Catarsis barroca en el Auditorio de Oviedo con «Ariodante»
Los «Conciertos del Auditorio», vivieron anoche una velada extraordinaria a través de la versión concierto de la ópera «Ariodante» de Haendel que, gracias al nivel de La Cetra Barockorchester Basel y el reparto vocal, muy equilibrado y técnicamente notable, rubricaron tres horas y media de catarsis musical barroca.
[–>[–>[–>Esta penúltima cita del ciclo que organiza la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo –en colaboración con LA NUEVA ESPAÑA–, tuvo dos protagonistas: el contratenor Christophe Dumaux y la mezzosoprano Magdalena Kozená, en los papeles de Polinesso y Ariodante, respectivamente. Dumaux, soberbio en cada una de sus intervenciones («Se l’inganno sortisce felice»), desplegó sobre el Auditorio todas las virtudes de su timbre, robusto en proyección y ligero para las coloraturas que le valieron en aplauso tras cada aria. Por su parte, Kozená ofreció un Ariodante muy sólido, repleta de elegancia, como se apreció en el célebre «Scherza infida», expresivo y sugerente.
[–> [–>[–>Sin embargo, todos los participantes rayaron un nivel sobresaliente. Erika Baikoff (soprano), a quien se ha podido disfrutar en Oviedo varias veces durante los últimos años, interpretó a Ginevra a las mil maravillas, luciendo una voz cálida y unos agudos sutiles y certeros (mención expresa a «Il mio crudel martoro»), mientras que Dalinda fue encarnada por Shira Patchornik, soprano que evidenció una facilidad pasmosa para solventar las coloraturas y los pasajes de mayor agilidad, como el aria «Cieca notte». El tenor chileno Emiliano González Toro también se desempeñó con garantías como Lurcanio, creciendo desde su hermoso timbre en páginas de gran exigencia («Il tuo sangue ed il tuo zelo»), mientras que el barítono español José Antonio López asumió el papel de Rey de Escocia con un registro central caudaloso y elegancia canora («Più contento e più felice»).
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La Cetra Barockorchester Basel, bajo la dirección de Andrea Marcon, fundador y titular, sostuvo la velada con un sonido elegante y rico en matices, con unos balances impecables y un escrupuloso cuidado en la afinación, arropando a los líricos en todo momento y facilitando la concertación con los protagonistas en todo momento. Tres horas y media de excelencia musical, regada con el habitual drama barroco, que el público premió despidiendo con gritos de «¡Bravo!» y en pie a los artistas.
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