CRISIS MIGRATORIA | El control migratorio en el Sahel degenera en la violación de derechos humanos
La presión derivada del control migratorio ha terminado generando importantes vulneraciones de derechos humanos en el Sahel. Mientras la violencia se intensifica en la región —con especial incidencia en Mali, donde las zonas en conflicto se han expandido cerca de un 60%, además de extenderse a más del 40% del territorio de Burkina Faso y a entre un 15% y un 20% de Níger—, los países europeos buscan aliados fiables en África para reforzar la gestión de los flujos migratorios, sin tener en cuenta la situación interna de los países. Esa es una de las principales conclusiones expuestas por el politólogo e historiador nigerino Rahmane Idrissa, considerado uno de los mayores expertos internacionales sobre el Sahel, durante su intervención en el congreso Bridge to Africa celebrado este jueves en Casa África.
[–>[–>[–>«No es solo Rusia la responsable de la crisis en el Sahel; el problema también tiene que ver con cómo se han priorizado los intereses de Europa en la región», apuntó Rahmane Idrissa, quien además señaló que el Sahel ha sido presentado en el discurso internacional «casi como una especie de peligro bíblico». Las consecuencias de esa estrategia son evidentes. Si para gestionar la migración «se necesitan socios», Europa los ha encontrado en determinados actores de la región como, por ejemplo, Sudán. «Los europeos han establecido diálogo con los genocidas de Sudán porque necesitan un socio fiable en materia migratoria», sostuvo. Una lógica similar se ha repetido también en Libia y en otros gobiernos autoritarios del norte de África.
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La lógica aplicada por Europa en el Sahel ha terminado debilitando, además, posibles alternativas de seguridad en la región. El experto sostuvo que durante años se ha impuesto una visión marcada por los intereses y prioridades europeas a la hora de definir las soluciones para el Sahel. Como ejemplo citó la Operación Barkhane, la intervención militar liderada por Francia desde 2014 en varios países sahelianos con el objetivo oficial de combatir a los grupos yihadistas presentes en la zona.
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«Los franceses insistían en que el enemigo eran los terroristas, mientras que para Mali lo eran los rebeldes, porque eran quienes querían acabar con la integridad territorial del país», explicó Rahmane Idrissa. Esa diferencia de prioridades estratégicas terminó evidenciando que Francia actuaba guiada principalmente por intereses europeos, especialmente en un contexto marcado por la oleada de atentados yihadistas que golpeó Europa durante la pasada década, con ataques especialmente graves en países como Francia. «Todo esto se vio como una violación de los intereses malienses en favor de los intereses europeos», subrayó el politólogo.
[–>[–>[–>El multilateralismo atraviesa un momento de crisis, lo que ha contribuido a debilitar las relaciones entre Europa y África
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Como resultado, el multilateralismo atraviesa un momento de crisis, lo que ha contribuido a debilitar las relaciones entre Europa y África y a tensionar los marcos de cooperación entre ambos continentes. Un escenario que cobra especial relevancia si se tiene en cuenta que, tras los últimos episodios de inestabilidad en Mali, se ha abierto una dinámica de inseguridad que «tiende a extenderse hacia el norte de Benín, Togo, Ghana y Costa de Marfil» desde el Golfo de Guinea, al sur del Sahel, como consecuencia del proceder de la junta militar que ostenta el poder en Mali y de gobiernos en países limítrofes que, apuntó el historiador Dagauh Komenan, no han logrado consolidar el respaldo ciudadano.
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En este contexto, los países de la Unión Europea no han contribuido a reducir la crisis en la región africana. La solución, a juicio de los expertos, pasa por reforzar su implicación para estabilizar el territorio. Un reto que toma fuerza si se tiene en cuenta que persiste un discurso antioccidental que ha favorecido la influencia de potencias como China o Rusia y la salida de actores tradicionales como Francia o Reino Unido. La situación podría tener repercusiones directas en países europeos, entre ellos España, que «debería conocer mejor sus intereses en la región y defenderlos de forma más clara».
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