¿Por qué las elecciones en Armenia son importantes para Putin y para la UE?
No se trató de ninguna advertencia velada, sino de una amenaza con cara y ojos. «Así empezó la crisis en Ucrania», declaró asertivamente el presidente de Rusia, Vladímir Putin, durante la rueda de prensa posterior a la reciente celebración en Astaná del foro de la Unión Económica Euroasiática (UEE), la organización de cinco estados miembros que intenta fomentar la integración comercial en el espacio postsoviético. El destinatario de estas palabras era el Gobierno de Armenia, y más en concreto su primer ministro, Nikol Pashinian, quien en los últimos tiempos está impulsando una política de acercamiento hacia la UE que no solo ha despertado suspicacias en el Kremlin, sino que ha provocado las primeras sanciones económicas de parte del poderoso vecino del norte.
[–>[–>[–>La pequeña exrepública soviética del Cáucaso se dispone a celebrar el próximo domingo elecciones legislativas en las que el actual jefe del Ejecutivo parte con ventaja en los sondeos y en donde se dirimirá mucho más que el nombre del primer ministro o la composición de un Parlamento. Una cita electoral que ha atraído, como nunca antes, la atención de potencias regionales, mundiales y bloques políticos.
[–> [–>[–>La democratización del país y la normalización de relaciones con los vecinos, en juego
[–>[–>[–>
Las crónicas periodísticas de estos días plantean estos comicios como una elección geopolítica para Armenia entre Rusia y la UE, o un nuevo eslabón en la pugna que mantienen el Kremlin y Bruselas desde la invasión de Ucrania, hace más de cuatro años. Cierto es que el país caucásico, tras perder dos guerras con Azerbaiyán en 2020 y 2023 y ser expulsada la población armenia del enclave de Nagorno Karabaj, ha iniciado una política de acercamiento hacia la UE de la mano del actual primer ministro Pashinián, emergido de la denominada ‘Revolución de Terciopelo’ de 201, al tiempo que ha congelado su participación en los foros multilaterales económicos y de defensa promovidos por Rusia, país al que acusa de inacción durante las dos crisis bélicas con Azerbaiyán. Pero plantear estas elecciones exclusivamente en términos geopolíticos «es simplista», opina para EL PERIÓDICO desde Yereván, la capital de Armenia, Richard Giragosian, director del Centre for Regional Studies, radicado en Armenia. El país no se halla en estos momentos en posición de iniciar ningún proceso de ingreso en la UE, en particular porque mientras sea miembro de la Unión Económica Euroasiática, tal posibilidad «es implanteable», recuerda Giragosian.
[–>[–>[–>
En su lugar, el analista considera a esta cita electoral como una oportunidad para «profundizar» en la democratización del país, apuntalar y reforzar «las instituciones» propias de un Estado de derecho, en particular garantizando una verdadera independencia del poder judicial, condiciones indispensables para algún día plantearse un acercamiento mayor a Bruselas. Pese a las presiones de Moscñ, el primer ministro Pashinián ha descartado celebrar un referéndum sobre la conveniencia o no de iniciar la adhesión a la UE, argumentando que aún no ha llegado el momento de plantearse semejante elección.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>Rusia ha desplegado un enorme abanico de medidas para interferir en estas elecciones, desde prácticas desinformativas ya observadas en otros países como Moldova, Georgia o Rumanía, a advertencias, amenazas o incluso sanciones. Durante meses, el primer ministro Pashinián ha sido objeto de reiteradas campañas de difamación auspiciadas por los órganos de propaganda del Kremlin, haciendo circular acusaciones falsas de corrupción, de padecer una enfermedad incurable y hasta de participar en conspiraciones de tráfico de órganos. En muchos casos, se ha suplantado la identidad de medios de comunicación y periodistas.
[–>[–>[–>
Las presiones de Moscú se han extendido al área del comercio bilateral, habida cuenta de que las ventas der productos armenios a Rusia alcanzaron en el pasado ejercicio los 3.000 millones de dólares. En los últimos días, una oleada de sanciones se ha precipitado sobre las exportaciones del país caucásico, unas medidas similares a las adoptadas contra la vecina Georgia al inicio del presente siglo, cuando las autoridades de Tiflis también protagonizaron otro un movimiento de pivote hacia Occidente que, por el momento, ha sido abortado. En concreto, las limitaciones han afectado a las flores cortadas, al agua mineral, las bebidas alcohólicas, los vegetales o el pescado. La UE ha aprobado ya un paquete de ayuda de 50 millones de euros para mitigar las consecuencias de lo que muchos consideran un embargo comercial en toda regla por razones políticas.
[–>[–>
[–>En opinión de Giragosián, todas estas medidas corren el riesgo de volverse en contra de sus instigadores en Moscú. «Todo esto debilita a la oposición prorrusa, que se les identifica con quienes están interfiriendo, y da la razón a quienes dicen que Rusia es un país del que uno no se puede fiar«, sostiene el analista.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>
Armenia, país cuyos habitantes mantienen fresco el recuerdo del genocidio sufrido durante la Primera Guerra Mundial a manos del Imperio otomano, que acaba de perder dos guerras con el vecino Azerbaiyán, obligando a 100.000 armenios a abandonar sus hogares en el enclave de Nagorno-Karabaj, se enfrenta al reto de normalizar sus relaciones con sus vecinos, con quienes les vincula una trágica historia repleta de resentimientos. En opinión de Girgosián, con Turquía, la cuestión no es si la reconciliación definitiva será posible, sino «cuándo se producirá». Con Azerbaiyán, pese a la herida abierta por el traslado forzoso de decenas de miles de armenios, juega a favor el extendido deseo de paz entre los ciudadanos. «Por encima de otras demandas, lo que la gente quiere son más guerras», concluye Giragosián.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí