La Sepi y su arrogancia – José T. Raga
Los más puristas dirán, no sin razón, que el título de hoy, analizado al margen de ideologías, implica cierta redundancia. Si lo aceptamos sin discusión es porque asumimos que los órganos, e incluso las personas naturales y jurídicas que desempeñan una función, como representantes del Estado, o en términos de su titularidad pública estatal, Suelen ser extremadamente arrogantes..
Dicho esto, reconozco que la soberbia excesiva, y especialmente cuando se continúa, tiene grandes peligros para la sociedad en su conjunto Por tanto, termina en abusos, conductas impropias de la dignidad que representan y, en definitiva, en daños irreparables para aquellos en cuyo nombre actúan: el estadola Comunidad Autónoma, el Municipio… Dada su representación, creen que pueden actuar de manera irresponsable, haciéndolo con abuso de confianza inspirado en razones de cargo o propiedad.
Profundicemos, entonces, en el tema que hoy nos trae hasta estas páginas, que no es otro que el de los llamados rescates de empresas del sector privado con problemas económicos. Interpreto el de los múltiples significados del término. rescateestamos hablando, con la RAE, de libre de peligro, daño…
Me anticipo, y con ello sé que aumento mis enemigos, mi respeto por el empresario, figura imprescindible en el crecimiento económico y social. De su acción empresarial se derivan dos derechos: el derecho a recibir beneficios, si la gestión ha sido eficiente, o el derecho a ir a la quiebraasumiendo las pérdidas que ello implica, si la gestión fue errónea o ineficiente.
Dos casos están en la mente de todos: uno, más temprano en el tiempo, el Rescate de la aerolínea Plus Ultrapor cincuenta y tres millones de eurosy en un proceso judicial por presunta corrupción; el otro, el rescate de Tubos Reunidos, por un préstamo de ciento doce millones ochocientos mil eurosaprobado en 2021, aparentemente con fondos de la Unión Europea, y que recientemente ha entrado en procedimiento de quiebra de acreedores.
Ambos montos fueron entregados como préstamos, para reestructuración, con un buen propósito: una vez salvada la reestructuración y la eficiencia, la devolución del principal más los intereses devengados.
De la primera entidad, Plus Ultra, no tengo conocimiento de que se haya declarado en quiebra, aunque parece que sus propietarios -accionistas venezolanos- han abandonado la empresa, con permiso del Gobierno española pesar de lo pactado en el préstamo concedido.
Dos cuestiones son relevantes en ambos casos: la primera es quién analiza la solvencia de una empresa para que la Sepí acordar rescatarlo, para su posterior funcionamiento; segundo, ¿Hasta dónde llega la soberbia de Sepi?considerarse capaces de volver a limpiar y gestionar empresas, cuando sus anteriores directivos no lo eran.
Lo que se ha demostrado, al menos en el primer caso, es su capacidad para atraer fuentes de corrupción que, en parte, ya están subjudice ante los Tribunales competentes. Entre las incógnitas, nos preguntamos que, por mucha prepotencia de la SEPI, ¿puede sentirse capaz de hacer bien, saneamiento, gestión eficaz… lo que hicieron mal sus empresarios originales, suficiente para determinar su cierre?
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