CRISIS CUBA | Cuba teme que todo siga igual o empeore después de la visita del jefe de la CIA a La Habana
«Ya veremos, tenemos mucho de qué hablar sobre Cuba«, dijo escuetamente Donald Trump en las últimas horas. Apenas se limitó a decir que la isla «necesita ayuda». Su contención retórica, después de semanas de jactancias de conquistador y amenazas sin precedentes, parece obedecer a un breve tiempo de espera abierto tras la sorpresiva presencia en La Habana del jefe de la CIA, John Ratcliffe. Trump ha expresado su satisfacción con el modo en que Marco Rubio, un hijo de inmigrantes cubanos, conduce la política de Washington hacia la isla. «Es una nación totalmente fallida«, se ha limitado a decir en su estilo descalificador. Los efectos de la visita de Ratcliffe, donde se reunió con el nieto de Raúl Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, y otras autoridades, son por el momento difuso Se habló de un claro pliego de exigencias de Washington centrado en la reforma política por encima de la económica, que las autoridades ya habían anunciado. Los anfitriones fueron cautos en las respuestas oficiales: negaron que la isla sea un refugio de enemigos de EEUU y manifestaron su interés en colaboraciones en temas de seguridad, migración y narcotráfico. En un hecho novedoso, el Gobierno expresó su conformidad a recibir ayuda humanitaria del país al que responsabiliza de sus pesares.
[–>[–>[–>Más allá del hermetismo que da rienda suelta a las especulaciones de todo tipo, y el «tememos mucho de qué hablar», insinuado por Trump, la embajadora cubana en Washington, Lianys Torres Rivera, señaló al diario norteamericano The Hilll que no existen hasta ahora razones de peso para el optimismo en lo que respecta a la resolución de un conflicto de 67 años. “Un país serio, que se respeta a sí mismo, no pone sobre la mesa su sistema político ni su orden interno. Esas son las líneas rojas”.
[–> [–>[–>El hecho de que sus declaraciones se conozcan tras la partida del jefe de los espías norteamericanos ha sido interpretado como una posible respuesta a la petición del gran vecino. «Estamos atravesando uno de los momentos más difíciles, si no el más difícil, de la relación bilateral» dijo y recordó que la preparación militar ante una eventual intervención sigue en pie. «La manera en que nos estamos preparando no es ofensiva. No nos estamos preparando para ser los primeros en actuar contra territorio estadounidense o contra el pueblo estadounidense. No queremos eso», afirmó. Torres Rivera advirtió a su vez sobre las consecuencias humanas de un conflicto armado entre ambos países. «Podría ser un baño de sangre. No queremos cubanos muriendo en Cuba. Tampoco queremos soldados estadounidenses muertos».
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Una realidad asfixiante
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En medio de las palabras de una y otra parte, existe un presente de desastres debido a los prolongados apagones, la escasez crónica de combustible, reconocida por el propio Gobierno, y una parálisis de la economía que agrava las penurias de una sociedad que se ha empobrecido de manera sostenida. El Gobierno atribuye esta realidad al histórico «bloqueo» de Estados Unidos, profundizado a fines de enero con un cerco energético apenas trasgredido de manera consensuada entre Moscú y Washington con la llegada en abril de un petrolero ruso al puerto de Matanzas. Ese petróleo se ha consumido y la situación es de emergencia absoluta. Las escenas en barrios capitalinos con pequeñas barricadas, fogatas y el ruido de las cacerolas es inédita. «Cuando las personas soportan 20 horas sin electricidad, tienen reclamos y los expresan», reconoció Torres Rivera. La diplomática recomendó a la Casa Blanca no interpretar esas manifestaciones como señales de debilitamiento político. «El pueblo cubano defenderá su patria frente a una agresión estadounidense».
[–>[–>[–>Mientras tanto, el país está prácticamente paralizado, el ministro de Transporte de Cuba, Eduardo Rodríguez Dávila, informó este sábado sobre una nueva de los servicios en medio del desabastecimiento crónico de combustible. El funcionario reconoció la imposibilidad de un cronograma fiable. Los buses prácticamente no recorren las ciudades.
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La presión contra el Gobierno se manifiesta en diferentes planos. La empresa minera Sherritt International Corp., de origen canadiense, anunció horas atrás la disolución de los negocios en la mayor de las Antillas como consecuencia de las medidas dispuestas por EEUU. El departamento de Estado impuso multas a las firmas que tienen relaciones con el complejo económico administrado por las Fuerzas Armadas, Gaesa. Sherritt International Corp tiene el 50% de las acciones en la mina de níquel en Moa, en la provincia de Holguín. Sherritt International Corp no solo quiere que Cuba recompre esas acciones a precio de mercado internacional. También exige el pago de una deuda de 202 millones de dólares de EEUU. El paso dado por la empresa canadiense es observado con extrema inquietud en la isla porque puede repetirse con otros inversionistas de Europa, especialmente en el rubro hotelero.
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