No existe una cantidad segura
Los datos son claros: el tabaquismo continúa siendo el principal factor prevenible de cáncer a nivel mundial. Es responsable de alrededor del 15% de los nuevos casos y está vinculado a no de cada cinco diagnósticos en Europa. El doctor Jose Mª Martin-Moreno, catedrático de Medicina Preventiva de la Universidad de Valencia y Coordinador de Políticas Sanitarias Europeas y Globales de la Fundación ECO, explica a este periódico que no existe una cantidad «segura» de consumo, ya que incluso niveles bajos aumentan el riesgo.
[–>[–>[–>El tabaco actúa como carcinógeno sistémico que afecta a múltiples órganos y no solo al pulmón, mientras que dejar de fumar reduce progresivamente la probabilidad de desarrollar distintos tipos de cánceres, aunque el «beneficio depende del tiempo y la intensidad del consumo previo».
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¿Por qué el tabaco sigue siendo hoy la principal causa prevenible de cáncer en el mundo?
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Porque combina tres elementos muy difíciles de combatir: una sustancia altamente adictiva, la nicotina; una exposición repetida durante años; y una industria que ha sabido reinventar el producto y hacerlo socialmente atractivo. Sabemos desde hace décadas que el tabaco causa cáncer, pero no estamos ante un simple “mal hábito”: estamos ante una dependencia fabricada, mantenida y comercializada. Por eso sigue siendo el principal factor prevenible de cáncer a escala global. La OMS y la IARC estiman que alrededor de cuatro de cada diez cánceres en el mundo están vinculados a factores modificables, y el tabaquismo es el primero de ellos.
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¿Qué peso real tiene el tabaquismo en la aparición global de tumores?
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El peso es enorme. Los análisis globales más recientes atribuyen directamente al tabaquismo al menos el 15% de todos los nuevos casos de cáncer en el mundo, lo que significa millones de diagnósticos que, al menos en parte, podrían evitarse. En Europa se ha estimado que el tabaco está implicado en aproximadamente uno de cada cinco casos de cáncer. Es una cifra muy potente porque nos recuerda que, cuando hablamos de tabaco, no hablamos solo de riesgo individual, sino de una carga estructural para los sistemas sanitarios.
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¿Cuáles son los tipos de cáncer más directamente relacionados con el consumo de tabaco?
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El más conocido es el cáncer de pulmón, pero no es el único. El tabaco aumenta claramente el riesgo de cáncer de laringe, boca, faringe, esófago, vejiga, páncreas, riñón, hígado, estómago, colon y recto, cuello uterino y leucemia mieloide aguda. A veces la población identifica tabaco con pulmón, y es lógico, pero desde el punto de vista médico el tabaco es un carcinógeno sistémico: entra por la vía respiratoria, pasa a la sangre y puede dañar múltiples órganos.
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¿El tabaco afecta solo al cáncer de pulmón o su impacto es mucho más amplio?
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Su impacto es mucho más amplio. Ya comenté que el pulmón es el ejemplo paradigmático porque recibe directamente el humo, pero las sustancias carcinógenas del tabaco circulan por todo el organismo. Por eso vemos relación con tumores digestivos, urinarios, ginecológicos y hematológicos. Además, el tabaco no solo aumenta la probabilidad de desarrollar cáncer; también empeora la evolución de muchas enfermedades, dificulta tratamientos, aumenta complicaciones y reduce calidad y esperanza de vida.
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Se habla de que los fumadores tienen entre 10 y 20 veces más riesgo de cáncer de pulmón: ¿cómo debe interpretarse esta cifra?
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Debe interpretarse como una multiplicación del riesgo promedio respecto a una persona que no fuma, no como una predicción individual exacta. Según la intensidad, duración del consumo, edad de inicio y susceptibilidad personal, el riesgo puede variar mucho. Algunas estimaciones hablan de un riesgo unas 20 o incluso 25 veces superior en fumadores frente a no fumadores. Eso no significa que todos los fumadores vayan a tener cáncer de pulmón, pero sí que el tabaco desplaza de forma muy marcada la probabilidad en la dirección equivocada.
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¿Existe una “cantidad segura” de tabaco o cualquier consumo aumenta el riesgo?
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Es muy importante dejar claro ante esa pregunta que no existe una cantidad segura. Naturalmente, cuanto más se fuma y durante más tiempo, mayor es el riesgo, pero el mensaje importante es que no hay un umbral por debajo del cual podamos decir “esto no hace daño”. Incluso los consumos bajos se asocian con más riesgo de cáncer y otras enfermedades. Y esto vale también para el humo ajeno: la OMS recuerda que no hay un nivel seguro de exposición al humo de tabaco de segunda mano.
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¿Qué beneficios concretos tiene dejar de fumar en términos de riesgo de cáncer?
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El beneficio es claro a cualquier edad. Dejar de fumar reduce el riesgo de desarrollar cáncer, reduce el riesgo de segundos tumores en personas que ya han tenido cáncer y mejora la respuesta general del organismo. La reducción no es instantánea, porque el daño acumulado no desaparece de un día para otro, pero empieza una trayectoria de reparación y descenso progresivo del riesgo. En términos prácticos, dejar de fumar es probablemente la decisión individual más importante que una persona fumadora puede tomar para reducir su riesgo futuro de cáncer.
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¿En qué plazo el cuerpo empieza a reducir ese riesgo tras abandonar el tabaco?
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Algunas mejoras o beneficios cardiovasculares y respiratorios empiezan muy pronto, en días o semanas. En cáncer, los tiempos son más largos, porque hablamos de procesos biológicos que se han ido acumulando durante años (lo que llamamos “periodo de inducción empírica”). Como orientación, entre los 5 y 10 años tras dejarlo se reduce de forma importante el riesgo de cáncer de boca, garganta y laringe; hacia los 10 años baja el riesgo de cáncer de vejiga, esófago y riñón; y entre los 10 y 15 años el riesgo de cáncer de pulmón puede reducirse aproximadamente a la mitad. Lo esencial es que nunca es demasiado tarde para dejarlo, pero cuanto antes se abandone, mayor es el beneficio acumulado.
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¿Qué estrategias o tratamientos son más eficaces para dejar de fumar?
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Lo más eficaz es no plantearlo como una cuestión de fuerza de voluntad, sino como un tratamiento de una dependencia. Lo que tiende a funcionar mejor es combinar apoyo profesional, seguimiento y tratamiento farmacológico cuando está indicado. La terapia sustitutiva con nicotina, sobre todo combinando parche con chicles, comprimidos o spray, es útil. También hay fármacos que pueden ser muy eficaces en pacientes adecuados y con supervisión sanitaria. Lo importante es saber que hay soluciones efectivas para dejar de fumar, y que podemos pedir ayuda para ello.
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¿Qué mensaje daría a la población con motivo del Día Mundial sin Tabaco?
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Diría que el tabaco es la principal causa de enfermedad y muerte que es evitable, y que ya no se presenta solo como un cigarrillo clásico. Hoy se disfraza de sabor, de diseño, de tecnología, de vapeo, de producto discreto o aparentemente inocuo. Por eso el lema de 2026 es tan oportuno: hay que desenmascarar ese atractivo. No estamos hablando de quitar placer, sino de recuperar libertad. La nicotina promete elección, pero demasiadas veces entrega dependencia. Mi mensaje sería sencillo: si no ha empezado, no empiece; si fuma o consume nicotina, pida ayuda para dejarlo; y si tiene hijos o adolescentes cerca, hable con ellos no desde el miedo, sino desde la verdad. La mejor prevención no es asustar, sino ayudar a ver la trampa antes de caer en ella.
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