Estados Unidos imputa a Raúl Castro, expresidente de Cuba, de 94 años
A pocas semanas de cumplir los 95 años en una isla a oscuras, Raúl Castro es testigo de un derrumbe que no estaba en sus planes: lo que en algún momento se conoció como la Revolución Cubana se deshace como un helado bajo el implacable sol del trópico. La obra que tuvo a su hermano Fidel como escultor mayor agoniza en medio de las penurias internas derivadas del agotamiento de un modelo que siempre fue económicamente dependiente, con la agravante de la inédita presión de Estados Unidos. Y del vecino que José Martí llamaba «el monstruo», a fines del siglo XIX, le llega al nonagenario una noticia que tampoco contemplaba ni siquiera en las pesadillas: el Departamento de Justicia resolvió imputarlo por su responsabilidad en el derribo de dos avionetas civiles de la organización Hermanos al Rescate, con sede en Miami, el 24 de febrero de 1996. En aquella acción del 24 de febrero de 1996 murieron cuatro cubano americanos. Desde entonces se ha dicho que los disparos de los MiG-29 de la Fuerza Aérea Revolucionaria Cubana se registraron en aguas internacionales en el Estrecho de Florida.
[–>[–>[–>La posible analogía con lo que le ocurrió a Nicolás Maduro salta a la vista. Seis años atrás, bajo el anterior Gobierno de Donald Trump, un tribunal de EEUU le acusó de estar vinculado con el narcotráfico. Esa fue una de las causas que justificó la intervención militar del 3 de enero. Cuba no es Venezuela, pero las semejanzas son inocultable, y más teniendo en cuenta que Jason Reding Quiñones, el fiscal de Miami que podría hacerse cargo de la causa es un fervoroso seguidor del multimillonario republicano.
[–> [–>[–>Entre los fundamentos de la acusación del hombre que se retiró formalmente de los asuntos de Gobierno en 2018 pero sigue siendo igual de determinante en los temas claves, se encuentra un audio de junio de 1996 en el que Raúl, todavía ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, contaría cómo se ordenó el derribo de los aviones: «Decía que traten de tumbarlos arriba del territorio, pero ellos entraban en La Habana y se iban… Bueno, túmbenlos en el mar cuando se aparezcan». La transcripción de la cinta, de 11 minutos y 32 segundos, fue publicada dos décadas atrás por el periodista Wilfredo Cancio en El Nuevo Herald. La autenticidad de la voz del menor de los Castro fue constatada por quien fuera su exsecretario personal: Alcibiades Hidalgo, quien rompió con el Gobierno en 2002.
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Respuesta de Cuba
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La Habana esperaba la noticia, y fue la embajada en Washington la que rechazó la imputación alegando que entre 1994 y 1996 se produjeron más de 25 violaciones del espacio aéreo cubano por parte de Hermanos al Rescate. Cada uno de esos vuelos fueron «formalmente denunciados por escrito» ante el Departamento de Estado, la Administración Federal de Aviación (FAA) y la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI). «Nadie puede alegar ignorancia«, añadió la legación diplomática. Como parte de su respuesta, incluyó un memorando interno de la FAA del 22 de enero de 1996, un mes antes del derribo, en el que la funcionaria Cecilia Capestany lanza la siguiente advertencia: «el peor escenario es que un día los cubanos derriben uno de estos aviones y (para) la FAA mejor tener todo en orden». Otros dirigentes de la isla hicieron referencia a los supuestos contactos de los pilotos con la CIA.
[–>[–>[–>Siempre detrás del hermano
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Raúl, como siempre se le ha llamado, se convirtió en el segundo hombre del poder cubano tras la partida de Ernesto Che Guevara, en 1965. Fue el arquitecto de la estructura castrense y tuvo un peso fundamental en el proceso de acercamiento de la revolución a Moscú. Fue una proximidad natural. Cuando su hermano formaba parte del Partido Ortodoxo, él, cinco años menor, se encontraba cerca del Partido Socialista Popular (PSP), completamente alineado con la URSS. Esa vieja simpatía cobró valor a partir de 1959, cuando el PSP, cuya participación en la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista no era digna de encomio, comenzó a ocupar espacios de poder en la estructura estatal, el manejo de la cultura y, posteriormente, en el nuevo Partido Comunista.
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Su padre había llegado a la isla proveniente de Lugo. Al igual que Fidel, se educó en un colegio jesuita. Junto con su hermano participó del ataque contra el Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953. Al igual que Fidel fue a la cárcel y el exilio. Siguió a su hermano cuando decidió retornar a la mayor de las Antillas. Fidel lo nombró comandante de uno de los frentes guerrilleros en 1958. Una foto de ese año lo pinta de cuerpo entero en la Sierra Maestra, vendándole los ojos a un hombre a punto de ser ejecutado. Entró a La Habana con el cabello largo y un aire juvenil que no tardó en desmentir. Su nombre estará asociado a numerosos actos de intolerancia política y cultural a partir de los años 70.
