Trump necesita una victoria ya
«La geografía sirve, ante todo, para hacer la guerra», nos enseñó el profesor Yves Lacoste. Los estrategas de Trump no debieron leer ese libro, ni siquiera el título, y lo embarcaron en la guerra de Irán, ahora embarrancada. Tampoco aprendieron en clase de historia que el ejército más poderoso del mundo en el primer tercio del siglo XIX, el de Napoleón Bonaparte, con seiscientos mil soldados, fracasó en la conquista de Rusia al ser derrotado por el denominado «General invierno».
[–>[–>[–>La historia se sucede; los protagonistas cambian pero los accidentes geográficos y sus condicionantes perduran. El «General invierno» es hoy el estrecho de Ormuz. Ahí está detenido el formidable ejército estadounidense. No sabe cómo retirarse aparentando una victoria. Mientras, algunos medios, aunque cada vez más controlados, publicitan lo evidente: como la portada de «The Economist» que sin rodeos anunciaba que Trump está perdiendo la guerra de Irán. Sus asesores militares erraron; o quizás los que le advirtieron del peligro fueron reemplazados.
[–> [–>[–>Por eso Donald Trump nos va a invitar muy pronto a mirar hacia otro lado para tapar el fiasco actual. Cuba, que está en su última agonía, sin petróleo, con apagones que duran días, sin medicamentos ni alimentos, es una opción. Venezuela, donde la esperada transición hacia la Democracia no arranca, sería otra.
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Pero no descarten México, que es palabra mayor por la dimensión del país y los lazos cruzados en economía y demografía. Según el prestigioso columnista mexicano Jorge Fernández Menéndez, un tercio del territorio mexicano está controlado por el poder del narco. Según Trump no es un tercio, sino los tres tercios. Todo. Sigan las acusaciones desde Washington al gobernador de Sinaloa por conexiones con el narcotráfico. Podrían empezar por ahí. En aplicación de las cuatro estrategias de la actual Casa Blanca sobre Seguridad, Inteligencia, Narcotráfico y Terrorismo, no sería de extrañar que Trump interviniera con aparatosidad antes de noviembre, cuando están fijadas elecciones legislativas intermedias en EE UU. Por si no es posible evitarlas, con las encuestas tan bajas como ahora, ya se maquina redistribuyendo distritos electorales para favorecer a candidatos republicanos.
[–>[–>[–>Los otros frentes de guerra siguen su curso: con la Unión Europea sobre los aranceles; contra el Papa por sus llamamientos vehementes a la paz que incomodan a Trump y a su socio Netanyahu; contra los inmigrantes, hasta consolidar un estado de ansiedad permanente no solo en hispanos, sino también en asiáticos; investigadores e ingenieros del Silicon Valley incluidos. Pero de la paz en Ucrania, en Palestina o en el Líbano, ni media palabra. La consigna a los medios afines es mirar para otro lado. Y, por supuesto, nunca hacia África, donde el genocidio entre guerras civiles y fracciones no cesa.
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A la espera de esa imagen de victoria en algún lugar que le permita un relato victorioso que los datos niegan, la Casa Blanca entretiene al público mundial con desclasificaciones malabaristas, como en un circo. Lo más reciente ha sido la comunicación del expediente sobre los extraterrestres. El Pentágono (ahora llamado Ministerio de la Guerra) suelta información y sabemos de avistamientos de ovnis (objetos volantes no identificados) por parte de astronautas, fotógrafos y aficionados a mirar las estrellas. Nada especial de momento. Solo puro despiste para que olvidemos el fiasco de Irán. Borrell fue más rotundo: «Desde 1945, los norteamericanos no han ganado ninguna guerra: ni Corea, ni Vietnam, ni Oriente Medio; ni Irán». Trump odia estar entre los presidentes perdedores. De momento está ahí.
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