cuando lo pequeño se hace grande
Deslumbrados por la retórica de la magnificencia, la mayor parte de las veces medimos la vida a grandes tragos, y por eso nos fijamos, sobre todo, en el brillo de las joyas más que en el refulgir de los charcos, que, además de una referencia poética, revela la magia oculta en la naturaleza. De este modo, no alcanzamos a ver que la diferencia entre lo pequeño y lo grande no depende de su tamaño, sino de la huella que va dejando a su paso, del impacto que sirve para identificarnos tanto a nosotros mismos como a la especie a la que pertenecemos.
[–>[–>[–>Y puesto que de rastros y señales se trata, hace unos días apareció en este diario la noticia de que Caso adquiere terrenos para que el Principado construya una residencia en El Campu. El faro que guía esta iniciativa es luminoso y se proyecta sobre un complejo de 40 plazas, con apartamentos individuales.
[–> [–>[–>Como es lógico, los titulares de ese día eran variados. Algunos de ellos hacían alusión a los temas que se consideran de más importancia: guerras; disputas políticas; catástrofes o enredos judiciales que nunca han perdido su vigor. Es decir, todo aquello que lleva prendida la etiqueta de actualidad y que, por lo tanto, se juzga capaz de producir un estado de reacción mayor en el ánimo de los lectores. Nada nuevo, por cierto, si tenemos en cuenta que desde siempre existe una similitud entre la jerarquización artística y la periodística: artes mayores y menores, en todo caso.
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Sin embargo, la realidad es muy tozuda (se podrían citar numerosos ejemplos de ello), por lo que, en muchas ocasiones, aquellas referencias relegadas a un segundo plano, acostumbran a generar impactos emocionales de superior dimensión. Basta con que se ponga en marcha el motor de la empatía o que las vivencias personales aceleren su ruido. Y, en el supuesto al que nos estamos refiriendo, una y otra son fáciles de percibir, sin necesidad de tener que arrugar mucho la frente para darse cuenta, pues ¿a quién no le agradaría, una vez traspasado ese Rubicón que nos deposita en la orilla de los mayores de edad, seguir residiendo en su municipio? Estamos refiriéndonos a las raíces, a la historia, a los vínculos que nos atan a nuestro íntimo árbol cultural. A todo lo que se ha quedado pegado en nuestra piel y que querríamos seguir conservando para siempre. (“En el antiguo corazón del pueblo habéis nacido y de allí viene vuestra voz sencilla”. Pablo Neruda).
[–>[–>[–>Era natural que la noticia me llenara de enorme satisfacción, tratándose, además, de un lugar, un territorio, en el que transcurrí (permítaseme la expresión) durante 30 años. Son tantos los recuerdos y anécdotas que me vienen a la memoria; tanto el cariño de vecinos, amigos y, sobre todo, de mis admirables compañeros del ayuntamiento; tanta la nostalgia que me invade en estas ocasiones y tanta la dicha que la acompaña, que solo me queda aguardar esperanzado a que el proyecto se haga pronto realidad. (Por si fuera poco, el lugar elegido es nada menos que el barrio del Barru, donde residí algunos años).
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Lo merece Caso, lo merece su infatigable alcalde Miguel Fernández y, cómo no, lo merece una iniciativa excelente que servirá sin duda para reforzar las redes de apoyo, la autonomía y tantos vínculos afectivos que continuarán así acrecentando más el entorno familiar. Creo, en verdad, que el verdadero encanto de la naturaleza ocurre cuando los árboles se van conectando entre sí. O lo que es lo mismo, cuando la solidaridad muestra su verdadera dimensión comunitaria.
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