El pueblo es la leche, en nada te plantas en Grado y tienes todos los servicios
La parroquia de Peñaflor crece en población. Muy cercana a la villa moscona, a escasos 5 minutos, pero con la tranquilidad de una zona rural, pasó de contar con 235 vecinos en 2024 a tener 241 al cierre de 2025. Puede que seis personas no sean demasiadas en número, pero el dato sí resulta significativo si apuntala el tirón de una localidad que reúne las ventajas de residir en un pueblo a la vez que está cerca de todo, con excelentes comunicaciones, acceso cercano a la autovía Oviedo-La Espina y hasta apeaderos de tren. A ello se suma un paisaje espectacular, de grandes vegas bañadas por el río Nalón.
[–>[–>[–>Pronto llegarán más habitantes a esta parroquia moscona, que comprende también las entidades de población de Anzo, Sestiello y Vega de Anzo. Es el caso de Gregorio Martín, de Jaén y de 52 años, quien está a punto de trasladarse a vivir desde Barcelona a la localidad de Anzo, donde está en trámites para la adquisición de una vivienda unifamiliar. Espera disfrutar de ella «cuanto antes». Llegó al pueblo de la mano de una compañera de trabajo, Cristina García Coto, que es vecina de la parroquia, y se quedó encantado con las relaciones entre los vecinos.
[–> [–>[–>«Todo el mundo se conoce, se saluda, para los que estamos hartos de la ciudad, se agradece mucho«, comenta por teléfono de viaje entre Cataluña y Asturias. «Lo mejor es la tranquilidad, además de poder tener un terrenillo y hacer un huerto, que es una de las cosas que siempre quise hacer», añade Martín, quien ya ha pedido oficialmente el traslado de su puesto de trabajo, muy ilusionado con la mudanza a Grado.
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Una de las nuevas vecinas que llegaron a la parroquia es Visi Areces. Lo hizo su marido, Juan Luis Sostres. Tras vivir en varias localidades de la región a lo largo de su vida, se trasladaron en 2025 a la casa familiar de Areces. «Nací en esta casa y me críe aquí, vinimos para hacernos cargo de ella, los mayores mueren y nadie se hacía cargo, así que lo decidimos con nuestros hijos», comenta la mujer, quien es profesora jubilada de Lengua. También su esposo se dedicó a la enseñanza, y fue director del instituto César Rodríguez de Grado.
[–>[–>[–>Lo que más valora la pareja es disponer de tierras para sembrar y recoger la cosecha de autoconsumo. «Aquí se cultivaba de todo, esta veiga era la despensa de Asturias pero se fue perdiendo, animo a los vecinos a recuperar los cultivos», dicen. Además, destacan el patrimonio de la parroquia, como la iglesia románica de San Juan, el puente o las paneras y hórreos, sin olvidar la importante historia de Peñaflor que dada su ubicación estratégica ha sido un lugar de importantes luchas durante la Guerra de Independencia y la Guerra Civil.
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Gregorio Martín en Anzo, parroquia de Peñaflor. / Sara Arias
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Areces regresó al pueblo de su infancia al igual que Abel González, maestro de 37 años y vecino de Anzo, donde vive en la que fue la casa de sus abuelos Obdulia y Andrés. «Nací aquí y viví hasta los 10 años, luego nos fuimos a Grado a un piso y cuando la pandemia, mi abuela estaba en casa con 97 años y me vine para aquí porque tenía miedo de contagiarla, ya que empezaba a trabajar. Me encontré tan a gusto que no volví«, señala el joven, quien asegura que si tuviera que volver a un piso «sería como si me meten en la cárcel«.
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[–>Renovó la vivienda, que había sido la tienda del pueblo, y compró una finca colindante para ampliar la zona verde, donde ha puesto una piscina y juegos como una cama elástica para su sobrina Gabriela. Allí vive feliz con sus perros «Leo» y «Mamba», produce sidra casera con su padre e invita a sus amigos a comidas y fiestas de las que disfruta como anfitrión.
