Llueven bombas y nazis sobre el Glasgow de Alan Parks
A Harry McCoy, el obstinado detective que Alan Parks (1963) creó para patrullar los bajos fondos del Glasgow de los años 70, le ha salido un inesperado compañero. O, mejor dicho, un antepasado. Un expolicía recién llegado de las trincheras francesas a una ciudad duramente castigada por el Blitz. En su hoja de servicios, un retrato robot en apariencia poco prometedor. A saber: sargento de los Highland Fusiliers herido en Dunkerque y actualmente de baja médica. Lesiones irreparables en ligamentos y músculos de la pierna izquierda y un ojo prácticamente inservible. «Tiene secuelas y heridas físicas, pero también estrés postraumático, así que tiene que gestionar todo eso», desliza Parks a la hora de presentar a Joseph Gunner, maltrecho protagonista de ‘Cielo rojo sobre Glasgow’ (Tusquets) y de la nueva trilogía con la que el escocés viaja a 1941 para tomarse un respiro de la serie McCoy.
[–>[–>[–>En el menú, intensos bombardeos sobre la ciudad del Clyde, chutes de morfina, un maquiavélico plan de colaboración entre Servicios Secretos británicos y jerarcas nazis y la insólita irrupción aérea de Rudolf Hess, lugarteniente de Hitler que en mayo de 1941 viajó en secreto a Escocia y saltó en paracaídas sobre el sur de Glasgow para supuestamente negociar un tratado de paz. «Existen muchas teorías sobre posibles encuentros con la aristocracia británica, pero Hess era un tipo muy extraño que creía en la astrología y en cosas un tanto esotéricas, así que en realidad nadie sabe qué es lo que pretendía realmente. Es un auténtico imán para todo tipo de teorías de la conspiración y eso para mí es un regalo», explica.
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La trama histórico-política, con soldados alemanes apresados en campos de internamiento en los alrededores de Glasgow y entusiastas del Tercer Reich suspirando por «una Gran Bretaña gobernada por la aristocracia bajo la tutela de los nazis», comparte aquí protagonismo con una derivada puramente delincuencial repleta de maleantes sin escrúpulos ni principios. Gente que aprovecha el caos de la contienda para hacer caja, ya sea traficando con medias de nylon o estafando a familias judías con falsas promesas de rutas de escape.
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«La época de guerra no exime a nadie de ser horrible, pero para mucha gente es una oportunidad. En Glasgow, como en muchos otros lugares, se ganó muchísimo dinero con el mercado negro o los contratos gubernamentales que hacían bajo mano», explica Parks, cuyo interés por la época fue a más cuando fue consciente del vacío de poder y autoridad en las grandes urbes. «El crimen estaba en auge porque no quedaba nadie para investigar. La mayor parte de la policía se había ido al ejército, así que tuvieron que recuperar a agentes ya jubilados», recuerda.
[–>[–>[–>Crimen casi perfecto
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Con semejante panorama se encuentra Gunner cuando regresa a la ciudad para recuperarse de las heridas del frente y acaba reclutado por su antiguo jefe para investigar una extraña muerte. Entre las múltiples víctimas que han dejado los bombardeos incendiarios sobre los astilleros de Glasgow y Clydeside, hay una víctima que no encaja: un ciudadano alemán con la cara desfigurada y las puntas de los dedos metódicamente amputadas. Un crimen casi perfecto que se ramifica entre matones locales, estudiantes de élite con malas pulgas, policías corruptos y simpatizantes del Partido Comunista.
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Alan Parks, fotografiado en Barcelona antes de la entrevista / Pau Gracià
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Parks en estado puro, solo que con otro decorado y otro destino grabado en su máquina del tiempo narrativa. «Son épocas extrañas, de cambio rápido, y tanto McCoy como Gunner tienen que actuar sin saber muy bien qué está pasando», sopesa el escocés. Cada serie, sin embargo, tiene su propio camino: a Gunner le quedan dos novelas más, una ambientada en Nueva York y la otra en Francia, y McCoy regresará en breve a la librería con ‘Las tumbas de julio’, séptima entrega de las 12 que prevé escribir Parks.
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[–>Lo normal sería que ambas sagas avanzaran sin rozarse, pero cuesta no intuir conexiones espirituales, por decirlo de algún modo, entre los temibles hermanos Sellars de ‘Cielo rojo sobre Glasgow’ y el impulsivo Stevie Cooper, capo del hampa local y amigo de infancia de Harry McCoy. «Eres la segunda persona que me pregunta sobre esto hoy, así que igual me tengo que espabilar, ponerme las pilas y buscar esa conexión que no me había planteado hasta ahora», replica el escocés. Todo llegará.
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