Es lógico el alarmismo con el hantavirus porque la covid está reciente, pero las situaciones no con comparables
Fernando Lamata Cotanda (Madrid, 1954), experto en Salud Pública y Políticas de Salud, participa este jueves en la «Escuela de Salud» de la Agrupación Socialista de Gijón. Lo hará con la charla-coloquio «40 años de Sanidad Universal en España». «La Agencia Estatal de Salud Pública será un gran avance para mejorar la coordinación y la eficacia», destaca.
[–>[–>[–>¿Cómo ha evolucionado la sanidad estas décadas?
[–> [–>[–>Ha cambiado mucho. Se ha conseguido que la atención sanitaria sea un derecho para todas las personas. La Ley General de Sanidad fue un hito importante que reflejaba la visión humanista de la sanidad para tener una vida digna, para disfrutarla, trabajar y envejecer en condiciones razonables. Hubo mejoras en Atención Primaria tras la ley. Los equipos empezaron a ofrecer una atención integral, con continuidad asistencial, y recogiendo la historia clínica. Además, la salud mental anteriormente estaba en un circuito aparte pero se crearon unidades de salud mental en los hospitales generales y equipos comunitarios.
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¿Cuáles son los retos actuales?
[–>[–>[–>Fundamentalmente recuperar la financiación y tener los recursos suficientes que necesita el sistema. Desde la crisis financiera estos se recortaron y se han recuperado parcialmente, pero no lo suficiente. La población, sobre todo la mayor, ha aumentado. También la necesidad. Tener unos recursos sanitarios de nivel requiere un 20 % más sobre la dotación actual, aproximadamente. Hay que mejorar el gobierno del sistema, la coordinación, coherencia y cooperación entre las comunidades autónomas y el Ministerio de Sanidad. Y hay que apostar por una Atención Primaria de calidad, que se ha ido debilitando. Asimismo, el gasto farmacéutico tiene un exceso de ineficiencia por precios muy elevados de los nuevos medicamentos. Hay que llevarlo a una dimensión más razonable.
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Las listas de espera son una de las principales preocupaciones de la ciudadanía.
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[–>Es el problema más agudo y visible de la sanidad en este momento. Nos muestra un desajuste entre oferta y demanda. Hay más necesidades y los recursos se han mantenido estables, congelados. Por tanto, aparecen esas listas de espera porque el sistema no da abasto. Hay que mejorar aspectos organizativos, que el sistema se coordine bien, y aumentar el número de profesionales y su estabilidad para que tengan continuidad, seguridad y un horizonte profesional.
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¿Cómo ha visto la respuesta nacional a la problemática del hantavirus?
[–>[–>[–>Se ha hecho un buen trabajo. La Organización Mundial de la Salud dio una serie de indicaciones y recomendaciones y el gobierno de España las atendió. Los gobiernos tienen que ser colaboradores.
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¿Entiende el alarmismo social?
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Es lógico porque la covid está reciente. Se pensaba al principio que no iba a ser nada y la pandemia acabó afectando a todo el planeta. Pero la situación no es comparable. El virus de la covid era de alta contagiosidad. En el caso del hantavirus, es de baja contagiosidad. La letalidad es más alta pero siempre que no se trate a tiempo. No hay motivo de alarma en cuanto a la propagación porque la contagiosidad es mucho menor.
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Se han confinado a los pasajeros de un crucero por la sospecha de un brote de norovirus y hay prevista una escala en Gijón este fin de semana.
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Es un virus corriente que provoca diarrea, dos o tres días de gastroenteritis, y se resuelve espontáneamente o con tratamiento. No es un problema de salud severo. Habrá que atender las recomendaciones de las autoridades sanitarias en Francia y de los organismos internacionales. Si le dan salida para que navegue es porque tienen la certeza de que no hay riesgo alarmante.
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Fernando Lamata. / Ángel González
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¿Qué importancia tendría contar con una Agencia Estatal de Salud Pública?
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Es clave. La respuesta a nivel de coordinación es mejor si hay una agencia así en la que participan todas las comunidades autónomas y está dirigida por el Ministerio de Sanidad. Está pendiente de su reglamento y estatuto para ponerse en marcha. Será un gran avance para mejorar la coordinación de todos los dispositivos de salud pública de España y también la eficacia.
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Siempre ha sido gran defensor de la sanidad pública.
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Nuestro sistema sanitario es uno de los diez mejores del mundo. Los impuestos hacen que la sanidad pueda financiarse y que cuando alguien lo necesita tenga acceso a atención, a respuestas, a medicinas… El sistema de salud pública aporta cohesión social. Yo estoy tranquilo porque la salud de mi familia va a estar cuidada. Aporta economía y dignidad, el saber que no tengo que andar pidiendo favores si un día necesito una atención sanitaria. Que hayamos podido conseguir y mantener esto es un lujo, lo más importante que hemos logrado en democracia.
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Por otro lado, obviamente, está la sanidad privada.
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Siempre han convivido. La privada no es mala, hace su trabajo. El problema es que esta parasite a la pública, que el desarrollo de la privada sea a costa de desmontar la pública. Debe haber un equilibrio. La sanidad pública tiene que estar bien dotada para dar una atención excelente. Si alguien quiere ir a la privada, que no sea porque la pública no dé respuesta. La privada, además, debe ser de calidad. Para eso son importantes los servicios de inspección sanitaria.
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En un contexto de tanta polarización política, ¿es más complicado avanzar en una cuestión tan crucial como la sanidad?
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La polarización, la crispación, el insulto, que no haya discusiones tranquilas y razonables… Todo eso dificulta llegar a acuerdos. La sanidad es un tema de Estado, nos interesa a todos, a todas las generaciones y a todas las personas independientemente de su nivel de renta, profesión o lugar de residencia. Con el hantavirus hemos visto esa polémica con el presidente de Canarias y eso no es bueno, con el PP criticando la acción del Gobierno y desmereciendo ese esfuerzo. La sanidad tiene que ponerse en una mesa de acuerdos y negociación sin crispación. No es imposible.
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