Ningún ser humano es ilegal
Jorge González Nanclares es catedrático de Filosofía
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No hay dicho más ambiguo y absurdo que el reiterado y pomposamente repetido por el «activismo buenista» de que «ningún ser humano es ilegal». Es absurdo porque podríamos también decir que «ninguna ameba es ilegal» y estaríamos diciendo lo mismo, o que «ningún terremoto es ilegal», etcétera. Y es ambiguo porque por razones similares podríamos decir lo contrario, esto es, que «todo ser humano puede ser ilegal» en algún caso o momento. Así una mujer europea sin velo en Irán sería ilegal. Y un amante de los chuletones de buey lo sería en la India y así sucesivamente…
[–>[–>[–>Y aquí entramos ya en el meollo del asunto. Pues cuando dices ilegal lo estás remitiendo a un marco normativo de referencia que marca los límites de la legalidad, fuera de la cual está la ilegalidad. Desde los tiempos de Hammurabi (s. XVIII a.C.) existen normas, al menos escritas, que delimitan lo que puedes y no puedes hacer dentro de una sociedad «humana» determinada. Si las incumples te conviertes inmediatamente en ilegal, si las cumples actúas conforme a la legalidad vigente, eres por tanto legal en sentido literal.
[–> [–>[–>Sócrates afirmaba que había que cumplir las leyes, aunque éstas fueran injustas (en democracia, se entiende). Esto es, tienes que cumplir lo acordado por tu comunidad porque se supone que rigen las vidas de los ciudadanos de dicha comunidad contribuyendo a su sostenimiento y sin las cuales la comunidad se desharía. Fuera de toda sociedad humana efectivamente se puede afirmar que ningún ser humano es ilegal, claro que esto sucedería en el caso de que existieran seres humanos sin sociedad humana, al más puro estilo rousseauniano del «buen salvaje». ¿Pero es esto posible?
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Mucho me temo que no. «El hombre piensa porque tiene manos», decía Anaxágoras. Las manos, a diferencia de los pies, todas extremidades, al fin y al cabo, sirven para «fabricar» y para utilizar instrumentos que nos son útiles para cazar, comer, vestirse y guarecerse, entre otra infinidad de necesidades vitales. Pues bien, esa «producción» de herramientas cada vez más sofisticadas desde el paleolítico inferior no es posible sin un grupo que compile y transmita las «instrucciones» que permitan reproducir y mejorar su aplicación. Surge así la técnica.
[–>[–>[–>Pero la técnica no es posible sin el grupo humano, por lo que hemos dicho, y, por tanto, sin normas que organicen el grupo. Quién respeta las normas está dentro del mismo, pero quien las incumple es expulsado de él, en el mejor de los casos. Y aquí volvemos otra vez a lo que nos planteábamos al principio, ¿existe la posibilidad de que «ningún ser humano sea ilegal»? Si, mientras estos se atengan a las normas, o sea a las leyes, de la sociedad, hoy transmutada en sociedad política compleja, esto es «Estado».
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Todo Estado tiene un «corpus legislativo» que todos sus ciudadanos tienen que respetar al estilo socrático, pero que también deben respetar sus «no ciudadanos» cuando entran en él. Es en este sentido legal quien llega y permanece de acuerdo a las normas que controlan el flujo e intercambio de personas en ese Estado e ilegal quien las incumple. Aunque siga siendo legal en su país de origen.
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