No hemos pillado ni a un solo alumno copiando
La suerte está echada. Un total de 5.157 alumnos asturianos comenzaron este martes las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU) con «total normalidad», según explicó el vicerrector de Estudiantes y Empleabilidad de la Universidad de Oviedo, Alfonso López Muñiz. Son 44 jóvenes más que en la anterior edición, un aumento que, a su juicio, confirma que «sigue creciendo el número de estudiantes que quieren llegar a la universidad».
[–>[–>[–>La principal novedad fue la incorporación de sistemas de detección de frecuencias para localizar posibles dispositivos tecnológicos de apoyo en los exámenes, como pinganillos, textiles o gafas de inteligencia artificial. «No hemos pillado ni a un solo alumno», celebró el vicerrector poco después de iniciarse la primera prueba, Lengua Castellana y Literatura, en la que los estudiantes tuvieron que interpretar un poema del ovetense Ángel González y un artículo de Lola Pons Rodríguez titulado «El acoso, por su nombre». «Los alumnos han recibido bien los detectores, es una forma de evitar el fraude y que el que estudie se vea recompensado», añadió López Muñiz.
[–> [–>[–>Media hora antes del primer examen, a la entrada de la Facultad de Economía y Empresa, en el campus ovetense de El Cristo, Ainhoa Portillo reconocía estar «muy nerviosa». «Lo que peor llevo es Filosofía», admitía. «Los nervios siempre están ahí, es inevitable, pero a ver si hay suerte», sonreía.
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En Gijón, los estudiantes se repartían entre el edificio polivalente y los aularios Norte y Sur de la Escuela Politécnica de Ingeniería. Diego Cifuentes y Aitana García aprovecharon las horas previas para repasar. «Lengua es más complicado, pero estamos convencidos de que va a ir bien», comentaron, antes de añadir que «la PAU es un último empujón». «Tenemos muchas ganas de acabar Bachillerato y empezar a disfrutar de nuestro verano», completaron. También llegaban tranquilos Nel Álvarez, Diego Cueva y Rodrigo García, del IES Doña Jimena: «Llegamos con todo más que estudiado y revisado, así que venimos bastante tranquilos». Su objetivo es quedarse en Asturias para estudiar la carrera.
[–>[–>[–>Otra de las novedades fue el cambio de sede en Avilés. El polideportivo del Quirinal acogió las pruebas en un ambiente de nervios y ganas de acabar. Las vacaciones son «la única cosa que nos ha motivado para seguir adelante», contaba Carla Suárez. Sentada junto a sus amigas Ángela Muñiz y Ana Ribera, del Instituto Número 5, y con sus amuletos de la suerte, entre ellos una estampita de Santa Gema, mientras esperaba al llamamiento: «Aunque estamos un poco nerviosas, como hicimos el Bachillerato Internacional, venimos más que preparadas». Leire Millán, del colegio San Fernando, defendía los controles: «Nos enfrentamos a unos exámenes muy importantes para nuestro futuro, es necesario que estemos todos en igualdad de condiciones». Laura Villena agradecía que la prueba se celebrase en El Quirinal: «Es como hacerlo en casa, es un lugar espacioso y estaremos tranquilos y cómodos».
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En el campus de Mieres, Jaime Menéndez y Ramón García, del Instituto Santa Cristina de Lena, empezaban con calma. «Estoy tranquilo, sin mucha presión porque lo llevo bastante bien», explicaba el primero. Estudió Bachillerato de Ciencias y quiere volver en septiembre al campus como alumno de Ingeniería Forestal. Para entrar le vale con aprobar, así que afronta la cita «sin presión». También tenía claro que él «no llevaría nunca» dispositivos electrónicos al examen. «Hacer la PAU con un pinganillo quita mérito a los que estudian todos los días», sentenciaba. Ramón coincidía: esos controles «lo hacen todo más igualitario y la gente no se beneficia de copiar». Quiere estudiar Ingeniería de Datos en Gijón: «Piden algo más de un nueve para entrar, pero yo creo que llego bien». Estaba tranquilo porque «al final no es más que una prueba para la que llevas estudiando todo el año».
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[–>En Luarca, los alumnos convocados en el instituto Carmen y Severo Ochoa comenzaron con nervios, ilusión y repasos de última hora. Adriana Cejudo, de 17 años y procedente de Navia, quiere estudiar Economía. Llegó bastante tranquila porque se siente preparada, aunque ve Filosofía como lo más difícil, una materia en la que «hay que entender sobre todo el tema y mezclar muchas ideas». Su compañera Susana Fernández se plantea algo relacionado con Economía y reconoció que sentía «menos presión» porque no depende de una nota de corte alta. También desde Navia llegaron Marcos Villar y Alberto Bocarte. El primero quiere estudiar Ingeniería Mecánica y afrontó la prueba con tranquilidad. Alberto Laminarias, que duda entre Periodismo y Sociología, señaló Historia como una de las materias «más complicadas por la cantidad de contenido», aunque se sentía «con ánimos y sin demasiado miedo». Otros como Teresa Galind admitían estar «muy nerviosos» pese a haber estudiado. Denise Quintana, de Luarca, quiere estudiar Estudios Ingleses y llegar a ser profesora de inglés. Reconoció estar «muy nerviosa». «Luego cuando entre se verá realmente cómo lo llevo», dijo minutos antes de la prueba.
