IA: Inteligencia Asturiana
Como es preciso introducir la Inteligencia Artificial en todos lados, hay quien piensa que debe implementarse también en las instituciones culturales asturianas para que sean merecedoras de consideración. Organizar infinidad de ciclos y promover cientos de publicaciones sobre los más diversos ámbitos del interés regional parecen no ser ya suficientes para alcanzar esa condición. Procede, ahora, alimentarnos de esa leche nutricia que mana de la IA, aun cuando no se especifique su contenido. Da igual: ninguna entidad que se precie ha de hacer ascos a esta novísima y rutilante fuente Castalia, donde han de beberse las modernas aguas de la inspiración. Ese enigmático parnaso amenaza con desplazar hoy a cuantos sesudos estudios se han fraguado al calor del flexo, o de innumerables consultas en archivos y bibliotecas.
[–>[–>[–>Quienes a ese menester se dedican o se han dedicado, son ahora unos rancios jurásicos para aquellos encargados de extender los carnés de intelectualidad. Se les conceptúa, así, como una colección de elitistas casposos y aristocráticos que habitan en un cementerio de elefantes desconectado por completo de la sociedad, pese a destinar sus afanes cotidianos al más riguroso conocimiento de la tierra de sus amores. Da lo mismo que eso no sea así: como el dato ya no mata al relato, se difunde tal especie por los medios y calumnia que algo queda.
[–> [–>[–>Frente a esta deplorable IA me permitirán romper una lanza por esa otra IA en la que sí creo. Se llama Inteligencia Asturiana, a la que han entregado su existencia, y lo siguen haciendo, gentes variopintas en sus diferentes ámbitos profesionales, desde las artes a las técnicas, pasando por cuantas ciencias merecen tal nombre. Muchos acumulan trienios, y no por eso merecen ser condenados a ese absurdo edadismo que las leyes persiguen. Es más: las canas suelen acompañar a los mayores logros investigadores, lo que sorprende tener que escribir. Se trata, en fin, de hombres y mujeres que se reconocen mutuamente por sus trayectorias ligadas a la inquietud y curiosidad especulativas, con independencia de sus ideologías o maneras de ver las cosas.
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Como sus esfuerzos los acostumbran a concentrar en el avance objetivo en el conocimiento de lo asturiano, en ocasiones no les da la vida para el autobombo. Ni para el bombo a secas. De ahí que haya que rebuscar en los repertorios historiográficos sus cimeras producciones, en lugar rastrearlas en el TikTok, donde nunca se encuentran.
[–>[–>[–>De esa IA de la que hablo se sirve la otra digital, y sin pagar un duro por ella, dicho sea de paso. La Inteligencia Asturiana, en las diferentes entidades en que se agrupa, origina cada año una materia prima insuperable que aún no ha sido desplazada por nada ni por nadie. Y dudo que eso cambie a pesar de los adelantos técnicos, porque un algoritmo no creo que pueda trasladarse a un archivo a consultar legajos contenidos en innumerables tomos polvorientos, como podrá reconocer incluso el más pánfilo de los tecnoevangelistas.
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Por eso no sería mal asunto centrar la atención en las necesidades económicas de quienes trabajan con generosidad y discreción por el bien cultural, artístico y científico del Principado, entre otras razones para que se conozcan más y mejor sus imparables actividades y resultados, tan apreciados por quienes lo saben y lo valoran. Y hablo de previsiones presupuestarias públicas y privadas, que aquí estamos concernidos todos.
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[–>Lo que sobra, en este y en tantos temas similares, es tirar de lugares comunes en lugar de querer empaparse de lo que hay, erosionando de pasada la buena reputación de quienes no hacen más que contribuir al beneficio de Asturias.
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De todas formas, presiento que la inmensa mayoría intuimos de qué van estas coplas, que poco o nada tienen que ver ni con una IA ni con la otra. Ni con la cultura.
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