Un abogado laboralista desvela las cuatro preguntas trampa que usan los tribunales médicos para denegar incapacidades aunque estés «hecho polvo»
El acceso a la incapacidad permanente en España se ha convertido en una vía tan restrictiva que, según este profesional del derecho laboral, la línea entre obtenerla o no depende muchas veces de lo que el solicitante declare durante una breve interrogatorio ante el tribunal médico. Miguel Benito, abogado laboralista conocido en redes sociales como empleado_informado, ha detallado en uno de sus vídeos más comentados los mecanismos que utilizan estos equipos de evaluación para construir argumentos de denegación a partir de respuestas que, a primera vista, parecen inconsecuente.
El abogado insiste en que su advertencia no pretende enseñar cómo burlar el sistema: “Si no eres malo lo van a notar y no te lo van a dar”afirma. El objetivo es que quienes realmente padecen patologías limitantes no tropiecen con formulaciones diseñadas para registrar una falsa impresión de mejora o autonomía funcional.
El especialista estructura su presentación en torno a cuatro preguntas que califica como «preguntas capciosas» y explica la lógica detrás de cada entrada en el archivo. El primero de ellos, aparentemente un mero saludo protocolario, es «¿cómo estás?». La respuesta automática de la mayoría de la gente, «bien», se refleja inmediatamente en los periódicos como «El paciente refiere que se siente bien y va mejorando».
Benito recomienda dividir la respuesta: responder que uno está de buen humor o dentro de los límites de lo posible, pero aclarar inmediatamente que se encuentra físicamente. «destruido», detallando los motivos vinculados a la lesión o enfermedad que motiva la solicitud. La segunda pregunta que analiza es «¿cómo llegaste aquí?»
Una respuesta concisa, «en coche» o «en transporte público», es suficiente para que los evaluadores indiquen que el ciudadano puede valerse por sí mismo en movimiento. El abogado aconseja dividir el viaje con precisión: indica si te ha traído algún familiar, si has necesitado compañía en el transporte público o si, en general, necesitas ayuda para desplazarte, explicando cómo la enfermedad condiciona esa actividad cada día.
La apelación al deseo de trabajar y el peligro de las tareas domésticas
La tercera cuestión identificada por el abogado apela directamente a la motivación personal: «¿Tienes ganas de volver a trabajar?». La inclinación natural de cualquiera es responder «claro, me encantaría», frase que los tribunales registran como una señal de capacidad. potencial para volver al empleo.
Benito subraya la necesidad de matizar inmediatamente este entusiasmo: sí, a uno le encantaría, pero inmediatamente hay que argumentar por qué su enfermedad se lo impide y, sobre todo, añadir que los médicos que le atienden le han indicado que probablemente no experimentarás una mejora significativa. Esta nota sobre la falta de perspectivas de recuperación es, según el abogado, crucial para evitar que se cierre el expediente con una simple mención de una posible evolución favorable que postergue la concesión de la incapacidad.
La cuarta trampa y el riesgo de herir el orgullo del paciente
La cuarta cuestión que detalla Miguel Benito entra en el ámbito doméstico con una carga psicológica añadida: «¿Y en casa? ¿Quién hace las tareas del hogar?». La formulación, explica, busca tocar el orgullo del entrevistado al sugerir que, durante la licencia, no está aportando ninguna contribución al entorno familiar.
Lo que el tribunal pretende verificar es si la persona actúa con normal tareas como cocinar o limpiar, algo que invalidaría la percepción de un seria limitación. Frente a esto, el abogado recomienda detallar en qué medida la patología restringe específicamente estas tareas, qué esfuerzos o pausas requiere introducir y si es necesaria la asistencia de terceros para completarlas.
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