podría revolucionar la industria de la longevidad
La humanidad ha logrado ampliar considerablemente la esperanza de vida durante el último siglo, pero este éxito ha tenido un alto precio en las enfermedades relacionadas con el envejecimiento: cánceres, patologías cardiovasculares y demencia. Hasta ahora, la ciencia utilizaba el llamado “ … relojes epigenéticos »intentar medir el deterioro biológico de una persona a partir de las modificaciones químicas de su ADN. Sin embargo, estas herramientas a menudo actúan como una caja negra: dan una estimación de la edad, pero sin revelar qué es exactamente lo que está mal dentro de las células.
Esta semana, un estudio internacional publicado en la revista ‘Nature’ acaba de cambiar este paradigma al presentar los primeros relojes moleculares universales basados en el transcriptoma; es decir en la actividad real y directa de los genes. Después de analizar más de 11.000 muestras de 25 tejidos diferentes de humanos, ratones, ratas y macacos, los investigadores descubrieron que los mamíferos Compartimos una firma genética del envejecimiento. que se conserva durante la evolución. En otras palabras, las células de un ratón viejo y las de un humano octogenario activan y desactivan exactamente las mismas palancas biológicas.
Este mapa genético global permitió a los autores desarrollar modelos matemáticos capaces no sólo de calcular la edad biológica de un organismo con una precisión sin precedentes, sino también de predecir su mortalidad esperada. Al estar basados en ARN, una molécula que dicta qué proteínas se producen en un momento dado, estos nuevos relojes reflejan la salud celular en tiempo real, lo que permitirá una evaluación inmediata si un cambio de medicación o dieta realmente resiste la prueba del tiempo.
Fábricas de deterioro celular
La investigación, dirigida por el laboratorio de Vadim Gladyshev en el Hospital Brigham and Women’s y la Escuela de Medicina de Harvard (Boston, EE.UU.), demuestra que El envejecimiento no es un proceso caótico.sino una coreografía molecular coordinada con gran precisión. Al analizar la enorme base de datos, el equipo científico identificó que ciertos grupos de genes se activan sistemáticamente con el paso de los años. En concreto, las relacionadas con la senescencia celular, la inflamación crónica y la apoptosis regulada o suicidio celular.
El descubrimiento confirma que la inflamación sistémica es el hilo conductor del deterioro físico
Por el contrario, los genes responsables de la cicatrización de heridas, la diferenciación celular y la síntesis de la matriz extracelular (el tejido que sostiene y estructura nuestras células) sufrir un corte general de energía en todas las especies estudiadas. Este hallazgo confirma que la inflamación sistémica es el hilo conductor del deterioro físico. A medida que acumulamos daño en el ADN, el cuerpo activa una respuesta inflamatoria que, lejos de protegernos, poco a poco va dañando órganos y tejidos.
Alexander Tyshkovskiy, coautor principal de la investigación, destaca la utilidad clínica que abre este nuevo enfoque adaptativo. «Estos marcadores podrían ayudar a los investigadores a aclarar exactamente qué procesos biológicos están modulados por enfermedades o intervenciones médicas», explica el experto, destacando que esta lectura funcional era invisible para los métodos de medición anteriores.
Ralentizando el reloj genético
Más allá de servir como un simple termómetro de la vejez, el estudio proporciona pruebas experimentales de que este reloj genético puede ralentizarse. Los investigadores comprobaron que determinadas estrategias de longevidad ya conocidas en el campo de la medicina preventiva, como la restricción calórica estricta o la administración de determinados complementos nutricionales, consiguen atenuar o incluso revertir la actividad de estos genes asociados a la mortalidad. Por lo tanto, la manecilla del segundero molecular no es inmutable.
No se sabe con certeza si la activación de estos genes provoca el envejecimiento o si es el residuo que deja el desgaste celular.
A pesar de este entusiasmo, los propios autores y otros expertos independientes recomiendan precaución al transferir estos resultados directamente al consultorio del médico. ser un estudio fundamentalmente observacionalTodavía es difícil separar las causas de las consecuencias: no sabemos con total certeza si la activación de estos genes es la causa del envejecimiento o si es simplemente el residuo que deja el desgaste celular.
«Los resultados deben interpretarse con cautela, ya que probablemente reflejan tanto los mecanismos impulsores del envejecimiento como consecuencia de esto«, indica Ana Guerrero, investigadora Ramón y Cajal en el Instituto de Neurociencias de la Universidad de Barcelona, en declaraciones al Science Media Center (SMC) España.
“Estos resultados podrían tener aplicaciones relevantes en medicina preventiva, al permitir identificar precozmente a aquellas personas con mayor riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con la edad y perfeccionar su seguimiento clínico”, añade Guerrero. También podrían ayudar resolver uno de los grandes retos del campo: «La ausencia de biomarcadores fiables para evaluar la eficacia de las terapias antisenescencia o antienvejecimiento en humanos».
Asimismo, el oncólogo Nabil Djouder, jefe del grupo de Factores de Crecimiento, Nutrientes y Cáncer del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), valora la enorme solidez técnica del trabajo, al tiempo que subraya los obstáculos actuales para su uso masivo. «EL La traducción clínica aún es limitada.. Aunque estos relojes transcriptómicos predicen la mortalidad en humanos con una precisión comparable a la de los relojes epigenéticos, su aplicación generalizada requiere primero la estandarización del proceso, la reducción de costes y la validación a largo plazo en pacientes reales”, advierte el SMC.
El desafío técnico del ARN
El camino hacia una medicina de precisión que mida nuestra vejez también enfrenta un obstáculo puramente logístico. A diferencia del ADN, que es una molécula robusta y estable capaz de conservarse durante miles de años, El ARN es extremadamente frágil, volátil y propenso a descomponerse. a cualquier cambio de temperatura o manipulación de laboratorio, que requiere protocolos de extracción mucho más estrictos y costosos.
En general, este descubrimiento constituye la piedra angular de la próxima generación de terapias de rejuvenecimiento. Disponer de un indicador fiable que determine si un tratamiento funciona sin tener que esperar décadas para ver si el paciente vive más tiempo puede ser una ventaja para la industria farmacéutica, cuya longevidad está entre cejas.
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