Tapones unidos a la fuerza
«La letra con sangre entra». Esa era la letanía que se recitaba cuando «éramos pequeños». La del mal profesor. La ecología forzosa parece ir en la misma línea. Ahora las botellas traen unos tapones que no se suelten al abrirlos. Es decir, que el plástico no se separe y ¿vaya todo al cubo del reciclaje? Pero la filosofía del reciclaje va en el sentido del libre albedrío y no en la obligación de hacerlo forzosamente.
[–>[–>[–>Esta realidad que nos imponen desde hace un tiempo lleva consigo que cierres la botella con dificultad y rara vez lo hagas correctamente por lo que casi siempre pierda líquido y sea difícil conservarla. Es decir, que terminas manchando o mojando donde la guardes. No sé si la intención es que estos envases sean para un solo uso, lo que representa que no utilices los de mayor capacidad y evites así, ponerte perdido o bañar en líquido todo lo que vaya a su alrededor. Y si es agua, zumo, leche u otro líquido contaminante que has de guardar en un frigorífico significa que no debes depositarlo en sentido horizontal o tumbado porque se derramará paulatinamente el líquido que contenga. En fin, un desastre.
[–> [–>[–>Forma parte de una «amplia medida para combatir la creciente contaminación por plásticos que afecta a nuestros mares y océanos, así como a su fauna», señala una nota de la representación en España de la Comisión Europea. Maravilloso, fuerza a todos porque unos, muchos o algunos, hacen las cosas mal. «Se debe a una obligación que emana de la directiva sobre plásticos de un solo uso que entró en vigor en julio de 2024. La directiva busca reducir las 26 millones de toneladas de residuos plásticos que se generan cada año en Europa. Muchos de estos residuos acaban en nuestros mares y playas: el 80 % de los desechos marinos son plásticos, y la mayor parte son plásticos de un solo uso». Y luego los ecologistas son mal vistos en muchos estamentos. Ya lo dice un viejo refrán: «Mal de muchos, consuelo de tontos».
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¿Por qué no se enseña civilización a los incivilizados? Son abrumadoras las informaciones que nos cuentan constantemente los problemas de contaminación, sobre todo marina, que sufrimos en este mundo de usar y tirar. Microplásticos en el agua, en el aire, en los peces… la contaminación nos invade, la sufrimos por todos los lados. Física, acústica, ambiental… Pero el remedio no es castigar a todos sino enseñar al que no sabe. O no quiere ya que castigar al infractor sería muy difícil y costoso. Pero se va por la parte negativa en vez de la informativa, directa y aconsejable al ser humano.
[–>[–>[–>También por la parte débil. No se obliga al fabricante a utilizar un material no contaminante, no se le recomienda recordarle al consumidor a reciclar. Y se sigue fabricando con material contaminante. ¿Cuántos problemas hay para que se implante la devolución de envases? ¿cuántos para que se dejen de fabricar envases de usar y tirar, en vez de devolver? ¿ropa de escaso uso que dura unos días y termina en un vertedero de un país pobre africano?
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«Miles de animales (peces, aves, tortugas y delfines…) mueren cada año por la ingesta de plásticos», señala de mencionada nota de la Comisión Europea, que añade «El consumo de plásticos de un solo uso no deja de aumentar: la demanda de plástico en la UE creció de 66 millones de toneladas en 2009 a 84 millones en 2021. Solo en 2021, cada ciudadano europeo generó 189 kg de residuos de envases, y si no se toman más medidas, esta cifra podría elevarse a 209 kg por persona en 2030. Se estima que la producción e incineración de plástico bombeó más de 850 millones de toneladas de gases de efecto invernadero a la atmósfera en 2019». Y en una frase perdida en su texto, la nota dice: «No solo se busca reducir la contaminación en mares y océanos, sino también fomentar la economía circular, donde la reutilización y el reciclaje sean prácticas habituales». El «hacedor» del envase contaminante no aparece. Y es quien manda.
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