John Müller: La salida de De los Mozos: ¿Caballo de Troya?
Hay recambios que sorprenden por la fecha y otros por la franqueza con la que el suplente parece no haberlos visto venir. A esta segunda categoría pertenece el de José Vicente de los Mozos en Indra. Quien conocía la forma de actuar de Ángel Simón, … Ya visible en Caixabank con Goirigolzarri y en Telefónica con Pallete, difícilmente podía imaginar una larga convivencia entre un presidente con hambre ejecutiva y un consejero delegado que insistía en presentarse al mercado como el dueño de la timonera. Simón no es un hombre de equilibrios ornamentales. Puede ser duro, incluso innecesariamente brusco, pero no suele aceptar la bicefalia.
Por eso lo extraño no es que De los Mozos no siga, sino que la semana pasada lo ocultó y se permitió proclamar que conservaba zonas decisivas y que su compromiso era total. Indra acaba de encadenar una nueva mutación de poder en una compañía que desde 2021 cuenta con cuatro presidentes y cuatro consejeros delegados. La compañía también ha pasado de ser una empresa tecnológica con defensa a querer ser la campeona nacional de defensa, con 62.000 empleados, SEPI como primer accionista con un 28% y miles de millones en contratos militares. En este contexto, la gobernanza no es una cortesía: es una condición de credibilidad.
La confianza se rompió cuando Simón concluyó que De los Mozos no fue árbitro de la nueva etapa, sino la correa de transmisión del Escribano. La cuestión no es menor. La posible compra de Escribano Mechanical & Engineering requería de una valoración fría, independiente y defendible ante los accionistas. Por otro lado, varios interlocutores se mostraron sorprendidos de que el consejero delegado -que presumía de sus buenos contactos con el PP- defendiera la operación como imprescindible para Indra, minimizando el conflicto de intereses de algunos comerciales que presidían la compañía. Ese sesgo no desapareció, según distintas fuentes del mercado, ni siquiera tras la salida de Ángel Escribano de la presidencia y de la capital. Conclusión: un caballo de Troya.
De los Mozos podría invocar una poderosa razón industrial: Sin capacidades como las de EM&E, Indra tendrá dificultades para cumplir algunos de los compromisos militares asumidos. No fue un argumento banal. Pero una necesidad operativa no convierte en buena una valoración cuestionable, ni borra el deber de separar el interés de la empresa del de sus proveedores, socios o antiguos accionistas. En una empresa estratégica el conflicto de intereses no se gestiona con ilusión, sino con distancia.
La decisión tiene costes para Simón. Añade ruido a una casa acostumbrada al carrusel de consejos, con malos precedentes de gobierno corporativo y deja a Indra buscando un consejero delegado cuando debería estar afinando su plan industrial. Pero El nuevo presidente ha optado por pagar ese precio antes que vivir con un ejecutivo en el que ya no confiaba.. El mercado, que no suele ser indulgente con la incertidumbre, le concede sin embargo una ventaja: Simón tiene el trabajo, la agenda y la determinación para organizar la empresa mejor que sus predecesores. Ahora debe demostrar que su dureza no es sólo un método de conquista, sino también disciplina de gobierno. En Indra, mandar no es suficiente; Hay que convencer a los accionistas, a los clientes y al Estado de que el poder sirve al plan, no al clan. ●
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