Steve Carell y la larga sombra de Michael Scott
El nuevo profesor de la facultad ha terminado su primera clase y ha sido aprobado con nota por sus alumnos. Steve Carell es el protagonista de ‘Rooster‘, la nueva comedia de HBO Max cuya primera temporada ya está al completo en la plataforma con una trama que transcurre entre los pasillos de una universidad norteamericana de élite. Conflictos generacionales con buenrollismo, una gran banda sonora, muchos secundarios y la sombra de uno de los personajes más icónicos del actor. El fantasma de Michael Scott ha perseguido a Steve Carell desde el primer episodio de The Office hace ya más de veinte años. A pesar de que precisamente por aquella misma época interpretara otro de sus papeles más icónicos, el del tío Frank en ‘Little Miss Sunshine‘, hay personajes que no terminan cuando se apaga la cámara. Se quedan viviendo en la memoria del espectador, pero también en el cuerpo del actor que los interpretó. Una máxima que se ha cumplido en el caso de Carell y Michael Scott.
[–>[–>[–>La carrera posterior del actor puede leerse como una larga negociación con ese personaje. No tanto una huida, como un intento constante de reescritura. Cada papel parece empujarlo en una dirección distinta: hacia el drama, hacia la tragedia, hacia la contención. Como si alguien intentara corregir una primera impresión demasiado ruidosa, demasiado reconocible, demasiado definitiva. El problema es que Michael Scott no desaparece del todo. Detrás de cada uno de sus personajes, se reconoce algo del histrionismo de ese jefe incompetente y bocazas que no hacía más que pifiarla.
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Aunque ‘The Office’ tiene legiones de seguidores, conozco muchas personas que no soportan sus primeros minutos. La llegada de Michael Scott a la oficina tratando de hacerse el gracioso y las caras de desesperación de su resignada secretaria son uno de esos momentos cumbres de vergüenza ajena de la televisión. No todo el mundo entra en ese juego, pero el mérito de Scott precisamente era ser insoportable. ¿Cuántas series han hecho humor luego con este tipo de personas que cada vez que abren la boca provocan que todo el mundo se ponga a temblar porque saben que va a causar una situación incómoda?
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En la última década, el recorrido de Carell en televisión ha ido desplazándose hacia terrenos más oscuros. Personajes que ya no buscan hacer reír, sino justificar su existencia dentro de relatos donde la redención siempre llega tarde o no llega. Lo vimos en ‘The Morning Show’, donde Mitch Kessler quedaba expulsado del sistema tras un escándalo de acoso sexual y terminaba su arco narrativo de la forma más definitiva posible. Y lo hemos visto también en otros proyectos recientes donde el patrón se repite: hombres enfrentados a su propia irrelevancia, obligados a convivir con las consecuencias de lo que han sido.
[–>[–>[–>La sensación es la misma: la ficción contemporánea parece haber encontrado en Carell un tipo de personaje específico. El hombre que ya no puede ser salvado dentro de la historia. En ese contexto aparece Rooster, y el sistema se altera ligeramente. La serie abre cada episodio con una sintonía compuesta por Michael Stipe que funciona como declaración de intenciones: «I played the fool». No es solo una canción. Es una advertencia. Una sintonía que uno ya no se puede sacar de la cabeza. Es una banda sonora mucho más melancólica y crepuscular que esa melodía casi circense y saltarina de ‘The Office’, que reflejaba esas ansias de jugar de Michael Scott.
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En ‘Rooster’, el personaje de Carell es un escritor divorciado llamado Greg Russo, creador de una saga de novelas de un personaje que guarda cierto parecido con James Bond. El novelista ha sido fichado para trabajar como profesor en una universidad de élite, adonde ha ido para acompañar a su hija, profesora del centro y que atraviesa una crisis matrimonial. Al igual que Scott, Russo tiene una especial habilidad para meter la pata y meterse en todo tipo de situaciones incómodas. Pero la diferencia es que su nuevo personaje trata de aprender de sus errores e intenta ser mejor persona. La premisa recuerda por momentos a La directora, una interesante serie de Netflix cancelada tras una sola temporada protagonizada por Sandra Oh (‘Killing Eve’ y ‘Anatomía de Grey’), donde nos encontramos también con profesores agotados, egos universitarios y una institución incapaz de adaptarse a los nuevos tiempos convertidos en material de comedia.
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[–>Ahí se nota la mano de Bill Lawrence. Frente al cinismo o el castigo sistemático de otras ficciones, ‘Rooster’ parece construirse desde una idea distinta: la posibilidad de que los personajes no tengan que ser destruidos para ser interesantes. Volver a ‘The Office’ después de ver a este Carell más reciente produce un efecto extraño. Michael Scott era ruido constante: cámaras, gestos excesivos, una necesidad casi desesperada de ocupar cada segundo del plano. Era un personaje que existía en la saturación. Y jamás reconocía un error, sino que seguía regodeándose en él haciendo pasar al resto de los personajes momentos de vergüenza ajena.
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El Carell de hoy habita lo contrario. Puede que sea igual de bocazas que Michael Scott, pero sabe cómo corregir lo que ha hecho mal. Aunque a veces sea a través del clásico método del ensayo y error. Los momentos más hilarantes de la serie vienen cuando lo vemos sentado ante el correspondiente comité de Recursos Humanos después de alguna metedura de pata. Posiblemente, Michael Scott hubiera podido acabar despedido. Su personaje en Rooster va aprendiendo que hay ideas que es mejor guardárselas para sí mismo, y a salir de su zona de confort, donde tiene entre sus alumnos a un público que no es fan incondicional de sus obras y que, debido al salto generacional, miran con lupa lo que dice.
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Pero, al contrario de lo que podría pensarse, no estamos en una serie donde haya crispación o polarización. Estamos en territorio de Lawrence, el amo de las comedias amables. No olvidemos que es el creador de Ted Lasso, que este año va a volver con una nueva temporada para Apple. La serie del entrenador de fútbol más singular regresa tres años después de lo que parecía que iba a ser su adiós definitivo. Algo parecido a lo que acaba de hacer con ‘Scrubs‘, comedia médica, que también ha regresado esta primavera, 16 años después de su final, con una temporada que retoma las vivencias de sus protagonistas en nuestro presente. A esto se añade otra serie como ‘Terapia sin filtro’, que ya va por su tercera temporada y en la que cuenta entre sus secundarios a un actor de la talla de Harrison Ford, en un personaje que por cierto tampoco tiene nada que ver ni con Indiana Jones ni con Han Solo.
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Steve Carell no podía dejar en mejores manos este nuevo intento de alejarse de la sombra que le persigue. Al menos él ha tenido una larga carrera más allá de la telecomedia, algo que no pueden decir algunos de sus compañeros de reparto de la mítica oficina de Scranton a la que Scott iba a jugar embutido en un traje oscuro. Su nuevo personaje ha dejado esos hábitos para crecer en otros terrenos más maduros.
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