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casas-palacio del siglo XVIII, agua en sus calles y una lengua propia

casas-palacio del siglo XVIII, agua en sus calles y una lengua propia
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  • Publishedmayo 11, 2026



En plena sierra de Gata, muy cerca de la frontera con Portugal, San Martín de Trevejo Aparece como uno de esos pueblos sacado de un mapa antiguo: calles empedradas, techumbres de pizarra y casas de entramado de madera que se inclinan ligeramente hacia la calle.

Este municipio en la provincia de Cáceres, en Extremadura, no solo pertenece a los «Pueblos Más Bonitos de España«, sino que también es uno de los últimos reductos de la lengua «A Fala», un rasgo que le convierte en un caso único dentro del panorama cultural español.

Sus orígenes se pierden en la antigüedad, pero los testimonios arqueológicos se sitúan aquí asentamientos desde la Edad de Bronce y la Edad de Hierro.

San Martín de Trevejo

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En la época romana y, sobre todo, en la musulmana, la zona se fortificó como punto de defensa y fronterahasta que los reyes de León y Castilla la incorporan a sus dominios, repoblando el territorio con antigua gente del reino de León y de Galicia.

En el año 2000, el conjunto histórico de San Martín de Trevejo fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico-Artísticoun reconocimiento que no solo protege los edificios, sino también el trazado urbano, las calles empedradas y la arquitectura tradicional.

Pasear por el casco es moverse entre piedra, madera y agua viva: las casas de dos alturas, con planta baja de piedra donde antaño se guardaba el ganado y primer piso de entramado de madera y adobe, sobresalen sobre vigas que recuerdan al estilo de la sierra de Gata.

En las vigas salientes sobre las puertas se pueden ver motivos geométricos, figuras labradas, cruces o símbolos protectores, símbolos pequeños que convierten cada fachada en algo más que una simple vivienda.

Junto a las puertas, flores, plantas y pilones de piedra refuerzan la sensación de pueblo vivodonde el patrimonio no se exhibe en vitrinas, sino que se integra en la cotidianidad.

El corazón del pueblo tarde en la Plaza Mayorfortificada, empedrada y rodeada de edificios que cuentan su historia. En el centro, un pilón o fuente muestra el escudo imperial de Carlos V. Junto a ella, el agua de los regatos discurre por canalizaciones de piedra, recordando que el pueblo se construyó en torno al agua.

Alzándose sobre la plaza, la Torre Campanario conserva el escudo y en su día fue utilizado como cárcel. A su lado se levanta el Palacio de la Encomiendaun edificio rectangular con rasgos palaciegos.

Repartidas por el casco antiguo, otras casas palacio como la del Ajesto o la de Santos Agüero muestran escudos heráldicos y balcones de granito, testimonio de la presencia de familias acomodadas.

Uno de los iconos del pueblo es la iglesia parroquial de san martin de toursdedicado al santo patrón. De tres naves, fue construida en el siglo XVII sobre un edificio anterior.

Fuente San Martín de Trevejo.jpg

Fuente San Martín de Trevejo.jpg

El encanto de San Martín de Trevejo no se queda solo dentro del casco; alrededor, la sierra de Gata se despliega un paisaje de bosques, arroyos y viejos caminos que invitan al paseo.

Uno de los rincones más apreciados es El Chafariluna piscina natural formada por las aguas del arroyo donde los visitantes se bañan en verano, mientras un pequeño puente de un solo ojo y arco de medio punto se asoma cubierto por la vegetación. Desde el pueblo parte también rutas de senderismo hacia el Castañar.

Aunque, sin duda, su rasgo más singular es su lengua «La Fala del Val de Xálima«, una variedad de origen galaico-portugués que se habla en el valle de Xálima. Surgió en la frontera entre la influencia castellana, leonesa y portuguesa, y se ha mantenido viva gracias a familias que siempre la usaron en casa, en el campo y en la vida cotidiana.

San Martín de Trevejo es un pueblo de la frontera que se ha convertido en baluarte de una lengua casi desaparecidaanclada en la piedra de su casco histórico, en el agua de sus regatos, en las tablas de Morales de la iglesia y en el eco de la campana de la torre.

Es un lugar ideal para el viajero que busca no solo un “pueblo bonito”, sino un relato histórico, cultural y lingüístico.



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