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Visi Areces y Juann Luis Sostres frente a su casa en Peñaflor. / Sara Arias
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Uno de los que pasa tiempo con él es el nuevo vecino de Anzo Alfredo Llorente del Río, su mujer, Ana Clara Marqués Fernandes, y su hija, Leonor, de 11 años. Alquilaron una vivienda en 2019 huyendo del ajetreo de Madrid y les gustó tanto el lugar que decidieron comprar una finca y edificar una casa, donde viven desde 2023: «Yo siendo de Cantabria y ella del norte de Portugal queríamos irnos de Madrid en busca del fresco, vimos muchos sitios por toda Asturias y finalmente nos quedamos aquí», sostiene.
[–>[–>[–>El entorno verde, la cercanía de la autovía para ir a trabajar al centro de la región, así como la buena vecindad de Anzo les llevó a tomar la decisión de instalarse definitivamente. «La gente fue la leche, tanto en el pueblo como en Grado, donde además te plantas en nada y tienes todos los servicios», dice Llorente, quien junto a su mujer e hija se han integrado en el Pilier Rugby Club de Grado.
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Otro de los aspectos que les atrajo fue las facilidades de acceso educativo para la niña. «Tiene transporte escolar y comedor gratuito, cuando me lo dijeron por teléfono estaba en la M-30 atascado y no lo podía creer porque allí pagábamos 200 euros de comedor. Me dije, ¿cuándo nos vamos?», recuerda Llorente.
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A la izquierda, «Mamba», Abel González, Leonor Llorente Marqués y Alfredo Llorente. / S. A.
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Otra de las familias jóvenes que viven en la parroquia es la formada por Christian Menéndez, Cristina Suárez y su hija, Mía, de 4 años. Desde 2017 viven en Peñaflor, donde edificaron una vivienda unifamiliar con la idea de tener hijos y disfrutar del espacio al aire libre. Los dos tenían claro que querían vivir en un pueblo, ya que son oriundos él de Panicera, y ella de Yernes, «pero queríamos que estuviera bien comunicado«, detalla Menéndez, de 35 años, quien tarda 22 minutos en llegar a su puesto de trabajo como responsable de mantenimiento en una empresa química de Silvota, en Llanera.
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Eligieron la localidad por su cercanía con el acceso a la autovía, así como por su conexión peatonal con la villa moscona donde encuentran todos los servicios. «Tenemos uno de los supermercados al lado, a veces paras de la que llegas de trabajar y para casa, pisamos Grado para ir al parque con la cría», dice Menéndez. La buena ubicación de la parroquia será también clave para la nueva etapa que afronta la familia, ya que Suárez, de 31 años, recibirá pronto su destino como inteventora municipal, por lo que encontrarse al lado de la autovía será crucial para los desplazamientos.
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Con una vida laboral activa, la pareja destaca las facilidades de transporte escolar para su hija, «la recogen delante de casa, no tenemos ni que caminar un poco«, detalla Suárez, quien no olvida que esta cercanía con la villa moscona también les permite que los abuelos cuiden y mimen a la pequeña Mía, que es feliz jugando por fuera de casa, donde tiene todo tipo de juguetes y columpios, o criando unos pollitos que ha visto nacer.
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Lo único que lamentan es que la normativa para construir o reparar una vivienda en la parroquia está muy encorsetada debido a las normativas de carreteras, del dominio ferroviario, por el paso del Camino Primitivo de Santiago y por gestión del cauce fluvial. Con todo, esperan que la revisión del Plan General de Grado, en pleno proceso de renovación, sirva para favorecer más suelo edificable en la parroquia. «Hay muchas fincas pero hay que favorecer la construcción, si fuera suelo urbano en vez de núcleo rural habría más posibilidades», valora el joven.
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En Peñaflor, Anzo, Sestiello y Vega de Anzo aún hay sitio para más vecinos. Los que llevan allí toda la vida están encantados de recibir a los nuevos pobladores, que eligen esta parroquia de Grado por su ubicación estratégica y buenas comunicaciones.
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