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En Ribadesella, Alberto Herrero Castillo, llegado desde Cangas de Onís para examinarse en el IES Avelina Cerra, recibió con dudas los detectores. «Lo entiendo, pero me parece un poco exagerado», resumía. A su juicio, «el papel sigue existiendo, el que quiera copiar va a copiar igual». Irene Soto Cimentada, de Arriondas, valoraba en cambio de forma positiva la medida: «Me parece bien, así vamos todos con las mismas condiciones».
[–>[–>[–>Con más de cinco mil expedientes en juego y tres días de exámenes por delante, la PAU vuelve a convertirse en una prueba decisiva para toda una generación. Entre nervios y ganas, los estudiantes asturianos encaran unos exámenes que marcarán su futuro. «A ver si hay suerte», repetían a la entrada de las aulas. Desde la Universidad, el mensaje es claro: igualdad de oportunidades y juego limpio. Ahora, todo queda en manos del esfuerzo acumulado durante el curso y de lo plasmado en el papel.
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Villaverde tranquiliza a los bachilleres: «No os jugáis la vida»
S. B. / D. O.
El rector de la Universidad de Oviedo, Ignacio Villaverde, puso ayer el foco en la enorme complejidad organizativa que implica la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), destacando la magnitud del dispositivo desplegado en toda Asturias y calificando el proceso como «casi un milagro» desde el punto de vista logístico. «El despliegue de medios humanos y técnicos, así como la estrecha colaboración entre administraciones, centros educativos y personal universitario, hace posible que se desarrolle con normalidad», señaló el máximo responsable académico, subrayando el esfuerzo colectivo que hay detrás de estas jornadas.
Villaverde quiso, además, trasladar un mensaje de calma a los miles de estudiantes que se enfrentan a la prueba, incidiendo en la necesidad de rebajar la presión que tradicionalmente rodea a la PAU. «Es un momento importante, sin duda, pero me gustaría quitarle hierro a esa sensación de que uno se juega la vida en un examen. No es así en absoluto», afirmó horas antes de que los chavales entrasen al aula tratando de desmontar la percepción de que estas pruebas determinan de forma irreversible su futuro.
El Rector insistió en que la PAU debe entenderse dentro de su verdadera dimensión: como un mecanismo de acceso que, aunque relevante, no define por completo la trayectoria vital ni profesional de los jóvenes. «Hay muchas oportunidades a lo largo de la vida académica y profesional. Este es solo un paso más, no una meta definitiva», vino a señalar, apelando a la serenidad y a la confianza de los estudiantes en su propio recorrido.
En este sentido, Villaverde recordó también la función estructural que cumple la prueba dentro del sistema educativo. «La PAU tiene una doble función. Por un lado, iguala a todos los estudiantes, independientemente del instituto del que procedan, ya que todos deben enfrentarse a un mismo examen. Es, por tanto, una herramienta que garantiza cierta equidad», explicó. Por otro lado, reconoció que la prueba actúa como un filtro necesario ante la limitación de plazas en determinadas titulaciones.
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Los alumnos se confían a la Santina: «Llevo estampitas de todo tipo»
S. Bernardo
Dice el refranero que a Dios rogando y con el mazo dando, y en las puertas de la PAU ese viejo consejo cobró más sentido que nunca. Porque si algo quedó claro este martes es que, además del estudio acumulado durante todo el curso, muchos estudiantes no quisieron dejar nada al azar. Por si las moscas, las mochilas no solo iban cargadas de bolígrafos, DNI y apuntes, sino también de estampitas, medallas y algún que otro rosario.
La escena tenía algo de ritual compartido. Mientras unos repasaban fechas o fórmulas, otros comprobaban que sus pequeños talismanes seguían en su sitio, como si de ello dependiera, al menos en parte, la benevolencia del tribunal.
Raúl Sánchez fue uno de los que no dudó en echar mano de la tradición familiar. Con una mezcla de orgullo y media sonrisa nerviosa, sacó de la funda de su móvil una pequeña imagen de la Virgen que le había regalado «su güela». «La llevo aquí conmigo, a ver si hay suerte», comentó. No es que no confíe en lo estudiado, matiza, pero reconocía que el examen de Historia le tenía en vilo. «Ahí nunca sabes por dónde te van a salir», admitía.
Historia, precisamente, es también la asignatura que le quita el sueño a Sofía Taboada. «Lo he preparado mucho, pero quieras que no, siempre te bailan las fechas», confesaba. «Voy llena de estampitas: llevo una en cada pie y otras dos en el bolso», decía entre risas, consciente de lo pintoresco de la imagen. Por si fuera poco, añadió un rosario a la ecuación. «Todo suma», sentenció, antes de encaminarse hacia el aula.
A su lado, Cecilia Besteiro optó por una fórmula más contenida, aunque igualmente devota. En la mano llevaba una pequeña imagen de la Santina. «Esta la llevo a mano, pero en el estuche tengo otra de San José», explicó, como si se tratara de un equipo bien coordinado. La previsión nunca está de más cuando hay tanto en juego.
Algo similar pensaba Alba Llamazares, quien además de «estampitas de todo tipo», llevaba al cuello dos collares que, más allá de lo estético, cumplen una función muy concreta. «Siempre me ayudan mucho», aseguraba, sin entrar en detalles, pero con la convicción de quien ya ha pasado por otros momentos clave acompañada de esos amuletos.
Y así, entre la fe heredada y los «por si acaso», miles de alumnos cruzaron la puerta del examen. Si algo sabían bien es que, además de estudiar, nunca está de más dejar un hueco para la suerte.
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