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[–>En 1989 fue fusilado el general Arnaldo Ochoa, quien pocos años antes había recibido la excepcional distinción de Héroe de la República por sus hazañas militares en África. Se lo acusó de estar relacionado con la economía ilegal y, en especial el narcotráfico. Otras fuentes aseguran que los Castro vieron en aquel oficial un posible competidor. Raúl no solo fue uno de los promotores de la ejecución sumaria sino que invocó la figura de «mi amigo el georgiano», en alusión a Stalin, para llevarla a cabo.
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El relevo
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A partir de la primera gran crisis de salud de Fidel, en 2006, el hermano menor comenzó gradualmente a ocupar buena parte de sus funciones. Le tocó, con el correr de los años, desempeñarse como el heredero natural. Promovió reformas económicas que nunca se realizaron del todo y, sobre todo, ser el protagonista de la normalización de las relaciones con Estados Unidos, en 2014. Su hijo Alejandro Castro Espín había desempeñado un papel clave en las negociaciones secretas con la Administración de Barack Obama. «Los progresos alcanzados demuestran que es posible alcanzar soluciones a muchos problemas. Debemos aprender el arte de convivir de forma civilizada con nuestras diferencias», dijo a los cubanos la noche en que se anunció el restablecimiento de los vínculos bilaterales rotos a comienzos de los años 60. «Esto no quiere decir que lo principal haya sido resuelto: el bloqueo económico debe cesar, aunque las medidas del bloqueo fueron convertidas en ley, el presidente de EEUU puede modificar su aplicación». Dos años después, en marzo de 2016, recibió a Obama en La Habana. Fue un momento único no estaba destinado a perdurar. No han faltado analistas que adjudican a Fidel Castro el papel de detener las reformas económicas y políticas esperadas por Washington. La parte cubana asegura que la llegada de Donald Trump, en 2017, complicó todo.
[–>[–>[–>En 2018 entregó el bastón de mando a Miguel Díaz-Canel. Nunca sería un presidente por derecho propio sino el resultado de una continuidad planificada con aires familiares, si por familia se entiende no solo el apellido sino las Fuerzas Armadas y sus negocios en distintos rubros de la economía. Cuba proclamó en 2019 una nueva Constitución que defiende el carácter «irreversible» del socialismo en el país. Pero la Cuba que se asomaba a la era digital ya no era la que conoció Raúl al entrar en La Habana en 1959. Si bien al cumplir 90 años dio la cara con un llamado a «borrar de nuestras mentes prejuicios del pasado asociados a la inversión extranjera», la economía nunca pudo despegar por una serie de despropósitos gubernamentales. Las explicaciones oficiales sobre sus causas, el «bloqueo» norteamericano, nunca fueron suficientes. En aquel mensaje de los 90 años, Castro criticó también la «resistencia al cambio y la falta de capacidad innovadora» así como el «dañino fenómeno de la corrupción y otras ilegalidades que limitan el incremento de la productividad y la eficiencia». Los berrinches del general nunca lograron el efecto deseado.
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La debacle
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La economía cubana se derrumbó 11 puntos en 2020 como consecuencia de la pandemia y nunca remontó. La reforma económica conocida como el reordenamiento monetario abrió la puerta del continuo empobrecimiento de quienes no recibían remesas de sus familiares radicados en EEUU. El estallido social de 2021 encontró a Raúl fuera de escena y urgido de mostrarse severo frente a los díscolos. Lo que vino después, la profundización de la crisis, el éxodo masivo y especialmente juvenil, la penuria y los apagones, apenas preludiaron algo más dramático a partir de la caída de Nicolás Maduro y el fin de la provisión de petróleo venezolano, en enero de este año. Trump apretó con más fuerza el torniquete energético y político. Raúl, siempre entre bambalinas, siguió muy de cerca las conversaciones con Washington. Fue su sobrino, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como «El Cangrejo», uno de los interlocutores de los enviados del secretario de Estado, Marco Rubio, en al menos tres oportunidades. Cuba resolvió abrirse a inversiones de la migración cubana en las empresas y hasta la banca. La oferta provino de Oscar Pérez-Oliva Fraga, ministro de Comercio Exterior y sobrino nieto de Raúl. Rubio dijo que es insuficiente.
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En nombre del tío, «el Cangrejo» habló también la semana pasada en La Habana con el jefe de la CIA, John Ratcliffe. Para entonces, había comenzado a correr el rumor de la posibilidad de una acusación formal contra el anciano general. Y eso es lo que acaba de ocurrir, nada menos que un 20 de mayo. Antes de 1959 se festejaba ese día el fin de la ocupación norteamericana y el nacimiento de la República, en 1902.
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