a altos niveles de inseguridad alimentaria, según el último análisis de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (CIF).
[–>[–>[–>«Si bien los alimentos siguen estando disponibles a nivel nacional, el principal problema es que ya no son asequibles«, denuncia Rasha Abou Durgham, portavoz del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en el Líbano. «Los hogares vulnerables cada vez tienen menos acceso a la comida por el aumento de los costes del transporte y de los propios alimentos, a medida que sus ingresos continúan disminuyendo», afirma a este diario. Todos los grupos de población se han visto afectados por este agravamiento de la situación alimentaria, pero, a nivel geográfico, el impacto es mayor en el sur del Líbano, sometido a los continuos bombardeos israelíes y las demoliciones de infraestructuras que bloquean las carreteras.
[–> [–>[–>Pese al alto el fuego en vigor, la realidad en muchas partes del país de los cedros es la misma que cuando no lo había. La ilusión de los primeros días motivó a decenas de miles de personas a retornar a sus hogares. Cuando, a su llegada, encontraron sus hogares destruidos, el fantasma de la violencia sobrevolando sus cabezas y la falta de servicios básicos, como electricidad, agua o centros de salud, centenares decidieron emprender esta vez el camino de regreso a sus refugios. Al menos 120.000 libaneses siguen repartidos entre 626 refugios públicos, según el ministerio de Asuntos Sociales. La gran mayoría están ahí sin nada que hacer, sin poder trabajar, porque sus medios de subsistencia están vinculados a esa misma tierra que se han visto forzados a abandonar.
[–>[–>[–>
Pulmón verde asediado
[–>[–>[–>
Estas trágicas condiciones obligan a muchas familias a depender de la ayuda humanitaria que llega hasta los refugios, aunque a veces eso solo suponga comer una vez al día, en función de la coordinación de la respuesta de asistencia. Para los miles de personas que han decidido quedarse en sus aldeas en el sur del Líbano y que aún siguen con vida, los suministros llegan con cuentagotas, a menudo gracias a convoyes humanitarios como los que organiza el Programa Mundial de Alimentos. En las regiones de Bint Jbeil, Marjayun, Nabatiye y Tiro, todas en el sur, tanto la población libanesa como los refugiados sirios han sufrido los mayores incrementos de sus niveles de inseguridad alimentaria. Estos afectan a entre el 55 y el 65% de la población, incluyendo un 10% de personas que se encuentran en la Fase 4 del CIF, la fase de emergencia.
[–>[–>[–>La región oriental del Líbano es uno de los principales pulmones verdes del país y su devastación tiene graves consecuencias. «Las cifras son sumamente alarmantes: más de 56.000 hectáreas de tierras agrícolas, casi una cuarta parte de la superficie cultivada total del Líbano, han sido afectadas», señala Nora Ourabah Haddad, representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) en el Líbano. «Cerca del 78% de los agricultores en las zonas afectadas del sur no pueden acceder de forma segura a sus tierras durante un período crítico de siembra y cosecha«, dice a EL PERIÓDICO. Además, la ocupación del 5% del territorio libanés por parte de las tropas israelíes en la región fronteriza impide el acceso a las plantaciones agrícolas de decenas de familias que dependen económicamente de ellas.
[–>[–>[–>
Contexto previo
[–>[–>[–>
Muchas de ellas se han visto forzadas a estar físicamente lejos de su tierra. Este desplazamiento continuado supone un «factor agravante importante para la inseguridad alimentaria», cuenta Ourabah Haddad, «no solo porque las personas se ven obligadas a abandonar sus hogares, sino porque el desplazamiento altera prácticamente todos los aspectos de la estabilidad familiar y la vida cotidiana.» Por ello, muchas de estas familias se ven obligadas a reducir la cantidad y la calidad de los alimentos que consumen, a saltarse comidas o, incluso, se endeudan o venden algunos bienes esenciales con el objetivo de sobrevivir. El encarecimiento de los precios ha afectado a aquellos individuos que no han sido desplazados, pero que, de pronto, ven que no pueden permitirse comprar lo que solían.
[–>[–>
[–>El agravamiento es noticia, pero el país de los cedros ya partía de una situación preocupante antes del conflicto. «La inseguridad alimentaria en Líbano se ha vuelto cada vez más estructural desde 2019«, explica Abou Durgham, en referencia al año en que empezó la crisis económica que azota desde entonces el país, y que el Banco Mundial consideró una de las peores debacles financieras en todo el mundo desde 1859. «Muchos hogares ya tenían dificultades para cubrir sus necesidades básicas antes de la última escalada, y ahora, los avances logrados anteriormente en materia de seguridad alimentaria se han revertido», lamenta la representante del PMA. Estos retrocesos están afectando a al menos 380.000 niños en riesgo de inseguridad alimentaria, según Save the Children.
[–>[–>[–>
Ecocidio
[–>[–>[–>
Organizaciones humanitarias internacionales como la FAO o el PMA ya hablan de una «crisis nacional«, mientras que las pequeñas oenegés locales multiplican sus esfuerzos y amplían sus llamados para conseguir más voluntarios que cocinen para la población desplazada. «De muchas formas, la crisis no se está convirtiendo no solo en un desafío humanitario y económico, sino también en una amenaza estructural para los sistemas agroalimentarios del Líbano, los medios de subsistencia rurales y la seguridad alimentaria a largo plazo», añade Ourabah Haddad. Además de los casi 9.000 muertos en todo el país, la ofensiva israelí ha quemado desde 2023 hasta 2.154 hectáreas de huertos, incluyendo 814 olivos y 637 plantaciones de cítricos, y ha destruido 5.000 hectáreas de bosques, según el Consejo Nacional de Investigación Científica.
[–>[–>[–>La ministra de Medio Ambiente, Tamara el Zein, ha acusado a Israel de ecocidio «por la escala y la intencionalidad de los daños sobre bosques, tierras agrícolas, ecosistemas marítimos, recursos de agua y calidad atmosférica». Mientras el sur del Líbano combate las bombas israelíes con verdosos prados, árboles en flor y aromas cautivadores, nadie puede ir a recoger sus frutos. Con la perpetuación de este bloqueo, el eco de los estómagos rugientes sigue extendiéndose por todo el país.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí