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de la tóxica relación con su padre a su extraña muerte

de la tóxica relación con su padre a su extraña muerte
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  • Publishedjunio 2, 2026



En una fiesta en casa de Gene Kelly en Beverly Hills a mediados de los años cincuenta, Marilyn Monroe advirtió a Joan Collins: «Ten cuidado con los lobos, cariño. Si los jefazos no consiguen lo que quieren, rescindirán tu contrato. Se lo han hecho a muchas chicas».

Aquella advertencia predecesora del movimiento #MeToo pone de relieve que la protagonista de Niágara (1953), a pesar de llevar poco tiempo en la industria, sabía muy bien lo que se cocía en los despachos de los grandes estudios, especialmente, en la 20th Century Fox.

Aquel 1953 fue el año de consagración de la rubia más mítica del Hollywood dorado ya que también rodó Los caballeros las prefieren rubias y Cómo casarse con un millonario.

Con 27 años, Marilyn ya era una estrella. Más que eso, una leyenda. Pero hasta llegar al cielo le tocó sufrir desde la cuna. Su madre, la mexicana Gladys Pearl Baker, sufría serios problemas mentales para los que necesitó cuidados específicos en diferentes centros.

Marilyn Monroe, en una fotografía en blanco y negro.


Marilyn Monroe, en una fotografía en blanco y negro.

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Debido a ello, Norma Jeane, nombre de bautismo de la futura Marilyn que nació el 1 de junio de 1926, tuvo una infancia desgraciada al mudarse una docena de veces a hogares de acogida e incluso estuvo en un orfanato.

Asimismo, la ausencia de su padre, así como las burlas en la escuela por su baja estatura y forma de vestir, provocaron en aquella niña un sentimiento de inseguridad que no se quitaría de encima hasta su prematuro fallecimiento.

Aquella fragilidad se ve reflejada hoy en día en muchos de sus filmes. Ya lo decía en la cúspide de su carrera: «Hollywood es un lugar en el que los besos se venden a mil dólares y el alma a cincuenta centavos«.

Algunos de los momentos más duros llegaron, según varias biografías, cuando sufrió abusos sexuales por parte de algún desconocido e incluso de algún novio o vecino. Lamentablemente, el abuso se convirtió en un hilo conductor a lo largo de su vida.

Norma Jeane anhelaba protección y estabilidad, por lo que en 1942 aceptó casarse con solo 16 años con uno de sus vecinos, James Dougherty, que no tardaría en ser reclutado para la Segunda Guerra Mundial. Mientras estuvo fuera, Norma Jeane trabajó como pinup y ejerció como modelo.

Lamentablemente se separó en 1946 porque su esposo no quería que fuera actriz. “Mi matrimonio no me entristeció, pero tampoco me hizo feliz. Mi marido y yo apenas nos hablábamos… Me estaba muriendo de aburrimiento”, confesaría unos años después.

El símbolo sexual Marilyn Monroe.


El símbolo sexual Marilyn Monroe.

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A finales de los cuarenta consiguió pequeños contratos cinematográficos a cambio de ciertas extorsiones sexuales. Cada vez que el cofundador y presidente de la Fox Joseph M. Schenck la llamaba, esta tenía que atender sus necesidades.

Así fue cómo el ejecutivo pidió un favor para que la contratara por unos meses la Columbia.

Además, Marilyn se convirtió en amante de Johnny Hyde, vicepresidente de la William Morris Agency, que había representado y representaba a las grandes luminarias de la época como Charles Chaplin, Clark Gable, Judy Garland o Elvis Presley. Finalmente, Marilyn firmó con la agencia.

Antes de que llegara el estrellato con Niágara (1953), había realizado algunos cameos en La jungla de asfalto (1950) y Eva al desnudo (1950), donde se codeó con Bette Davis y Celeste Holm, quien le confesó a quien escribe estas líneas en 1995 que «Marilyn era una pequeña niña tonta«.

Al menos, esa era la apariencia que ella quería transmitir ya que en privado era una devoradora de libros, especialmente, de Dostoievski. Aquella imagen intelectual no interesaba a los estudios, que la prohibieron dejarse fotografiar con algún libro entre sus manos.

Su luz estelar estuvo a punto de quebrarse cuando el magnate Hugh Hefner, fundador de Playboy, lanzó en diciembre de 1953 el primer número de su revista en cuya portada y reportaje interior aparecía Marilyn como Dios la trajo al mundo.

Monroe durante el rodaje de una película en 1955.


Monroe durante el rodaje de una película en 1955.

