Es una suerte contar con gente que nos lo cuenta tan bien y de forma tan apasionada
En la conocida película «Una noche en el museo», un guardia de seguridad queda cautivado por la intensa actividad nocturna que reina en la sala de muestras que vigila, donde lo expuesto cobra vida. Algo por el estilo ha pasado el fin de semana en Gijón, donde los visitantes han caído rendidos al, a su juicio, «muy interesante» programa de actividades municipal confeccionado para celebrar el Día Internacional de los Museos, agotando las plazas disponibles para todas las propuestas. Con su presencia, los asistentes han insuflado, a su vez, un plus de vida, como en el film, a estos complejos expositivos trufados por todo el concejo que han ofrecido talleres, charlas, ocio, conciertos y extensos recorridos guiados.
[–>[–>[–>Eva González y Saúl Olivera, con su hija Lourdes, en el yacimiento de Campa Torres, tras finalizar el itinerario. | ORIOL LÓPEZ / .
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Precisamente, entre las actividades grupales más concurridas estaban las del último tipo, que acogieron algunos de los grandes complejos cuya gestión corre a cargo de la Fundación Municipal de Cultura (FMC) del Ayuntamiento de Gijón, como son el Parque Arqueológico-Natural de la Campa Torres y el Muséu del Pueblu d’Asturies, que ofrecieron doblete de ellas durante sábado y domingo.
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Saúl Martínez, dando explicaciones en la visita guiada «Paisajes de ida, recuerdos de ida y vuelta», en el Pueblu d’Asturies. / Oriol López
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En el caso del yacimiento castrense que gobierna la bahía gijonesa desde el oeste, el arqueólogo de la FMC Rubén Montes lideró sendas expediciones de aproximadamente una treintena de entusiastas de la historia, que recorrieron tras sus pasos la totalidad del complejo y en el que pudieron posar sus pies en primicia sobre las todavía por rematar pasarelas de las obras del Proyecto Campa.
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Detalle de la exposición fotográfica en el Muséu del Pueblu de Asturies. / Oriol López
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«El recorrido podrá hacerse en silla de ruedas; será accesible para todo tipo de públicos y mejorará la capacidad de transmitir la información mediante tablets y realidad aumentada», entró en detalle Montes sobre unas infraestructuras que estarán listas «en un par de meses» y que, además, permitirán disfrutar con seguridad de vistas impresionantes de los restos y del litoral de la capital marítima del Principado.
[–>[–>[–>Amparo Pereira y Mari Paz Viejo fueron dos de las que se apuntaron, ya que la Campa les «encanta» porque es «un sitio especial». Ambas celebraron el diálogo entre las ruinas y las labores de reforma actuales, antes de dirigirse a visitar el faro una vez concluido el recorrido guiado por Montes.
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La pareja formada por Saúl Olivera y Eva González, de Oviedo, acompañados por su hija Lourdes, también optaron por la exploración independiente y tuvieron alta interacción con el arqueólogo durante el paseo por las ruinas. «Es una suerte contar con gente que nos lo cuenta tan bien y de forma tan apasionada», afirmó la mujer, entusiasta de este tipo de patrimonio. No contentos, la familia fue a otra cita de igual corte en la Villa Romana de Veranes.
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[–>Recuerdos desde América
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En el Pueblu d’Asturies, bajo la dirección de programas de Saúl Martínez, se ofreció otra visita guiada centrada en la inmigración asturiana y bautizada como «Paisajes de ida, memorias de ida y vuelta» y que tuvo como materia prima la fototeca del Muséu, que cuenta con cerca de 30.000 registros y que desgrana la historia de los indianos y los procesos migratorios hacia México, Cuba y Argentina.
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«Creemos que la migración también puede servir de nexo entre culturas», afirmó el guía, que durante el recorrido abordó la realidad técnica y humana de la emigración, alejándose de las «romantización» sobre el fenómeno indiano. Martínez explicó que el proceso administrativo era exhaustivo, exigiendo a los emigrantes asturianos certificados de buena conducta, fe de vida y avales de las autoridades para poder ingresar en los países de destino. «Realmente la migración fue dura; en las cartas se nota mucho la desesperación de gente que se marchaba con apenas 14 años», señaló el responsable de la Fototeca, que también mencionó aspectos poco conocidos, como los campos de control cuarentenario en La Habana para los que llegaban a Cuba y carecían de algún requisito burocrático para entrar al país.
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