La mítica Sombrerería Mil cumple 170 años con una reforma que blinda su futuro en el corazón de Barcelona
La Sombrerería Mil lleva 170 años poniendo forma a una manera de vestir la cabeza. En sus estanterías conviven bombines, panamás, boinas y tocados de ceremonia, junto a la memoria de un oficio que ha sobrevivido a la transformación de Barcelona y a la presión inmobiliaria que amenaza a los comercios históricos. La esencia sigue en los moldes de madera del taller, en el gesto de quien se prueba un sombrero frente al espejo y en una familia que ha aprendido a resistir. La tienda, documentada desde 1856 y ubicada desde 1917 en el número 20 de la calle Fontanella, cumple años con una reforma integral que abre una nueva etapa para uno de los comercios emblemáticos de Barcelona.
[–>[–>[–>La efeméride llega en un momento especialmente delicado para el comercio histórico de la ciudad. La sustitución de negocios tradicionales por cadenas o tiendas de souvenirs han transformado en pocos años algunos ejes del centro de Barcelona. La Sombrerería Mil convivió con esa incertidumbre cuando el edificio pasó a manos de la aseguradora Occidente, antes Catalana Occident. El desenlace, sin embargo, ha sido distinto al que tantos comerciantes temen cuando se renueva un contrato. La nueva dueña ha rehabilitado el inmueble y el local, y ambas partes han cerrado un acuerdo que permite la continuidad del establecimiento con un alquiler asumible.
[–> [–>[–>Un acuerdo win-win
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“La continuidad de la sombrerería era un pilar básico para nosotros”, defiende Edgar Buch, director de inversiones inmobiliarias de Occident, durante la celebración del negocio centenario. Buch admite que, si el futuro del local se hubiera dejado “a la deriva del mercado”, la supervivencia del negocio en la ubicación actual “habría sido complicada”. A su juicio, la operación demuestra que una gran propiedad puede rentabilizar sus activos sin expulsar necesariamente a los comercios que forman parte del paisaje urbano. “Se pueden llegar a acuerdos entre las partes sin necesidad de que uno gane y otro pierda”, sostiene.
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Una clienta se prueba una pieza de la histórica Sombrerería Mil, en la calle Fontanella / Claudia Mas Rios / Sombrerería Mil
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El aniversario llega, además, con la recuperación de un modelo vinculado a Antoni Gaudí. Arnau conserva una referencia obtenida a partir de los sombreros de Vicente Bosch, el empresario de Anís del Mono, entre los que figuraba un modelo que la familia identifica con el que llevaba el arquitecto. “Tenemos un modelo que estamos casi seguros de que era el que llevaba, por lo que hemos visto en fotografías, y estamos fabricando otra vez el sombrero de Gaudí”, explica.
[–>[–>[–>De la calle Hospital a Fontanella
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La historia del negocio arranca antes incluso de su fecha oficial. La familia Antonés, de origen italiano, se dedicaba a la fabricación de sombreros en el siglo XIX. La sombrerería quedó documentada en 1856 por la Cámara de Comercio de Barcelona, cuando el taller se instaló como tienda en la calle Hospital. Allí se fabricaban y vendían sombreros de hombre en una época en la que cubrirse la cabeza era una norma social y una señal de clase. Bombines y copas para el invierno, canotiers y panamás para el buen tiempo.
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El crecimiento del Eixample empujó a la familia a buscar una nueva ubicación. La tienda ubicada en Ciutat Vella cerró entre 1914 y 1915, y en 1917 la Sombrerería Mil se estableció en Fontanella. Al frente llegó Tomás Antonés Torroja, y después su hijo, Tomás Antonés Antonés. La genealogía familiar tiene una derivada poco común. Antonés, amigo íntimo del abuelo biológico de Arnau, adoptó al padre de la actual responsable cuando este quedó huérfano de niño. “Por eso esa historia de que primero era Antonés y ahora somos Arnau”, explica Núria Arnau, ahora al frente de la tienda. “No he conocido otro abuelo que Tomás Antonés Antonés”, puntualiza.
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Escaparate de la centenaria Sombrerería Mil en Barcelona, en la calle Fontanella / Claudia Mas Rios / Sombrerería Mil
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Cada generación incorporó una capa nueva al negocio. La madre de Arnau, Carmen Roldós, introdujo en los años 50 los modelos femeninos y los tocados, que al principio se confeccionaban con medios domésticos. “Se hacían sombreros con las ollas de casa y como se podía”, recuerda Arnau. Su padre impulsó la fabricación de gorras, que durante décadas fueron uno de los productos estrella. Antes de la obligatoriedad del casco, muchas personas las usaban para ir en moto. “Cada generación ha aguantado una transformación brusca”, sintetiza Arnau.
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El sombrero vuelve a probarse
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En la tienda actual conviven el cliente local, el turista que entra buscando protegerse del sol, el peatón que llega atraído por un comercio emblemático y un público joven que ha descubierto nuevos modelos asociados a series como ‘Peaky Blinders’, músicos del calibre de Fito y Fitipaldis y referentes de la moda como Kate Moss. “El turista también es persona”, ironiza Arnau al rechazar la idea de que un negocio frecuentado por visitantes deba rebajar necesariamente su propuesta. “Se puede mantener un nivel de calidad, eso es básico”, añade.
[–>[–>[–>El establecimiento conserva el repertorio clásico, pero ha reforzado el taller artesanal. La Sombrerería Mil restaura modelos antiguos, fabrica nuevos a medida y trabaja para marcas interesadas en piezas artesanales de proximidad. Jordi Creus, hijo de Núria Arnau y quinta generación, ya ha empezado a dirigir la empresa y ha impulsado una colección con modelos históricos y tradicionales. La tienda también invierte en la venta online, aunque su fuerza sigue estando en la experiencia presencial: entrar, probar, comparar copas y alas y dejarse aconsejar.
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Sombrerería Mil, hoy, celebra haber seguido abierta cuando muchas persianas históricas han bajado para siempre, y una reforma que no haya borrado su identidad. Asimismo, festeja que un comercio nacido cuando Barcelona miraba hacia la calle Hospital pueda seguir vendiendo sombreros en el centro de una ciudad que cambia más rápido que sus propios recuerdos.
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