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Hay que trasladarse a 1949 cuando con esa hambre por llegar a ser alguien, Norma Jeane posó desnuda para Tom Kelley, que vendió su trabajo a Hefner unos años después.

Aquel incidente fue un escándalo monumental, pero lejos de que la carrera de Marilyn acabase, aquellos desnudos cimentaron el mito y, sobre todo, la narrativa como símbolo sexual del siglo XX.

A medida que subía en la pirámide de la fama, más sola se sentía Marilyn. A eso había que añadir el vacío que siempre le había producido la ausencia de su progenitor, Charles Gifford.

Los pensamientos sobre él y que fuera cruelmente rechazada tuvieron un impacto devastador en su psique. De hecho, esta ‘no relación’ con su padre fue el catalizador de una serie de encuentros problemáticos e incluso perturbadores con hombres. Especialmente, destacan dos.

¿Quién no se acuerda de su romance con el presidente John F. Kennedy y su hermano Robert, Fiscal General del Estado?

La estrella del cine del siglo XX en una instantánea de archivo.


La estrella del cine del siglo XX en una instantánea de archivo.

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Según James Spada, autor de una de las biografías de la Monroe, esta conoció a Kennedy en 1954 gracias al actor Peter Lawford, que estaba casado con Patricia Kennedy, hermana de los dos hombres más poderosos de Estados Unidos.

La relación de Marilyn con el presidente fue tan tortuosa como libidinosa, llena de secretos, infidelidades por parte de él y rumores sobre supuestas conexiones con la mafia.

En El lado oscuro de Camelot, el escritor Seymour Hersh afirma que «la inestabilidad de la estrella de cine suponía una amenaza constante para el presidente«, de ahí que su relación amorosa estuviera permanentemente vigilada. Incluso instalaron micrófonos ocultos en la casa de la actriz.

El jugador de béisbol Joe DiMaggio, que estuvo casado con Marilyn de 1954 a 1955, le confesó a su biógrafo Rock Positano en el libro Dinner with DiMaggio: Memories of An American Hero que «todos los Kennedy eran conquistadores de mujeres y siempre se salían con la suya».

De esta manera siguió sembrando más incertidumbre sobre la muerte de su exesposa acaecida el 4 de agosto de 1962.

De todas maneras, el legendario deportista no fue una buena influencia para Marilyn, ya que debido a su gran incandescencia sexual sufría celos, era demasiado posesivo e incluso obligó a su esposa a que dejara su profesión para ser ama de casa.

La presión obligó a que la intérprete tomara potentes sedantes que la afectaban en el trabajo.

La situación se puso tremendamente tensa durante el rodaje de La tentación vive arriba (1955), concretamente, en la escena en la que la actriz está sobre la rejilla de metro y la falda se le sube hasta mostrar las piernas completas. DiMaggio no lo pudo soportar y nueve meses después de la boda llegó el divorcio.

Cuando conoció a Norman Mailer, uno de los mejores escritores del siglo XX autor de Muerte de un viajante y Las brujas de Salem, parecía que Marilyn había encontrado la horma en su zapato.

Junto a él llegó su deseo de ser madre, pero todos sus intentos terminaron trágicamente ya que la actriz tuvo un aborto espontáneo en 1956, un embarazo ectópico que puso en peligro su vida en 1957 y otro aborto espontáneo en 1958.

Aquel sufrimiento personal no hizo sino incrementar su dependencia a diversos fármacos para hacer frente al insomnio crónico, la ansiedad y la depresión prescritos por diferentes doctores.

Norma Jeane, de joven.


Norma Jeane, de joven.

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Esto hizo que su seguimiento de su salud tuviera una falta de control grave que provocaría el mal uso de los medicamentos y la combinación de dosis altas con otras sustancias que ponían en riesgo su vida.

La actriz, al igual que Elizabeth Taylor, era conocida por sus retrasos legendarios. Pero en el caso de la ambición rubia, cuando llegaba al set de rodaje, su comportamiento dejaba mucho que desear porque no se sabía el guion. Billy Wilder, que la dirigió en Con faldas y a lo loco (1959) acabó de ella hasta las narices.

Al igual que sus compañeros de reparto, Tony Curtis y Jack Lemmon, que no soportaban sus caprichos desmesurados.

En cierta ocasión, el sarcástico realizador comentó que «había una actriz llamada Marilyn Monroe. Siempre llegaba tarde. Nunca recordaba sus diálogos. Era un desastre. Mi tía Millie es una buena mujer. Si saliera en el cine, siempre llegaría puntual. Se sabría sus diálogos«.

Y agregó: «Era amable. ¿Por qué todos en Hollywood quieren trabajar con Marilyn Monroe y nadie con mi tía Millie? Porque nadie iría al cine a verla».

También fue tajante cuando una vez le preguntaron a Wilder sobre su relación con la estrella: «No tuve ningún problema con Monroe. Monroe tenía un problema con Monroe«.

En aras de encumbrar a su esposa, Arthur Miller escribió el guion de Vidas rebeldes, que protagonizó Marilyn Monroe junto a Clark Gable y Montgomery Clift.

Sin embargo, el rodaje se convirtió en un infierno por culpa de los retrasos de la actriz, el consumo de sustancias y sus problemas de salud que en alguna ocasión le provocaron algunos desmayos a causa del agotamiento, por lo que el rodaje se paraba durante semanas.

A esto había que añadir que mientras filmaban, la relación entre Monroe y Miller se estaba dinamitando. La profunda turbulencia personal conllevó la desintegración del matrimonio en 1961. Aquello fue patente de corso para que la diva cayera en brazos de John F. Kennedy, que estaba casado con Jackie.

Fue Peter Lawford, veterano juerguista y miembro del Rat Pack junto a Sinatra, Sammy Davis Jr, Dean Martin y Angie Dickinson, quien se ofreció a concertar una cita secreta entre Marilyn y John.

Ocurrió en Palm Springs en la primavera de 1962 en la casa de invitados de Bing Crosby, hasta donde llegó la actriz disfrazada con una peluca negra y vestida de manera cutre.

Marilyn Monroe en una fotografía.


Marilyn Monroe en una fotografía.

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En aquel momento, Monroe también inició una relación con el hermano del presidente, Robert. Pero ella se sentía insegura. Para empeorar las cosas, la actriz estaba experimentando un rápido deterioro de su salud mental y se encontraba dependiendo de dos hombres que no podían mostrarle lealtad.

El 19 de mayo de 1962, Marilyn protagonizó una de las escenas más icónicas del último siglo cuando le cantó con voz erótica el Feliz Cumpleaños a John F. Kennedy en el Madison Square Garden.

Los rumores sobre una aventura entre ambos se hicieron demasiado evidentes, especialmente para la primera dama Jackie Kennedy, que exigió a su esposo que rompiera la relación.

Cuando el presidente la dejó, ella buscó consuelo en Robert, pero en julio de 1962, a tenor de varias biografías, el presidente le dijo a su hermano que también la dejara porque se estaban rumoreando muchas cosas y el «riesgo era demasiado grande«.

En el documental El misterio de Marilyn: Las cintas inéditas, estrenado en Netflix en 2022, se revela que Robert Kennedy la visitó unas horas antes de su fallecimiento para decirle que todo se había acabado entre ellos.

En este arduo trabajo realizado por Emma Cooper se examina el fallecimiento de la actriz a través de más de 650 horas de entrevistas grabadas por el periodista Anthony Summers para su libro Goddess.

Marilyn Monroe.

Este aseguró que, aunque el informe de la autopsia aseguraba que se trató de un «probable suicidio por sobredosis de barbitúricos«, lo cierto es que «encontré pruebas de que las circunstancias de su muerte habían sido deliberadamente encubiertas».

La noche del 4 de agosto de 1962, Marilyn entró en la inmortalidad. A partir de ese momento, un sinfín de rumores y teorías conspiratorias en torno al motivo de su muerte se han ido sucediendo a lo largo de las décadas sin que se haya esclarecido el por qué de ese final tan abrupto.

Se llegó a la conclusión de que mientras Monroe intimaba entre las sábanas con los Kennedy cabía la posibilidad de que estos, en plena noche de pasión, hubieran bajado las defensas y le hubieran contado a la estrella algunos secretos de estado.

Marilyn simpatizaba con los comunistas y su último matrimonio con un intelectual de izquierdas no generaba confianza, por lo que en plena Guerra Fría habría supuesto un grave inconveniente para la Casa Blanca.

Por ello, el FBI y un detective privado contratado por Jimmy Hoffa, el gran jefazo de la mafia que estaba en el punto de mira de Robert Kennedy espiaron a la actriz cada vez que salía a la calle e instalaron micrófonos en su residencia y en los teléfonos de todos los implicados.

Sin embargo, tal y como desvela el documental, para evitar que la verdad saliera a la luz, los registros del FBI y del detective fueron destruidos. El misterio continúa en el centenario de su nacimiento.



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